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OBRAS COMPLETAS

GERARDO DIEGO


EL ROMANCERO DE LA NOVIA


ELLA

¿No la conocéis? Entonces
imaginadla, soñadla.
¿Quién será capaz de hacer
el retrato de la amada?

Yo sòlo podría hablaros
vagamente de su lánguida
figura, de su aureola
triste, profunda y romántica.

Os diría que sus trenzas
rizadas sobre la espalda
son tan negras que iluminan
en la noche. Que cuando anda,

no parece que se apoya,
flota, navega, resbala...
Os hablaría de un gesto
muy suyo... de sus palabras,

a la vez desdén y mimo,
a un tiempo reproche y lágrimas,
distantes como en un éxtasis,
como en un beso cercanas...

Pero no: cerrad los ojos,
imaginadla, soñadla,
reflejada en el cambiante
espejo de vuestra alma.


EL ENCUENTRO

Era una noche triste,
una inclemente noche de febrero.
Cruzaba yo las calles
a solas con mi tedio

mientras la lluvia sin cesar caía
desde lo alto del cielo.
Ya las devotas, presuroso el paso,
regresaban del templo.

¿Vendrá? No sé por qué te adivinaba
cubierta con tu velo,
atravesando rápida la calle,
envuelta en tu capote ceniciento.

Así nos encontramos de repente.
Mi corazòn dio un vuelco.
El repique sonoro de las gotas
jugueteaba en los paraguas negros.

Tus ojos se encontraron con los míos.
¿Qué relámpago audaz, qué centelleo
brillò acaso un instante
el compás de mi pulso deteniendo?

¿Qué querías decirme?
Dios mío, ¿qué era aquello?
... Y al seguir mi camino
ya era todo distinto, todo nuevo.

Soñando, sin querer soñar, soñaba,
el alma temblorosa de deseos...
Así mi amada fuiste para siempre
una noche lluviosa de febrero.


EL ROMANCERO DE LA NOVIA


EL PASEO

El paseo en la Gran Vía.
Los espléndidos sombreros.
Ilusiones en los ojos.
Blancas flores en el pecho.

Oh, tu furtivo mirar
bajo el ala del sombrero.
Oh, tu florida sonrisa
prometiendo y concediendo.

Y aquel gesto inolvidable,
y aquel aleteo trémulo,
y aquella aguda saeta
toda de burla y "te quiero".

Oh, el paseo en primavera
bajo los árboles nuevos,
con la ilusiòn en los ojos
... y el corazòn en el pecho.


EL AMOR

¡Oh, noche blanca y mojada;
oh, noche de primavera!
treinta de mayo; ya hay flores,
ya hay golondrinas; ya tiemblan

en las ramas de los árboles
las hojas verdes y nuevas,
ya está el ambiente aromado
de rosas y de azucenas,

de caricias y de besos,
de agua, de sueño y de seda.
Treinta de mayo: la Madre
del Amor Hermoso... Deja,

deja que llore la noche.
Esta lluvia mansa riega,
satura, embebece, esponja
al alma arrugada y seca.

Y con ella estrujo y huelo,
aspiro y sorbo con ella
el perfume de los campos,
el aliento de la tierra,

la remojada fragancia
de todas las flores nuevas,
y sobre todo, me ha dicho
que sí tu boca de estrella.

Eres mi novia, mi novia...
palabra divina. Suenas
a música, a luz, a labios,
a corazòn, a pureza.

Ya no son sueños mis sueños.
Ya no son penas mis penas.
Ya es todo bueno, ya es todo
aurora, ya es todo fiesta.

Ya la rosa de mi alma
se abre a la luz de la estrella.
Treinta de mayo: ¡celestes
alas de mi primavera!


LAS TRES HERMANAS

Estabais las tres hermanas,
las tres de todos los cuentos,
las tres en el mirador
tejiendo encajes y sueños.

Y yo pasé por la calle
y miré... Mis pasos secos
resonaron olvidados
en el vesperal silencio.

La mayor, mirò curiosa,
y la mediana riendo
me mirò, y te dijo algo...
Tú bordabas en silencio

como si no te importase,
como si te diese miedo.
Y después te levantaste
y me dijiste un secreto

en una larga mirada,
larga, larga... Los reflejos
en las vidrieras borrosas
desdibujaban tu esbelto

perfil. Era tu figura
la flor de un nimbo de ensueño.
Tres erais, tres, las hermanas
como en los libros de cuentos.


LA DESPEDIDA

Aquel día -estoy seguro-
me amaste con toda el alma.
Yo no sé por qué sería.
Tal vez porque me marchaba...

-Me vas a olvidar -dijiste-.
Ay, tu ausencia será larga,
y ojos que no ven... -Presente
has de estar siempre en mi alma.

Ya lo verás cuando vuelva.
Te escribiré muchas cartas.
Adiòs, adiòs... -Me entregaste
tu mano suave y rosada,

y, entre mis dedos, tu mano,
fría de emociòn, temblaba.
... Sentí el roce de un anillo
como una promesa vaga...

Yo no me atreví a mirarte,
pero sin verte, notaba
que los ojos dulcemente
se te empañaban de lágrimas.

Me lo decía tu mano
en la mía abandonada,
y aquel estremecimiento
y aquel temblor de tu alma.

Ya nunca más me quisiste
como entonces, muda y pálida.
...Hacía apenas tres días
que eran novias nuestras almas.


LA AUSENCIA

En un velo de bruma
la mañana se emboza.
Desde la estaciòn lloro
mi pobre dicha rota.

Otro día cualquiera,
por la calle a esta hora
iría yo olvidado
entre gentes borrosas.

Oh, cuando salga el sol,
qué mañana de gloria.
Como es día del Corpus,
asomada mi novia

verá la procesiòn,
y, al paso de la Forma,
sembrará sobre el palio
su bandeja de rosas

deshojadas en pétalos
de seda y sangre roja.
Al ver a mis amigos
mirará melancòlica,

suspirando por mí,
que iré por las tediosas
llanuras de Castilla...
Ay, ya llegò la hora.

Ya la ciudad se aleja...
Ya la oculta una loma.
Ultima vez... Adiòs...
Allí estará ella ahora.

... Todavía a lo lejos
sus agujas asoman
las torres del santuario
de la Virgen Patrona.

"Dios te salve, Reina y
Madre de misericordia..


LA CARTA

Desde lo alto de mi casa
escucho impaciente y miro.
¿Tendré carta hoy? Consulto
a la música, a los libros,

al cielo, a las golondrinas...
(el corazòn es tan tímido...).
Ya pronto vendrá el cartero,
el mensajero divino

de luminosos recuerdos
y ¡ay! de apagados olvidos.
Ya oigo golpes: ya está ahí.
¿Qué dices, corazòn? ¿Sí? ¿No?

Sí; parece que me mira.
"Señor don..." ¡Oh, dulce envío!
¡Oh fragancia de tus manos!...
"Mi inolvidable..." ¡Dios mío!


LA SORPRESA

Ya mi corazòn, el pobre,
no puede con su secreto.
¡Oh, corazòn mío, alégrate
que ya se acerca el momento!

Ella estará -tan ajena-
en el mirador leyendo.
Qué susto se va a llevar.
Le va a parecer un sueño...

...Todavía no me ha visto.
Sí... Soy yo... -Pero, ¿qué es esto?
Pero, ¿por dònde has venido?
¡Yo te creía tan lejos!...-.

Junio. Vacaciones. Luz.
Sombrero de paja nuevo.
Golondrinas en la calle.
Y unas flores en tu pecho.


LA PROCESIÓN

Cielo gris. Tarde de luto.
Viejo ambiente medieval.
Una procesiòn recorre
las rúas de la ciudad.

Y tú estás en el balcòn
rodeada de la más
graciosa tropa de niños,
y les das flores y pan

y besos ... qué anacronismo
ponen con su risa agraz
en la tarde húmeda y triste.
Qué tarde tan negra está.

Mas ¿qué importa si en mi alma
hay aroma de azahar
y una alegría fragante
en torno volando va?

Ya la procesiòn ha entrado
por la gran puerta ojival.
Y yo voy a despedirme
porque no te puedo hablar.

¿Qué? ¿Qué dices? ¿Que me quede?
¿Que te espere en el portal?
... Ya estoy contigo. ¡Qué horas
más dulces, más bellas, más...!

¡Oh, las calles medievales
llenas de incienso y de paz!
¡La música de tu charla!...
¡El idilio en el portal!...


NUBE DE PRIMAVERA

No tiene remedio
mi enorme desdicha.
Maldito amor propio...
Vanidad maldita...

Si ella no me quiere
¿qué hacer de mi vida?
...-Se acabò. -Conformes:
es la última cita.

Te daré tus cartas.
Me darás las mías.

¿Es ella? Sí, es ella.
-¿Las traes? -Verás; mira.
Confieso que estuve
duro el otro día.

Te ofendí; lo sé.
Mi orgullo se humilla.
Dime, ¿me perdonas?
...-No lo merecías...


EL RETRATO ROTO

Mi retrato, mi retrato.
¿No te acuerdas? Mi retrato.
Aquella noche subiste
a casa para enseñármelo.

-Míralo. Ciego de rabia
me lo hizo trizas mi hermano.
Pero yo después, con mimo,
lo he ido juntando y pegando.

Tú me mirabas los ojos
y yo miraba tus manos,
que guardaban maternales
mi retrato en su regazo.

Y después, mientras hablabas,
distraída, como jugando,
lo estrechabas sobre el pecho,
sobre el corazòn acaso;

luego lo aplicabas a la
garganta, luego a los labios...
Y yo pensaba: cuando esto
hace ahora con mi retrato...

-Sí. Tienes que darme otro,
porque éste el pobre... Aquel bárbaro.

Y yo tierno, contemplaba
mi retrato entre tus manos,
sobre tu pecho, sobre tu
garganta, sobre tus labios...


EN LA ALDEA

Tú aquel día vestías de blanco
y leías un libro de rimas.
Yo vi tu silueta
elegante y fina,

que se recostaba
en la barandilla
de la blanca, suntuosa terraza,
desde el fondo del largo tranvía.

Y aunque tú miraste,
al no verme, ibas
sospechando que yo aquella tarde
faltaba a la cita.

Y pensaste acaso:
-Ya de mí se olvida...-.
Me apeé en la plaza.
"¿Quién es éste?" en el pueblo dirían.

Y tú estabas allí en la azotea
toda pensativa,
toda blanca y triste,
siempre abierto tu libro de rimas...

Y mis pasos sonaron vacíos
en el claro silencio del día.
Y tú, al escucharlos,
alzaste la vista;

tu cabeza me dijo un saludo
de gracia exquisita;
apuntaron, al verme, tus labios
una dulce, adorable sonrisa;

tus manos cerraron
el libro de rimas...
y saliste corriendo a mi encuentro
por la puerta trasera y furtiva.

Y en la tarde apacible, serena,
aromada de paz campesina,
conversamos en pláticas dulces
... y vivimos un libro de rimas.


SUEÑOS

Anoche soñé contigo.
Ya no me acuerdo qué era.
Pero tú aún eras mía,
eras mi novia. ¡Qué bella

mentira! Las blancas alas
del sueño nos traen, nos llevan
por un mundo de imposibles,
por un cielo de quimeras.

Anoche tal vez te vi
salir lenta de la iglesia,
en las manos el rosario,
cabizbaja y recoleta.

O acaso junto al arroyo,
allá en la paz de la aldea,
urdíamos nuestros sueños
divinos de primavera.

Quizá tú fueras aún niña
-oh remota y dulce época-
y cantaras en el corro,
a) aire sueltas las trenzas.

Y yo sería un rapaz
de los que van a la escuela,
de los que hablan a las niñas,
de los que juegan con ellas.

El sueño es algo tan lánguido,
tan sin forma, tan de nieblas...
¡Quién pudiera soñar siempre!
Dormir siempre ¡quién pudiera!

¡Quién pudiera ser tu novio
(alma, vístete de fiesta)
en un sueño eterno v dulce.
blanco como las estrellas!...


ADIÓS

El porqué me abandonaste
yo no acierto a comprenderlo.
Siempre ha de ser para mí
impenetrable misterio.

Perdòname si el dolor
me hizo torpe o indiscreto.
Te quería tanto, tanto...
El golpe fue tan tremendo...

Te he perdido para siempre.
Bendita seas... El tiempo
que fuimos novios, me hiciste
bienaventurado y bueno.

Unas horas infinitas
bien valen este desprecio.
Ahora vivo solo y triste
y desahogo mis nervios

en estos versos románticos
que me sirven de consuelo.
Si los lees algún día,
sòlo una cosa te ruego:

un pensamiento, un suspiro,
una lágrima, un recuerdo...
Adiòs... Adiòs para siempre...
(... Frío... Soledad... Silencio...)


INICIALES


TRILOGÍA DE INSTANTES LÍRICOS

A Ángel Espinosa


FUEGO

Se ha muerto el sol, el mar fue su sepulcro.
Después de despedirle, mudo y grave,
me vuelvo a oriente a contemplar el lento
tránsito de la tarde.
Aún se enrojece el cielo y la campiñ
con las pòstumas gotas de su sangre.
Ronco son de tragedia
alienta en el espacio circunstante
y se presiente el agorero vuelo
de una bandada de siniestras aves.
Una apremiante queja
-angustias y estupores inefables-
me envían las ventanas de las torres
fijas como pupilas vigilantes.
Encendiò el largo agonizar del héroe
lumbraradas de antorcha en sus cristales.
Hasta el sediento verde de los campos
refleja resplandores llameantes
y es el paisaje entero variaciones
sobre un fondo de fuegos siempre unánimes.
Opreso ante el misterio,
el corazòn absorto apenas late.


AIRE

Ya se apagaron los celestes fuegos.
Ahora el paisaje es como un gran latido
palpita un manso anhelo de ternura
en su regazo lírico,
en tanto que con gracia sosegada
se despereza el suelo estremecido.

El labio innumerable de la brisa
me acaricia solícito.
Juego de luces: suave como un bálsamo,
el ámbito humedece de amarillo
temblor la luz difusa
del éxtasis muriente vespertino,
y en ella se disuelve
la que derrama tibio
el farol con su pulpa azucarada
y su aureola verdosa. Se oye el tímido
pestañear del lucero de la tarde,
solo en el infinito.

Es todo aéreo, frágil, luminoso.
Todas las cosas son como suspiros
que del alma del mundo, tierna y grande,
se escapasen furtivos.

Y yo siento en mi alma còmo nacen
las alas milagrosas del espíritu.


MAR

El vasto mar es el protagonista.
Ya es la noche señora
y apenas en las lindes de occidente
se esfuma vaga claridad borrosa.
Las estrellas se encienden allá arriba.
Calla la tierra en sombra.
Ya las pálidas luces interiores
prestan a las ventanas veladoras
un rescatado palpitar de vida
sosegada y piadosa.
El amplio mar, titán infatigable,
modula sin cesar la triste estrofa
de su eterna canturía.
Infúndese en las cosas
una impalpable esencia que trasciende
a salobres aromas.
Y ya no sé si el aire
es mar, si el mar es aire, y ondas
me envuelven, me sumergen
y me acarician de invisibles gotas
mientras sobre la playa se amortigua
la candida sonrisa de las olas.


POETA SIN PALABRAS

Voy a romper la pluma. Ya no la necesito.
Lo que mi alma siente yo no lo sé decir.
Persigo la palabra y sòlo encuentro un grito
roto, inarticulado, que nadie quiere oír.
¡Dios mío, tú el Poeta! ¿Por qué no me concedes
la gracia de acertar a decir cosas bellas?
Dame que yo consiga -merced de las mercedes-
interpretar las flores, traducir las estrellas.

Yo escucho sus secretos. Yo entiendo su lenguaje.
No el ser sordo, el ser mudo es mi condenaciòn.
Para mí es como un alma dolorida el paisaje
y el mundo es un sonoro y enfermo corazòn.

Llevo dentro, muy dentro, palabras inefables
y el ritmo en mis oídos baila sus armonías,
mientras vagan perdidas, ciegas e inexpresables
yo no sé qué interiores, soñadas melodías.

Como un niño que tiende sus bracitos desnudos
a las cosas y quiere hablar y no sabe y llora...
así también ante ellas se abren mis labios mudos
de poeta sin palabras que el gran milagro implora.

Tú, Señor, que a los mudos ordenabas hablar,
y ellos te obedecían. Pues mi alma concibe
bellas frases sin forma, házmelas tú expresar.
Ordénale ya: "Habla" al poeta que en mí vive.


AL ETERNO FEMENINO

Eres, mágico ser, alma de seres,
flor del amor de todos los amores,
eres piadoso beso en los dolores,
eres nuevo placer en los placeres.

Ángel de luz y diosa y musa eres,
lumbre y fragancia de astros y de flores,
eres suave esplendor sobre esplendores,
blanca mujer de ensueño en las mujeres.

Huérfano de tu luz ¡padecí tanto!
hasta que ya, vencido del camino,
los ojos torné a ti, secos de llanto,
y el corazòn, errante peregrino,
quedò preso en la malla de tu encanto,
encanto eterno, Eterno Femenino.


ERA UNA VEZ

Era una vez un hombre que amaba a una mujer.
El hombre era poeta y ella no lo sabía;
apasionadamente le amaba. Le atraía
su profunda mirada, su terco enmudecer.

Y en una noche íntima, sin poder contener
su ardor, hablò por fin: -"Tu amor, amada mía,
prendiò en mí la celeste llama de la poesía.
Oh, qué maravilloso poema voy a hacer."

Cuando después sus versos le recitò el poeta,
ella, que le escuchaba pensativa e inquieta,
sonriò amargamente y, lenta, se alejò.

Él la miraba atònito: -"¿Por qué me dejas, di?
Y sin volverse, lejos, le contestò ella así:
-"Eres poeta... Sueña. ¿Qué falta te hago yo?


SIRENA

A José de Cirio y Escalante

Tenía la misma voz
que sueño para mi amada,
voz de caricias y arrullos,
frágil, vencida, lejana.

Era una noche purísima,
primaveral, azulada,
llena de suaves rumores,
ebria de imposibles ansias.

Y al entrar en una calle
me dijo ella: "¿Vienes? ¡Anda!..."
Tenía la misma voz
que sueño para mi amada.

Y yo estuve por decirle:
"Sí, ven conmigo, muchacha.
Ven conmigo. Mira: ¿ves
la luz de aquella ventana?

Allí hay un niño que duerme
y hay una madre que canta
dulces tonadas... Familias
felices bajo la lámpara.

Ven conmigo. Habíame tú
con esa tu voz de plata,
y en un Jordán milagroso
purificaré tu alma.

Yo le hubiera hablado, pero
no dije ni una palabra,
y continué mi camino
triste y solo... ("¿Vienes? ¡Anda!...")

Tenía la misma voz
que sueño para mi amada.


MEDITACIÓN DE AÑO NUEVO

Un año más. La vida
¿qué me deparará? Yo poco quiero.
Que cierren sòlo espero
otros labios los labios de mi herida.

Aún soy joven. Mi frente
no rubrican arrugas ni orlan venas.
Y unas canas apenas
me han salpicado prematuramente.

Pero en el pecho llevo
un cadáver helado e insensible.
Y es un huésped terrible
para empezar con él el Año Nuevo.

"¡Lázaro, resucita!"
¡Oh, si la voz divina resonara!
La mañana se aclara.
Aguarda, corazòn, la hora bendita.


MIRANDO EL TEJADO

Tejas, sedientas tejas de los tejados,
no estáis tan secas
como mi alma.

Cales, pálidas cales entre ladrillos,
no sois tan ácidas
como mi alma.

Vidrios, cansados vidrios de las guardillas,
no veis tan turbio
como mi alma.

Hilos, desnudos hilos de los teléfonos,
no os hiere el viento
como a mi alma.

Musgos, musgos parásitos y generosos,
ni eso siquiera
brota en mi alma.

Ropas, tendidas ropas tomando el sol,
negras tinieblas
cercan mi alma.

Cosas, humildes cosas en los tejados,
en turbio sòtano
yace mi alma.

Todas vosotras luego veis las estrellas,
niebla perpetua
ciñe mi alma.


ESFINGE DE DICIEMBRE

El carmesí del cielo
se destiñe en un leve
tono naranja pálido,
desvanecido y tenue.

Se estiliza el paisaje
decorativamente.

Los palacios, los árboles
sus siluetas ofrecen
de un perfil tan agudo
como si el cielo hendiesen.

El humo gris, ingrávido
se detiene y se pierde.
De un invisible hielo
se satura el ambiente.
Los tejados trasfloran
el rocío del vésper.

Se empañan los cristales
en nieblas de relente,
y se espiritualizan
las chimeneas. Bebe
la media luna pálida
polvo de oro celeste.

Y un gato ultra telúrico
filosofa solemne,
y observa con sus ojos
metálicos y verdes
el misterio infinito:
esfinge de diciembre.


LA CARAVANA DE LAS LECHERAS

En las tibias mañanas de mayo, julio, octubre,
por la alameda abajo el paso se descubre
de la reata plácida que los caminos cubre,
acarreando el jugo de la rosada ubre.

Sobre los altos chopos, jilgueros, gorriones
trenzan su algarabía joviales y zumbones.
Un sol recién nacido despierta los balcones
y filtra entre las hojas trémulos medallones.

Solemne y panorámica llega la cabalgata
que viene de la aldea en lenta caminata:

lecheras sollamadas, borricos en reata
que, menuda y ligera, multiplican la pata.

Al vaivén de los trotes, la hojalata y la olla
acompasan su ritmo de sonora bambolla.
En el bache abismada, la carreta se atolla.
Asnos blancos al sol... Un cuadro de Sorolla.

Domésticos, sesudos, van pasando los burros,
letanía asinaria de los nombres cazurros:

Generosos y Estrellas, Rucios, Florindas, Curros.
Llega un sabroso aroma de matinales churros.

Al modo mujeriego sobre la áspera albarda,
asnalgan las lecheras. Y tras la vieja tarda,
como blanca paloma junto a torpe avutarda,
monta la moza esbelta que en las huertas escarda.

El ramal del cabestro en la mano que acopla
caricias de mujer y riesgos de manopla.
Sus faldas rameadas la brisa agita y sopla.
Rasga el aire el aroma de una rústica copla.

Es la escena de égloga, que huele a pan y a heno,
a tomillo y a hierba, a maíz y a centeno,
a heno de la cuadra y a pan limpio y moreno,
a borona y a aceña y a troje bien relleno.

Parece un episodio de la vida de Ruth.
En la alameda juega un rapaz, lanza un chut.
Un pajarillo alegre modula su cu-cut,
motivo de una idílica pastoral en ut.

El aire se caldea con un hálito de horno,
con un cálido aliento, preludio del bochorno
que quemará las hojas. Para el visual soborno
han colgado sus muestras las tiendas del contorno.

Entre el polvo y el sol van volando las moscas.
Los asnos se sacuden los tábanos con foscas
contracciones. Y mercan las amazonas roscas
de pan tibio, que cruje entre sus manos toscas.

Los pitos de las fábricas sollozan la señal.
Al azul matutino sube el humo industrial.
Y la última lechera, trabando del ronzal
de su pollino, avanza por el camino real.


PRELUDIO

Las cosas están absortas,
las cosas están calladas
y densamente gravita
la vida sobre las almas.

Vuelan rápidas las nubes,
barridas por bruscas ráfagas,
y una paloma va y viene,
temblorosa y alocada.

Trae el viento como un sueño
lejano son de campanas.
El ambiente se satura
de humedades de borrasca.

Las cosas están absortas,
las cosas están calladas,
como aguardando el milagro,
como esperando la gracia.

Una gota prematura
me ha salpicado la cara.
Y como esa niña enfrente
que cuida y mima sus plantas,
yo también en mi balcòn
expongo mi triste alma
-que se me muere de sed-
para que se empape de agua.


QUÍMICA

Poeta, tu dolor de amor
dánoslo en un solo verso.
En el átomo menor
está todo el universo.

La lágrima que rezuma
es todo el goce de amar.
En la gota de la espuma
vive el misterio del mar.

Aprende a mirarlo todo.
Lo grande está en lo pequeño.
Y a veces se abre en el lodo
-flor del infinito- el sueño.

El pájaro es la ilusiòn
y la estrella, la esperanza.
El paisaje del balcòn
que se pierda en lontananza.

Tienes en tu mano el mundo
con sòlo saberlo ver.
El siglo está en el segundo
y el mañana en el ayer.

Conténtate con lo poco
y poetiza lo vulgar.
La gente dirá: "es un loco,
un pobre loco de atar".

Tú ríete de la gente,
y en lo que tienes medita.
El cosmos cabe en tu frente
cual la fruta en la pepita.

Luego sobrio, austero, parco,
da a tu pensamiento forma.
Y no te cuides del marco.
Sea "desnudez" tu norma.

Danos el brote, la yema,
que es darnos el universo.
Cántanos todo el poema
-infinito- en sòlo un verso.


SILENCIO

La voz, la blanca voz que me llamaba
ya apenas entre sueños la adivino.

Suena su son angélico
cada día más tímido.

Bajo el agua del lago va enterrándose,
va hundiéndose en el fondo del abismo.

Los años van tejiendo
densas capas de limo.

Ella se esfuerza por romper las ondas,
por dejar su cristal en mis oídos.

Y yo apenas la escucho
como un leve suspiro.

Más que la voz percibo ya el armònico.
Ya más que timbre es vacilante espíritu.

Me ronda helado, mudo,
el silencio infinito.


TENTACIÓN

No. De noche no. De noche
no, porque me miran ellas.
Sería un mudo reproche
el rubor de las estrellas.

Tan inocentes, tan puras,
con sus ojos ignorantes,
latiendo como diamantes
allá arriba en las alturas.

-Entonces, mira. Mañana
bajo el sol viejo y ardiente.
La luz ciega, muerde, aplana.
El alma duerme... y consiente.

-¿De día? No. Las estrellas
en el cielo están también.
¿No lo sabías? Sí. Ellas,
aunque invisibles, nos ven.


IMPROMPTU

Cuando me tiendo en la playa
boca arriba,
en estas noches tan hondas
y tan íntimas,
noches de claras, diáfanas
maravillas,
tan evidentes, tan nuevas,
tan antiguas,
la inmensidad se me abre
sin orillas,
sin linderos y sin márgenes,
infinita.

Y qué ansias de hacer cándida
mi vida
para que Dios la contemple
desde arriba.
Qué hermosura. Niño astrònomo.
(Yo tenía
nueve años y estudiaba
de puntillas
torciéndome en el balcòn
Cosmografía:
Sirio, Antares, Betelgeuse...)
Ay, qué líricas
las estrellas, qué profundas
y qué limpias.
Y ver lo que hay más allá,
más arriba,
más detrás de las más altas,
más encima.

Sí, còmo todas me llaman
y me miran.
Parece que dicen: sube,
date prisa.

Còmo se abre el horizonte
y se amplifica
como la onda de la piedra
centrífuga.

Còmo crece el corazòn,
còmo rima
con los astros y los ángeles
y palpita
olvidado de la muerte
y de la vida
... cuando me tiendo en la playa
boca arriba.


PALOMAR

Mañana de primavera.
Fumando las chimeneas.
Azul. Libertad. Parejas
de golondrinas valsean.
Paloma en el palomar.
Gata al sol. Alma inmortal.
¿ Qué haces que en casa te estás ?
-No tengo con quién volar.


LOS POETAS SABEN

Los poetas saben muchas cosas,
piedras raras, extrañas flores.
Y en mi jardín no hay más que rosas,
rosas blancas y de colores.

Yo no me atrevo a hacer poesía.
Mi ajuar irrisorio es tan pobre.
Mi hacienda se gasta en un día
como una moneda de cobre.

Remotas memorias fragantes
de lejanos mayos floridos.
Y un puñado de consonantes
para hacer versos doloridos.

La novia imposible y soñada.
Un dolor de renunciaciòn.
Y una música sepultada
en el fondo de mi corazòn.

La ventaja del pobre es ésta:
que nadie le puede robar.
Mi poesía es torpe y modesta.
Oh, no me la podréis quitar.


ABANICO

Cuida tus alas, abanico,
cuando abaniques a tu dueño.
No te aproximes demasiado
que yo ya sé que no hay remedio.

No la refresques, no la airees,
aviva más el dulce fuego
y broten férvidas las chispas
y crezca múltiple el incendio.

Cuida tus alas, abanico,
revolotea en cauto cerco,
que ni en tus plumas va la brisa
ni entre tus garras vuela el céfiro.

Y cuando un día, envejecido,
sobre sus manos caigas muerto,
rotas tus alas temblorosas
y desgarrado al fin tu pecho,

que ella te guarde compasiva
en el altar de los secretos
junto a unos pálidos retratos,
entre unas cartas y unos versos.

Y entonces sí. Y entonces calma
su sed con brisas de recuerdos
que agolpen brumas en sus ojos.
Y agua de lluvia manen tiernos.


BALADA DE LAS TRES GRACIAS

Llegáronse a mí las tres
misteriosas y embozadas.
Y adelantándose una
-los ojos rojos de llamas-
me dijo: -Toma mi carne,
mi carne que, tibia y sabia,
tras el velo de alabastro
se despereza y abrasa.-
Yo contesté: -Flor de seda
pronto se mustia y se aja.

La otra, de celeste frente
y ojos como estrellas blancas:
-Tendrás -prometiò- mi cuerpo;
pero con el cuerpo, el alma.
Luz de teologales ciencias
me ilumina. Y como hermanas
leerán nuestras almas juntas
los arcanos de la cábala.-
Yo respondí: -De la nieve
nunca he visto surgir llamas.

La tercera se acercò
frágil, perezosa y lánguida.
En sus ojos negros, húmedos,
Melancolía anidaba.
Me hablò así (oh voz divina):
-Soy niña, virgen y pálida.
Seré tuya para siempre,
vida y sueño, cuerpo y alma.
Pero yo te ofrezco algo
que no tienen mis hermanas:
un corazòn de mujer...

¿Verdad? qué cosa tan rara.-
Yo dije: -Fruta engañosa
cuyo jugo nunca sacia.
No, no quiero emponzoñarme.
Eva, guarda tu manzana.

Y cuando se quedò sola
se puso a llorar mi alma.


POETA DE VEINTE AÑOS

Poeta de veinte años, tu canto adolescente
es un triste desfile de enfermizos motivos.
Tiene tu canto un ritmo desmayado, doliente,
y está lleno de gestos displicentes y esquivos.

Y tu vida es risueña, y es goce y alegría,
y para ti se abre siempre nuevo el Oriente.
Ya cantarás triunfante cuando anida en tu frente
el ave negra y mala de la melancolía.

Porque el Arte es la sed y es lo que no se tiene
y es el color complementario y siempre viene
vestido de imposible para nuestra emociòn.

Y así sueñas, poeta, tu loco carnaval,
y es tu canto el desquite de tu vida real
y una careta púdica sobre tu corazòn.


FIEBRE OTOÑAL

Tarde precoz de otoño, trabajada y marchita
como una estrofa decadente,
que sòlo ofreces una brisa torpe y maldita
para este plomo de mi frente.

Tarde enferma de siglos, tarde cargada y sucia
de viejas memorias borrosas.
Mi alma febril, calenturienta, se desahucia
al ver mis manos ardorosas.

Tarde con luz violenta, lívida, apuñalada
como en un lienzo de Doménico,
y sin embargo suave, húmeda, equilibrada
en un bello desmayo helénico.

Tarde con sol, con lluvia, con azul, con pizarra,
en una lid de meteoros,
toda confusa y loca, que delira y desbarra,
ronca de risas y de lloros.

Me has traído con tus lágrimas para mi fiebre
la queja de una voz remota,
tus lágrimas que llenan el oro del orfebre
cáliz sediento gota a gota.


PASEO NOCTURNO

Está la noche propicia
a líricas evasiones.
Y nos baja una caricia
desde las constelaciones.
Como una lágrima, el cielo
tiembla suspenso y preciso,
desnudo de todo velo,
diáfano e indiviso.

Noche libre e inaudita.
Ansia de desvanecerse.
Y una expansiòn infinita.
Amar. Morir. Y perderse.

Oh, mi señora la luna.
No sé si boga o se mece.
Si esto último, es una cuna,
y si avanza, me parece
una gòndola encantada
de una Venecia celeste
que boga y vaga azorada
de este a oeste.

Las estrellas, ¡qué desnudas!
Còmo tiemblan de emociòn.
Y còmo sus voces mudas
me llegan al corazòn.
Estrellas innumerables,
estrellas, blancas estrellas
virginales, inefables.
Alma, ¡quién fuera una de ellas!

Oh, si alguien me escuchase.
Siento tanta sed de hablar.
(La luna entra en una fase
lunar.)

Ay, ¿a quién le contaría
este gozo y este llanto?
Mi corazòn se extasía.
Ama tanto, tanto, tanto.

De pronto viene a mi frente
una ultra còsmica brisa.
Dulcemente, dulcemente,
me riza en blanda sonrisa.
¿Estoy al borde de un lago?
¿Estoy dentro de un suspiro?
¿Qué es este deseo vago?
¿Por qué tiemblo, por qué giro?

Me llega un olor salino,
no sé de dònde.
Siento un roce cristalino.
¿Las estrellas son de...?

Blancas y verdes espumas.
Venus va a nacer. ¿Y aquella
que arriba brilla entre brumas?
No es Venus, es una estrella.
Oigo un oleaje sonoro
y me excito: el mar, el mar...
Y no es el mar, es que lloro,
lloro sin saber llorar.


IMAGEN
POEMAS
(1918-1921)

Madrid, 1922

Al poeta
JUAN LARREA,
Que ha explorado conmigo las rutas de este libro.


EVASIÓN
(1918-1919)

Mis versos ya plumados
aprendieron a volar por los tejados
y uno solo que fue más atrevido
una tarde no volviò a su nido.

JUAN LARREA.


NOCTURNO FUNAMBULESCO

El muelle es el escenario.
Desde allí diviso el vario,
brumario y extraordinario
panorama.

Los luceros se estremecen.
Tan diminutos parecen
margaritas que florecen
en la grama.

Sobre el silencio terrestre
se abre el blanco circo ecuestre
en el paisaje rupestre
de la luna.

Mis visiones de noctámbulo
acrobático sonámbulo
en equilibrio funámbulo
una a una.

La luna en cuarto creciente
es como un huevo esplendente.
Todo el cielo se resiente
de su luz.

Los faroles en hilera
son estrellas de primera,
de segunda y de tercera
magnitud.

Se divisa en lontananza
el verde de la esperanza
y el rojo, sobre la panza
de un vapor.

Y con el lunar reflejo
se agitan en el espejo
formando un vivo aparejo
tricolor.


IMAGEN

La guirnalda de las luces
cae en el agua de bruces,
quebrándose en mil chapuces.

Y si arrecia
la brisa sobre el cristal
mòvil, rizado, banal,
baila el agua un carnaval
de Venecia.


AZAR

La ruleta celeste
-blanco, verde, rojo, azul-
gira lenta, lentamente.

Y yo lanzo mi bola imaginaria.
Blanco, verde, rojo, azul.
blanco, verde, rojo, azul,
blanco, verde.
La estrella mía es verde.

Caballitos, caballitos celestiales.
(A Pegaso
le brincan
las patas.)

Casiopea está invirtiendo su W
que ya es casi una M.
Según como se mire.

Caballitos, caballitos con sus jockeys.
Oriòn con los tres Reyes
se oculta, se sumerge.

He vuelto a jugar. Al rojo,
Blanco, verde, rojo, azul...
¡No poder ver la Cruz del Sur!
Unos ganan y otros pierden.
Y se paga en estrellas.

Caballitos, caballitos... La ruleta
gira, gira lentamente.


APUNTE

Atardece.

Un oro veneciano
-Giorgione o Tiziano-
en el ambiente.

Más bellas y armoniosas
que nunca las mujeres.

Una música anida
en la casa de enfrente.

El paisaje se alarga
horizontalmente.

Como una mariposa,
el sol se posa
en mi frente.


RETABLO

¿Quién dijo "el teatro de las sábanas"?
Definitivo acierto.

Yo todas las mañanas lo gozo
desde mi lecho.

Los cortinones son el suntuoso
telòn. Acto primero.
(La escena se desarrolla
en el techo.)

Ingenuo guiñol metafòrico...
¿Qué es eso?

Una carroza o una litera
que cruza en silencio.

Bravo lujo. Bien por los esclavos
negros.
¿Y ahora?... Que le alcanza, que le pega.

Buenas piernas, mancebo.
Mira, mira Polichinela.

Preñado de espalda y pecho.
Ay, qué graciosa pirueta.

Ole. Ole. Bravo, maestro.
Qué salados, qué granujas

son sus muñecos...
Sutiles hilillos de luz.

El Sol, gran maese Pedro.


RÍA

Parece que el barco avanza
abriendo un surco en la tierra.
Se desliza entre las márgenes.
Un juguete de madera...

Pero hay agua. Ría amarga.
Cordòn umbilical. Tiembla
el agua, ayer virgen. Hoy
parturienta de promesas.

Dos gaviotas turistas
nos traen el mar a la tierra
y ría arriba se pierden.
Aprende, alma volandera.

Para pasar bajo el puente
estorban las chimeneas,
y los barcos, en un bello
gesto -zas- se las degüellan.

Nos embarcamos. Seguimos
una diagonal. Estelas.
En el cristal de la ría
los tiesos remos se quiebran.

Las márgenes se nos van.
Bello alarde de cinema.
Un remolino de hélice
nos va a tragar... Rema. Rema.


AHOGO

Déjame hacer un árbol con tus trenzas.
Mañana me hallarán ahorcado
en el nudo celeste de tus venas.

Se va a casar la novia
del marinerito.

Haré una gran pajarita
con sus cartas cruzadas.

Y luego romperé
la luna de una pedrada.

Neurastenia, dice el doctor.
Gulliver
ha hundido todos sus navíos.

Codicilo: dejo a mi novia
un puñal y una carcajada.


ZODIACO

A Rafael Cansinos-Asséns

Zodiaco. Banda de Geos.
Cruces. Medallas. Trofeos.
Gira lenta la correa
de la eclíptica polea.
Se inclina en bello viraje.
Vuela sobre el paralaje.
Blancas teorías de estrellas,
las más firmes, las más bellas.
Las doce constelaciones
enlazadas de las manos
cantan celestes canciones
que no entienden los humanos.
Oh, corona sideral
inocente y virginal.
Los coluros y los tròpicos
son aros vacuos, utòpicos.
Tú ciñes de invierno a invierno,
amoroso, mi planeta
Tú, Zodiaco, eres eterno.
A ti te canta el poeta.


ARIES

Intrépidos Argonautas. Jasòn.
La copa de las regatas, el Toisòn,
(En Rodas, Apolonio
os dará testimonio.)

Aries apunta sus cuernos
primaverales,
como los tiernos
recentales.

En cada punta una estrella.
Andròmeda la bella
querría huir galopando sobre Pegaso.

Pero Pegaso
va paso a paso.
Aries. Riqueza. Violencia,
nos pronostica la ciencia
sideromántica, astròloga.

Ebulliciòn biòlogo.
Aries. La doncella hermosa.
En el rosal la rosa.


TAURO

Tauro. Potencia. Vigor.
Sangra, escarba, muge, topa.
Tauro es Júpiter raptor.
Sobre sus lomos, Europa.
(El Buey Apis cruza lento
contra escarnio y contra viento.)
El horòscopo adivina
obstinaciòn, lucha, inquina.
Tauro. Fuerza. Sexo. Arde
el macho en celo. El cobarde
de vergüenza palidece.
Tauro todo lo enrojece.
Y, oh paradoja divina:
sobre el sangriento Aldebarán se posa
la mariposa,
la golondrina.


GÉMINIS

Géminis. Los dos hermanos
iguales y paralelos.
Sobre los hombros, las manos.
Castor y Pòlux, gemelos.
Deteniendo su cuadriga
los examina el Auriga.
Géminis, símbolo profundo.
El viudo busca su pareja.
Sobre la corola, la abeja.
Bajo el sol, el amor fecundo.
Los hijos de Géminis son nobles.
Su espíritu alto. Sus amores dobles.
Paraíso de los andròginos.
Infierno de los misòginos.
El águila bicéfala vuela
invulnerable a las balas.
Al alma le nacen dos alas.
y persigue al alma gemela.


CÁNCER

Cáncer. El Sol llega al tròpico
y empieza a andar del revés.
Cáncer. El Sol microscòpico
se abate sobre la mies.

Sombras enanas
y fuegos artificiales.
Reverberan las vestales
humanas.

En el cielo arden hogueras.
Caen estrellas en las eras.
Huele la Luna. Es el gran
panselenio de San Juan.
Humor fantástico. Viajes.
Germinaciòn de lunáticos.

Van por celestes parajes
fanáticos.
Cáncer. La Luna princesa.
El Sol la alcanza y la besa.


LEO

Leo. El cuerpo y la cabeza.
(¿Un leòn o un ave coja?)
La melena de Su Alteza
es aromática y roja.
Régulo: la garra en alto,
preludio de heroico asalto.
Pòlux, medroso, se abraza
a Castor. Y todos: ¡Plaza!
-gritan- ¡Plaza al Rey!
Quia nominar... Es la ley.
Leo. Vino, sangre y fuego.
La Rueda de la Fortuna.
Si la bola es oportuna
hay herencia. Pero luego...
Leo. Dormita, bosteza.
...No despertéis a Su Alteza.


VIRGO

Virgo, en las manos de cera
levanta la rubia Espiga.
Y derribada en la era,
dice la virgen: -Mi amiga,
mi amiga casta y sin velo,
la blanca Virgen del cielo.
Quién pudiese ir en un vuelo-.
La mira el Cisne y piensa en Leda.

Como pueda...
-Pon en mis ancas tu raso
-dice Pegaso-.
Virgo, llamas refrenadas.
Mieses. Sol. Dulces miradas.
Horòscopos de demencia.
Peligros de adolescencia.
Sueñan las doncellas
amantes;
vuelan las estrellas
errantes.


LIBRA

Libra. Los platillos llenos.
a, y, arriba P,
el clavo que los sujeta.
Los frutos colman sus senos.
Es el fiel. Ni más ni menos.
Libra. Cosechas. Vendimias.
En las retortas de alquimias
y en los magos alambiques
descifran los nigromantes:
-Nadie al amor pone diques.
Mas tened cuidado, amantes-.
La dama de la pelerina
se ha enamorado de Arturo.
Adiòs, golondrina.
El cielo está ya maduro.


ESCORPIO

Escorpio. Se retuerce en los mares

horizontal.
Saluda la rojiza Antares
a la Cruz Austral.
Mordeduras. Baba. Ira.
La Virgen, en el trapecio,
se columpia y le mira
con desprecio.
Se enreda la madeja
de las estrellas. Una se queja.
Y hay un secreto trigonométrico
en su laberinto geométrico.
Algunas se desgajan
y como hojas secas bajan,
haciendo eses,
a posarse sobre los cipreses,
de los cementerios.
Escorpio. Audacia. Adulterios.
Esta mañana
se nos ha muerto la hermana.


SAGITARIO

Sagitario. El arco estalla.
Tiembla la aguda saeta.
El bello centauro-atleta
en escorzo de batalla.
Apunta. Salta la flecha.
Parábola. El arco vibra.
Ha herido a Escorpio o a Libra.
Y cae la estrella deshecha.
Dicen todos: -Sagitario-
y hay un temblor extraordinario.
Hasta el Águila se inquieta.
Recoge su cola el cometa.
Sagitario. El gran obstáculo,
dice el oráculo.
Todo bien o todo mal.
Omnipotente o fatal.
Sagitario, ¿es tu saeta
la que malhiriò al poeta?


CAPRICORNIO

Capricornio. Alarga el cuerno.
Corvas y velludas piernas.

Invierno.
Nieves eternas.
Capricornio topa y salta.
Ostenta
la cornamenta
de las cabras de Malta.
Irònico signo
maligno.
El Cisne patina
por la onda cristalina.
Pronòsticos: genio activo.
Fallan las patas de chivo.
Balancea el tallo Sirio.
Inmaculado lirio.
Capricornio. Tus placeres
los mejores.
Rubores
en las mujeres.


ACUARIO

Acuario. Ondas de cristal.

Paisaje submarino.

Aurora boreal
sobre el resplandor alpino.
Orion, el gran cazador,
se convierte en nadador.
Ha visto al Delfín
y a las ondinas del Rhin.
Las estrellas, burbujas
somormujas.
Nacen ahora los sinuosos,
movibles y caprichosos.
Verbena
ártica en los bulevares.
Queda presa la Ballena
entre los hielos polares.


PISCIS

Piscis. Juegos. Culebreos.

Las cabecitas biplanas
guiñan los ojos. Mareos.
Trenzadas filigranas.
La Ballena los acecha
y ellos huyen paralelos.
Ha quedado deshecha
la prisiòn de los hielos
Piscis. Espíritu inquieto
propenso al mando y al reto.
El mundo muere. Nace el mundo.
El niño rubicundo
retoza en la cuna.
Se pone su antifaz la Luna.
El Zodiaco vuelve a empezar.
Girar. Girar. Girar.
Dame la mano, hermana:
Vamos a bailar la sardana.


SAN JUAN
Poema sinfònico en el modo wagneriano

A Juan Larrea, en el día de
San Juan (1919).


TABLA TEMÁTICA

LA PRIMAVERA

EL ESTÍO
LA FIESTA
PAGANA

LA FIESTA
CRISTIANA

LA RONDA
DE LOS MOZOS

Margarita, novia del grillo.
Dame tu estrella, Margarita.

Amapola, labio de seda.
Bésame, cálida Amapola.

Humo de estrellas en plenilunio.
Dancemos en el rito druídico.

Del agua de gracia, San Juan,
llena tu concha en el Jordán.

Viva la moza. Viva la Juana.
Viva el espliego y la mejorana.

Margarita, novia del grillo.
Dame tu estrella, Margarita.
Margarita, ha venido la golondrina.
Trae una estrella en el pico.
Escucha. Escucha. Cri-cri-cri.
¿Le dirás a tu novio que sí?
Margarita, fíjate bien,
que el pícaro nordeste quiere
abrazarte el talle por detrás.
Margarita, qué linda estás.
Novia de grillos y de luceros.
Dame tu estrella para mi ojal.
La verde cabellera de espigas
-Margarita, novia del grillo-
ha lanzado una idea roja,
seda de labio, sed de Amapola.
Gota de sol tropical.
Dame tu estrella para mi ojal.
Amapola, cálida Amapola,
presiento el ardor de tu boca.
La cigarra te quiere aturdir.
No duermas, no, labio de seda.
Bésame, cálida Amapola.
Bésame sedeña y tòrrida.
Margarita, Amapola
novia del grillo, labio de seda.
Se dan la mano las dos hermanas
-sangre de estrellas, beso de luz-
bajo la feria del plenilunio.

Humo de estrellas. Humo de hogueras.
Hogueras en el cielo y en la tierra.
Coro de vírgenes. Surge la diosa.
Dancemos al corro de antorchas.
Dancemos en el rito druídico.
Hagamos el tierno sacrificio.
Llegò la hora del plenilunio
-grillos celestes, llama Amapola-
Sangre de niño. Columnas de humo.
Danza de antorchas. Corro de estrellas.
San Juan. San Juan. San Juan.
La golondrina trae el plenilunio.
Vértice del solsticio de junio.
Se dan la mano las dos hermanas.
Ven a nosotros, concha de gracia.
Humo de estrellas, sangre de hogueras.
Del agua de gracia, San Juan,
llena tu concha en el Jordán.
Y santifica nuestras cabezas
bajo la feria de las estrellas.
La blanca túnica del Precursor,
alba del Sol Redentor.
Huelen los grillos. Luna de gracia.
Concha rizada del agua santa,
bésanos la nuca bautismal.
La paloma del Santo Espíritu
baja a posarse sobre el bautizo.
Agua de gracia del Jordán.
Túnica aurora de San Juan.
Humo de estrellas. Errantes cohetes.
Lunar verbena en el prado verde.
Viva la moza. Viva la Juana.
Viva el espliego y la mejorana.
Ronda de mozos, flor en la oreja,
mejillas rojas de las hogueras.

Arcos de flores. El tamboril
-viva el espliego-repica-crí-crí.
Campanero, toca las campanas.
Viva la moza. Viva la Juana.
Danzas druídicas. Corros de estrellas.
Rondas de mozos. Viva la fiesta.
Abren los ojos las margaritas.
Curvan sus alas las golondrinas.
San Juan. San Juan. San Juan.
Grillos. Estrellas. Rondas. Cohetes.
Humo. Amapolas. Tin-tan. Tin-tan.


D'APRÉS DEBUSSY

No hallábamos el nido.
No le hallábamos.
La lluvia devanaba
su moaré de raso
y cuchicheaba
entre los verdes muslos de las hierbas.
El nido estaba pròximo.
No le hallábamos.
Jugamos a las cuatro esquinas.
Jugamos a la gallina ciega.
Nos esponjábamos como sauces
y picoteábamos el granizo.
No le hallábamos.
Pasò silbando un pajarraco negro.
El pequeñín no sabía volar
y se cayò al pozo.
Y el nido
no le hallábamos.
La lluvia abría su abanico tornasol.
En esto...


CREACIONISMO

A mi Virgilio, Eugenio Montes

¿No os parece, hermanos,
que hemos vivido muchos años en el sábado?
Descansábamos
porque Dios nos lo daba todo hecho.
Y no hacíamos nada, porque el mundo
mejor que Dios lo hizo...
Hermanos, superemos la pereza.
Modelemos, creemos nuestro lunes,
nuestro martes y miércoles,
nuestro jueves y viernes
...Hagamos nuestro Génesis.
Con los tablones rotos,
con los mismos ladrillos,
con las derruidas piedras,
levantemos de nuevo nuestros mundos.
La página está en blanco.
"En el principio era..."


IMAGEN MÚLTIPLE
(1919-1921)

Eras tan hermosa
que no pudiste hablar.

VICENTE HUIDOBRO


ROSA MÍSTICA

Era ella
Y nadie lo sabía
Pero cuando pasaba
los árboles se arrodillaban
Anidaba en sus ojos
el ave maría
y en su cabellera
se trenzaban las letanías
Era ella
Era ella
Me desmayé en sus manos
como una hoja muerta
sus manos ojivales
que daban de comer a las estrellas
Por el aire volaban
romanzas sin sonido
Y en su almohada de pasos
me quedé dormido


CAUCE

Una flauta silvestre
hace desfilar los valles

Enzarzadas en los ventiladores
cabelleras de carnaval
olvidaron sus vellones

Alguna ruina antigua
ahogada en el río
es una isla sin ancla

Sentadas en lo firme de la vida
las cumbres meditan


PUERTO-CHICO

A Francisco G. Cossío

La nave que dio a luz el horizonte
pliega sus alas como quien
cierra un libro

Al ver a la fragata
todas las chimeneas
se quitan la chistera

He visto en unas redes
los Peces del Zodiaco

Por la noche
cantan los gallos catalépticos
entre los hidroplanos albergados

Y la hija del patròn
desflora las cuatro hojas
del trébol lanceolado de los vientos

De pie sobre las aguas los marinos
que han jurado los remos
los levantan al cielo

Allá arriba
todas las banderas
cantan sus sinfonías marineras


ZORTZIKO

A femando de la Quadra Salcedo

Una mazurka coja
con peluca y sin dientes
me lo dijo
La carretera
estaba sombreada de cirios
Y la aldeana
escondía los frutos en el paraguas
En medio de la plaza
vi al zortziko
y era un pañuelo de cinco picos


CARNAVAL

A Adolfo Solazar

Carnaval
De mis mejillas algo va a volar
Los dedos de los árboles
empiezan a ejercitarse en el doigté
Mi cabellera corre como el tren
Carnaval
Rodando sobre los meses
la isla recién parida
viene en su carroza
Sobre el tejado
la última suicida
grita y se alboroza
He guardado la lámpara en el armario
como quien bota un barco
Para qué
si el sol ríe en mis zapatos
y hay en mis ojos melodías vírgenes
Un pájaro modisto
confecciona disfraces con el pico
Sonriendo entre los senos oscilantes
como globos cautivos
fumaba el antifaz
En mi bolsillo
se me ha extraviado la ciudad
Era bello en los mármoles
ver danzar los desfiles de las calles

Era bello y perfecto
como un andamio aéreo de arquitecto

La avenida flotante
fluye solemne entre las dos fachadas

Las citas acumuladas
levantaron el vuelo en los aleros

Y una lluvia de cartas amatorias
sepultò los bancos del paseo

Aquel borracho
con el tapòn chistera alicaído
barajaba las losas de la acera
para jugarse el último altercado

Sobre la muchedumbre
las ventanas vuelan

Y la luna esta noche
no reparte esquelas

Pobre corazòn mío
Hoy no le he dado cuerda

Quién podrá sostener
sin quedarse ciego
tantos devotos besos de mujer

Y quién sabrá escanciar
mi sombrero efervescente de soñar

Como si fuesen serpentinas
voy desenrollando las callejas antiguas

Un farol apostado
me pedía limosna con la mano
La cola de la taquilla es un tren detenido.
Hay un arco triunfal
Y después un espejo
que no tiene cristal
En él los viejos retratos
bailan un rigodòn
mientras el álbum llora
Allí me busqué en vano
Pero algo de mí mismo
encontré callejeando
entre las ruinas del escenario
Y para qué callarlo
Las doce campanadas
disputaban mi carne a bofetadas
Un tiro
En guardarropía he caído yo mismo herido
La policía ha desaparecido
Sobre la luz voltaica
sangra el carnaval


TREN

Venid conmigo
Cada estaciòn es un poco de nido
El alma llora porque se ha perdido
Yo ella como dos
golondrinas paralelas
Y arriba una bandada de estrellas mensajeras
El olvido deposita sus hojas
en todos los caminos
Sangre
Sangre de aurora
Pero no es más que agua
Agitando los árboles
llueven
llueven silencios
ahorcados de las ramas


TRIUNFO


Del oriente al ocaso
estalla un arco de triunfo
Elefantes atònitos
pastan en los oasis de mis ojos
Y el viento se ilumina
en el fondo del mar
Mi pecho no se cansa de disparar
La vida
ciudad maldita
empieza a arder
Hagamos de todos los gritos
una sola mujer


TRONO

Detrás del infinito
el acorde perfecto y arraigado
Pasan los años
rezando en su breviario
Un círculo no presentido
se cerrará en torno mío
Pero en la habitaciòn
Nadie Nadie
La butaca es la madre
Y el techo
como un pájaro de museo
inmòvil en su vuelo planeado


FE

Gusanos del papel
van hilando los libros con la miel
Aunque todo se pierda
queda un rastro de garganta
y un temblor de agua
No temas
Cuelga tu vida como ropa inútil
y chapú2ate en músicas desnudas
Para los sueños imposibles
la luna se hizo carne
Yo he visto una mujer
modelando su hijo


MESÍAS

Una bandada de ángulos
en un vuelo sin hilos
nace del campanario
La primavera
que aún no sabe mirarse al espejo
espera
Y las praderas novias
danzan en el corro de las bodas
Las flautas virginales
se engalanan de rosas y rosales
Quién sabe si las nubes
sembrarán golondrinas
entre el humo aeronauta
Y si aquí en mi calleja desahuciada
la lluvia caerá de rodillas


LÁMPARA

Azulejos
sobre el regazo de los tiempos
La lámpara florece
todos los inviernos
De su carne rosácea
brota el aroma de los sueños silvestres
Un ave infatigable
abre su vuelo en círculos concéntricos
Algún ídolo roto
se duerme en un rincòn
Y el péndulo ahorcado
toca con los pies en el suelo


ÁNGELUS

A Antonio Machado

Sentado en el columpio
el ángelus dormita
Enmudecen los astros y los frutos
Y los hombres heridos
pasean sus surtidores
como delfines líricos
Otros más agobiados
con los ríos al hombro
peregrinan sin llamar en las posadas
La vida es un único verso interminable
Nadie llegò a su fin
Nadie sabe que el cielo es un jardín
Olvido
El ángelus ha fallecido
Con la guadaña ensangrentada
un segador cantando se alejaba


MITO

A Enrique Díez-Canedo

Reflejada en mis arterias
la nube es un arroyo
Remos de oro
baten sus alas
entre la luz ungida de gracia
Dios
siembra el rocío sobre los ciervos
que le elevan el humo de sus cuernos
Las villas rurales
tocan los panderos de sus plazas
Esta tarde
tuve el sol en mis dedos
Todos creyeron que era un mancebo
Las doncellas enamoradas
le despidieron en la estaciòn
El profesor de geografía
ha encendido una nueva constelaciòn


CÍRCULO

Este recòndito fastidio
anida todos los años en mi oído
Y este motor que nada mueve
siempre zumbando su estribillo agreste
Gota a gota
las abejas
van quemando el zumo de mis venas
Sangre de ríos
discurre por mi lecho
Curada de su parálisis
ha vuelto a andar la vida
Mi corbata
rueda con su rumor de catarata


HOMBRE

Quién mueve nuestras ramas
nuestras ramas elásticas
Quién agita las noches apiñadas
Sòlo una flecha negra
supo abatir el vuelo en mi costado
Y mis manos
palomas disecadas
hacen el aire agua
Un sueño transversal
se repliega en el vacío mural
Bajo las alas eléctricas
las estrellas cautivas
iban gritando mueras y vivas
El hombre respiraba con los párpados
Y dentro de sus círculos
los mártires estaban anclados


ESTRIBILLO
(1919-1921)

A tu paso
las palabras eran gestos.


ESTÉTICA

A Manuel de Falla

Estribillo Estribillo Estribillo
El canto más perfecto es el canto del grillo
Paso a paso
se asciende hasta el Parnaso
Yo no quiero las alas de Pegaso
Dejadme auscultar
el friso sonoro que fluye la fuente
Los palillos de mis dedos
repiquetean ritmos ritmos ritmos
en el tamboril del cerebro
Estribillo Estribillo Estribillo
El canto más perfecto es el canto del grillo


HOY

A J. Rivas Panedas

Quiero inaugurar
el encendido espejismo del símbolo
que ya tiembla de verse frente al mar
En sus carnes
los pájaros nocturnos croan
y los balandros
se despiden dejándose violar
de este viento que silba
motivos de centauros vírgenes
Las locuras se abrazan a sus piernas
y aunque sabe que no puede nadar
quiere sembrar caricias
Ya las horas más agrias que limones
no exprimen su zumo de canciones
Habrá que ir recogiendo
todos los trozos de espejo
que ladran sin saber si tienen dueño
Y en este gran balido universal
quién me sabrá encontrar
esta calle sin nombre en mi recuerdo
Sí Hoy hay que inaugurar
el encendido símbolo sin símbolo
Hoy hay que prometer
y aventar las pavesas
aunque luego al abrir nuestra mano
Dios haya volado
y nos quede solamente
un tembloroso deseo de envejecer
Después de todo
en este viaje no estaremos solos


REBAÑO

Los balcones de mi alma
están llenos de lluvia
Yo a las lluvias
las distingo
por sus tactos colores y sabores
lo mismo que a las frutas
Pero el gran caseròn está desierto
y la agonizante cosa que me alumbra
no entiende el telégrafo de banderas
que urgentemente la llama desde fuera
Y ella
se morirá
Y en busca
de otros balcones volarán las lluvias


COLUMPIO

A caballo en el quicio del mundo
un soñador jugaba al sí y al no
Las lluvias de colores
emigraban al país de los amores
Bandadas de flores
Flores de sí
Flores de no
Cuchillos en el aire
que le rasgan las carnes
forman un puente
Sí No
Cabalga el soñador
Pájaros arlequines
cantan el sí cantan el no


MADRIGAL

A Juan Ramòn Jiménez

Estabas en el agua
estabas que yo te vi.
Todas las ciudades
lloraban por ti
Las ciudades desnudas
balando como bestias en manada
A tu paso
las palabras eran gestos
como estos que ahora te ofrezco
Creían poseerte
porque sabían teclear en tu abanico
Pero
No

no estabas allí
Estabas en el agua
que yo te vi


VERBOS

A Pedro Salinas

Un gato ha hilado la abuela
y era una media la rueca
Yo amo tu amas él ama
De mis labios
vuela una bandada de balandros
Legite o legttote legunto
Y esa sonora melena
me salpica desde el balcòn
Nous serons vous serez ils seront
En mis ojos
la yerba invertida llueve
Tithemi tithesi titheti
Ya está el páramo de mis noches
bien aromado de faroles
Inqatalta inqatalti inqatalto
Y en el libro de texto ha hecho su nido
un pájaro recién nacido
Tiqtoli tiqtolna niqtol
El bulevar se ha suicidado
y sangra versos por el costado
Chinomi chinoxi chinoti
Mosca de alcoba o baúl sin intestinos
Es lo mismo
Springen Sprang gesprungen


BARRIO

Luz de prendería
para que el alma ría

Aquella bicicleta
jugando a la ruleta

El cascabel de Dios
llama al sol el poeta

Las prendas oblicuas
desnudan sus carnes en la orilla

Luz de prendería
para que el alma ría

Un rojo de monago
y un glissando de cántaro en la fuente

bajan retozando por el arroyo

La plaza loca
se ha puesto a jugar al corro

Y el cielo es un gran circo
del que los trapecios cuelgan al unísono

Luz de prendería
para que Dios sonría


CARTEL

El cartel de la escuela
desgarra sus harapos en la aldea

La mañana es tan triste
que el humo es de papel

A rastras
el viento cojo viene blasfemando

Y disputan beodos
el sol sin sol y el oropel

Las letras se han sentado de través
El cartel se deshoja

Y en el banco recostado
el otoño sonríe y se sonroja


ESTÉRIL

A Rafael Calleja

Cabelleras de llanto
resbalaban sus mantos
Y los difuntos se iban apagando
Empecé a comprender
que mi vida es un seno de mujer
Las ventanas de mi alma
se han cruzado de brazos
Y el viento
Me ha dejado sin plumas y sin besos
Con llanto de tranvía descarriado
lloro por los muertos
Dònde han volado mis manos
Vacías mis axilas
ayer sonoras de golondrinas
Cabelleras de llanto
enjugaban mis cánticos


JACULATORIA

Dame una rosa una rosa
para pasar las hojas
La luna se ha sonreído
porque la Virgen estrena hoy un vestido
Le di mi carta deshojada
para que la luna
recite mis baladas
Dame la luna Ruega por nos
para tocar el pandero
La luna en el bardal
para pasar las hojas del rosal
dámela


MOTIVO

Desfilaron por mi silencio
los rebaños celestes en un blanco atropello
Oh qué hartura de ritos y de rezos
Toda la noche la pasé contando
Y decía
Para vencer un remo
Para vencer dos remos
Para vencer tres remos
Y contaba los remos con los dedos
Toda la noche la pasé rezando
Para cantar un vastago
Para cantar dos vastagos
Para cantar
Y al despertar volaron todos los pájaros


ANTIPOEMA

Qué pocos cantos sabe el ruiseñor
Se aprenden en seguida Cuéntalos
Ay Señor Señor Señor
En el Paraíso hubiéramos estado mejor


VERBO ALARIDO

Verbo alarido
verbo rugido
magnolias explosivas
muerden las estrellas de los hielos
y hay una única virgen
a lo largo del cielo
Seguid adelante
Las noches se cobijan bajo mi estandarte
Afirmando las raíces en lo negro
será gloria de luz el pensamiento
y nuestras hojas vegetales
volarán por encima de los puertos
cubrirán a los muertos
Despacio
Silencio
No despertéis al
péndulo
Los minutos son polvillo de centellas
y mi rosario va encendiendo las estrellas
Estas pisadas que oísteis en mi oreja
yo no sé si son verdes o son negras
yo no sé de quién son
Yo canto
Ésta es mi voz
Me reconozco en el espejo lento
y este ferrocarril que me explora el costado
cansado de roer ha resbalado
Las lluvias son mis brazos
Solo yo voy ascendiendo
desnudo como el sol
En el fondo ronca el reloj
El mundo está lleno de negros
Cielos blancos y amarillos
me tejerán un manto parabòlico
Mis pies serán uno solo
Y de espaldas a los ríos
incendiaré en la hoguera mineral
este verbo alarido


REFLEJOS

A Pedro Garfias

En este río lácteo
los navíos no sueñan sobre el álveo
Como un guante famélico
el día se me escapa de los dedos
Me voy quedando exhausto
pero en mi torso canta el mármol
Una rueda lejana
me esconde y me suaviza
las antiguas palabras
Cae el líquido fértil de mi estatua
y los navíos cabecean
amarrados al alba


MOVIMIENTO PERPETUO

No canta el agua en la rueda
que se muriò en la alameda
La luna abre la sombrilla
camino de la alameda
La sortija la sortija
Dame la mano dice mi hija
El agua muerta no canta
La luna llora en mi garganta
Todos los pájaros piden limosna
En mi garganta rueda la rueda
El agua ha muerto en la alameda
El agua ha muerto hija
La enterrarán en una sortija


EPIGRAMAS
A José de Ciria Escalante


CHIMENEA

Sobre el cielo color de muerto
se olvidaron ayer un abanico abierto
Los gatos saltan a él de tejado en tejado
La torre huérfana
se tronchò en mi pecho


GUITARRA

Habrá un silencio verde
todo hecho de guitarras destrenzadas
La guitarra es un pozo
con viento en vez de agua


ABANICO

El vals llora en mi ojal
Silencio
En mi hombro se ha posado el sueño
y es del mismo temblor que sus cabellos


LIBRO DE LOS NIÑOS

No No hurguéis en las viñetas
porque el vestido rosa
tiene a veces ataques de rabia
y aquel pájaro grande
podría arrebatarnos nuestra casa


CINE

El diluvio aletea
entre una algarabía de iniciales
Las aspas del molino
se escapan rodando por la tangente


PARAGUAS

Pájaros de cien alas
picotean la danza de las espadas
Una sonrisa irònica
hace juegos de agua con mis lágrimas
Colgados de tus melenas
juegan al corro los romances rotos


BANDEJA

Nada más
Dejar la cabeza
sobre la mesilla
Y dormir con el sueño de Holofernes


MANUAL
DE ESPUMAS

(1924)

CUADERNOS LITERARIOS
Madrid, 1924


PRIMAVERA

A Melchor-Fernández Almagro

Ayer Mañana
Los días niños cantan en mi ventana
Las casas son todas de papel
y van y vienen las golondrinas
doblando y desdoblando esquinas
Violadores de rosas
Gozadores perpetuos del marfil de las cosas
Ya tenéis aquí el nido
que en la más bella grúa se os ha construido
Y desde él cantaréis todos
en las manos del viento
Mi vida es un limòn
pero no es amarilla mi canciòn
Limones y planetas
en las ramas del sol
Cuántas veces cobijasteis
la sombra verde de mi amor
la sombra verde de mi amor
La primavera nace
y en su cuerpo de luz la lluvia pace
El arco iris brota de la cárcel
Y sobre los tejados
mi mano blanca es un hotel
para palomas de mi cielo infiel


MIRADOR

A Ramòn Gòmez de la Serna

De balcòn a balcòn
los violines de ciego
tienden sus arcos de pasiòn
Es algo irremediable
cortar con las tijeras estas calles
Las cartas nacidas de mi regazo
aprenden a volar algo mejor
y a un peregrino arrepentido
se le ha visto bajar en ascensor
En el bazar
las banderas renuevan el aire
y el caballo de copas lleva el paso
mejor que un militar
Y tú manso tranvía
gusano de mis lágrimas
que hilas mi llanto en tus entrañas
Condúceme a tu establo
y sácame del pozo en que te hablo
Yo te prometo que esta primavera
tu vara florezca en todos los tejados
tejados olvidados
en los que ya no pastan los ganados
y a los que nunca sube el surtidor
Dejemos al Señor
que arranque las estrella
y durmámonos
sin consultar con ellas


EMIGRANTE

El viento vuelve siempre
aunque cada vez traiga un color diferente
Y los niños del lugar
danzan alrededor de las nuevas cometas
Canta cometa canta
con las alas abiertas
y lánzate a volar
pero nunca te olvides de tus trenzas
Las cometas pasaron
pero sus sombras quedan colgadas de las puertas
y el rastro que dejaron
fertiliza las huertas
Por los surcos del mar
ni una sola semilla deja de brotar
Chafadas por los vientos y los barcos
las espumas reflorecen todos los años
Pero yo amo más bien
los montes que conducen sobre sus lomos ágiles
las estrellas expulsadas del harem
Pastor marino
que sin riendas ni bridas
guías las olas a su destino
No me dejes sentado en el camino
El viento vuelve siempre
Las cometas también
Gotas de sangre de sus trenzas llueven
Y yo monto en el tren


MESA

A Wtddemar George

Yo recorrí los mares
embarcado en tu mano
y en los manteles puse un sabor de océano
Los peces giran en torno de mi faro
Pero los barcos naufragaban en el mapa
y el rumor de las olas desplegaba mi capa
El mar ya no se cuida de ser redondo
No penséis en la muerte
No es fácil llegar al fondo
ni hacer de nuestra alfombra la rueda de la suerte
El sol nace en la mesa
y el árbol del poniente pierde las hojas viejas
Ésta es la cruz del mar
Nunca crece ni mengua
Esperad que la lámpara se oriente
Y entonces nuestros platos
girarán bellamente
a la música exacta de los astros


FUENTE

Mecanismo de amor
Mi grifo versifica mejor que el ruiseñor
Y eras tú y tu vestido
lo que todos los días he bebido
camino de la noche
junto al árbol real
mientras el viento espera
la hora de abrir el hospital
Pero tus ojos ya no vuelan
y las últimas ventanas están muertas
El agua en el balcòn
como un perro olvidado
Mi corazòn y el baño se vacían
Puedes dormir tranquila
No hay cuidado


PARAÍSO

A Moreno Villa

Danzar
Cautivos del bar
La vida es una torre
y el sol un palomar
Lancemos las camisas tendidas a volar
Por el piano arriba
subamos con los pies frescos de cada día
hay que dejar atrá
las estelas oxidadas
y el humo casi florecido
Hay que llegar sin hacer ruido
Bien saben los remeros
con sus alas de insecto que no pueden cantar
y que su proa no se atreviò a volar
Ellos son los pacientes hilanderos de rías
fumadores tenaces de espumas y de días
Danzar
Cautivos del bar
Porque las nubes cantan
aunque estén siempre abatidas las alas de la mar
De un lado a otro del mundo
los arcoiris van y vienen
para vosotros todos
los que perdisteis los trenes
Y también por vosotros
mi flauta hace girar los árboles
y el crepúsculo alza
los pechos y los mármoles
Las nubes son los pájaros
y el sol el palomar
Hurra
Cautivos del bar
La vida es una torre
que crece cada día sobre el nivel del mar


CANCIÓN FLUVIAL

A Juan Gris

Por las praderas giratorias
pasa sòlo una vez el río taciturno
cuando la noche toca su disco de gramòfono
y los pájaros cuelgan de los árboles mustios
Aún las últimas gotas de luna
perfuman de alcoholes los mantos de la bruma
y el tren que iba bendiciendo el panorama
no perdiò los kilòmetros ni el compás de la ruta
Pero dejemos esto
y descifremos bien este libro de texto
que el sol nos ha legado
con una sola página herida en el costado
La araña telegráfica
distribuye la noche
y mientras en su jaula de cristal
reposa el pozo vecinal
yo veo que la estrella y el multicopiador
enojan al poeta que ha volado al portal
Hay que cambiar de rumbo
y como quien se lleva las flores del paisaje
cargar sobre los hombros el lírico equipaje
Surtidores maduros
que ofrecéis en las márgenes
vuestros intactos frutos
Es preciso pasar como los vientos castos
sin coger de los árboles los astros
Mirad las lavanderas
nutriendo de colores las limpias faltriqueras
La espuma que levantan
sube a la misma altura
que esa copla que cantan
La luna muele estrellas
sin música y sin agua
y el amor aburrido
sube y baja
La marea es tu vientre
traspasado de gracia
y el amor desde el nido
rueda rueda
como el molino turbio
de la arboleda
Y por todo recuerdo
en el bolsillo mío el rumor de la presa
y un sabor de jabòn en el remanso
Los puentes fatigados
sobre la orilla derecha
duermen en espiral como los gatos
Tan sòlo los devotos pescadores
se arrodillan y esperan
que de su caña broten flores y banderas
La noche se derrama
y rompe el horizonte
Estamos terminando el drama
Los puentes de resorte
caminan de sur a norte
Y mi barca se ha dormido
sin hacer ruido
Una hora sube al cielo
Y en la cruz hacen su nido
la golondrina y mi pañuelo
Son las brisas del mar
las que cierran la noche y mi cantar


RIMA

Homenaje a Bécquer

Tus ojos oxigenan los rizos de la lluvia
y cuando el sol se pone en tus mejillas
tus cabellos no mojan ni la tarde es ya rubia

Amor Apaga la luna
No bebas tus palabras
ni viertas en mi vaso tus ojeras amargas
La mañana de verte se ha puesto morena
Enciende el sol Amor
v mata la verbena


OTOÑO

A J. Chabás Martí

Mujer densa de horas
y amarilla de frutos
como el sol de ayer
El reloj de los vientos te vio florecer
cuando en su jaula antigua
se arrancaba las plumas el terco atardecer
El reloj de los vientos
despertador de pájaros pascuales
que ha dado la vuelta al mundo
y hace juegos de agua en los advientos
De tus ojos la arena fluye en un río estéril
Y tantas mariposas distraídas
han fallecido en tu mirada
que las estrellas ya no alumbran nada
Mujer cultivadora
de semillas y auroras
Mujer en donde nacen las abejas
que fabrican las horas
Mujer puntual como la luna llena
Abre tu cabellera origen de los vientos
que vacía y sin muebles
mi colmena te espera


NOCHE DE REYES

A J. Díaz Fernández

El niño y el molino
han olvidado su único estribillo
Se ha callado la rueda en mi bemol
alrededor del pozo
por donde sube el agua y baja el sol
La mano en la mejilla
piensan las chimeneas que volarán un día
Hoy no vendrá la luna
ni pasará el borracho
entre el portal abierto y la canciòn de cuna
Aquí al pie del muro
fatigado del viaje
el viento se ha sentado
El policía lleno de fe
apunta las estrellas nuevas en el carnet
Y sin lograr atravesar el barrio
las fluviales carretas
cabecean en vano
Sòlo cantan alegres las veletas
Las casas melancòlicas
se peinan los tejados
Y una de ellas se muere
sin que nadie se entere
Esta noche no viene la luna
ni el farol al borracho le sirve de cuna


BAHÍA

A Luis Corona

Las semanas emergen
del fondo de los mares
y las algas decoran los bares
Para que tú te alejes y yo pueda cantar
esperaremos el regreso
del viento de artificio y de la pleamar
Por eso
y con un ruido que no es el de otras veces
en la bahía ha anclado
tu melena enmohecida
violín para los peces
y para los suicidas
Venid a ver las nubes familiares
en mi taller todas las tardes
Son los naipes del cielo que nadie ha marchitado
El humo de la fábrica
hizo su nido en mi tejado
para los fumadores
que en la cartera llevan
en muestrario completo de habituales colores
Y mientras yo modelo mi retrato columna
sobre los montes delicados
pisa desnuda la lluvia
En las manos me deja
su corona de espinas
y cantando se aleja
sobre los techos y los climas
Tu cabellera gime sin poder levar anclas
Embárcame contigo
timonel de las galernas
Que el enjambre goloso de tus lluvias
se me pose en el hombro y en la pierna


RECITAL

Por las noches el mar vuelve a mi alcoba
y en mis sábanas mueren las más jòvenes olas

No se puede dudar
del ángel volandero
ni del salto de agua
corazòn de la pianola

La mariposa nace del espejo
y a la luz derivada del periòdico
yo no me siento viejo

Debajo de mi lecho
pasa el río
y en la almohada marina
cesa ya de cantar el caracol vacío


ALDEA

Del campanario va a volar el día
pero las nubes mías no han vuelto todavía

Ni han regresado los corderos
de su viaje a la luna sin pacer los luceros

Aplicando el oído sobre el césped
en vez del tren o el grillo
se oye una pieza de organillo

Y el pastor no sabe
que en su cabaña está la noche
y que el molino es el motor del baile
Las vacas del establo
quieren lamer el sol
plato del día
que sirven los pintores de fantasía

Es la hora del cigarro y de la jaula
Sin mirar al reloj pernocta el gallo
y las estrellas tristes contemplan al caballo


HOTEL

A Alfonso Reyes

La frente sin laurel y sin sombrero
y el corazòn para el color de moda

A cada nuevo baile
el reloj pierde el paso
y se equivoca de hora

El viento nace de tu manto
y acaricia las frutas
desgajadas del tango

Vendimia de las nubes pisoteadas
y de las músicas amadas

Y el ritmo de los suspiros
hace girar las parejas
y acercarse a nosotros el vestíbulo

Cerrando bien los ojos
pienso en las travesías
y en los hoteles que anclan la quilla envejecida

Son las islas trasatlánticas donde crecen los mástiles y dan frutos de invierno donde los tísicos respiran el oxígeno tierno Al izar la bandera esparce por los aires plumas de cazadores y aromas de maderas E1 otoño marchita corbatas y sombreros y de la alfombra brota la primavera Ruleta del azar y de las temporadas Los jockeys de la moda sortean sus colores Y aquel que pierde la jugada tiene derecho a un vals para mudar de amores Yo amo el buen tiempo y el hotel y yo he visto mujeres de rizos calcinados Las olas las rociaban de espumas de cocktail


CANCIÓN DE CUNA

A Céline Arnauld

El viento de ida y vuelta y el abanico en calma
El tren ha muerto en la estaciòn de enfrente
y mi pañuelo cuelga de la rama más alta

Dejad que pasen los arroyos
Dejad que vuelen mis lágrimas
No permitáis en cambio que se acerquen
las ventanas lejanas

La noria seguirá
lavando los panales
y la playa acunando
los náufragos triviales


VENDIMIA

Leñador del ocaso
que perfumas los astros a tu paso

Guarda bien el compás buen leñador
y ten piedad del sol caído
unico salvavidas del rubio nadador

Guarda bien el compás
pero no cantes jamás

Canciòn bajo los árboles sin sangre
y frente al mar de luto
En el parque hay un árbol desleal
y mi poema en flor ya se ha hecho fruto

Leñador musical
Tu canciòn la ha aprendido mi loro pasional
y a su medida justa desfilan los minutos
Quién no sabe el secreto del color
Rasgar la túnica del viento
y arrancar del humo pòstumo
la fruta del amor

Pero tú leñador de las estrellas
no derribes sus hojas sobre el mar
que cuando el sol rescate la antigua primavera
se han de secar tu brazo y tu cantar


ADIÓS

Olvidados de la lluvia
se marchitarán mis dedos
No han de producir más flores
mis arrugados cabellos
ni la luna bajará
a coronarme el sombrero

Desde mañana
el sol ya no visita sus enfermos

Mujer
Lavandera fragante
del vinoso atardecer
que grabaste en la luna tantas veces
los emblemas nupciales
y en un pico del mar mis iniciales

Mujer

Cuando te alejes lenta sobre tu propia vida
veremos caer el sol
y las frutas podridas

Mientras tú bebas tus risas
balará mi acordeòn
buscando entre los arbustos
ritmos de tu corazòn

Los grillos contarán tus paso diminutos

Ni la luna se hará llena
aunque me digas
te quiero
ni ha de bajar ya la nieve
a bendecirme el sombrero


NOVELA
A Paul Dermée
La verja del jardín se ha cruzado de brazos

El viento ladra entre los troncos

El auto que pasaba se llevò los sollozos
y apaciguò el estanque

Diríase que el sol
se ha burlado del parque

He aquí los tres policías
a investigar el rapto
buscando huellas de la huida
por las teclas del piano

A cada nuevo indicio
un pájaro falso traspone el edificio
y sometida al interrogatorio
una estrella muda marcha al suplicio

Prosigamos adelante

La infatigable carretera
va y viene sin cesar por la ladera
Son las cinco de la tarde
Junto al arroyo el agua
y a muy pocos kilòmetros la primavera

La luna corre para llegar antes
Dònde están los amantes
Apenas las esquinas ciudadanas
se despidieron
hasta mañana
cuando se vio saltar de un coche
del brazo del traidor
la inesperada noche

El reloj de la torre dilatò su pupila

Y los gallos despistados
cuentan una hora más de las precisas

En todos los rincones hay un bulto
y una luz cuelga del balcòn
A cada paso del transeúnte
la luz cede y el cielo se resiente

Henos por fin ante el ladròn

El reloj ingenuo canta el crimen

Y entre el llorar de las cortinas
la luna estalla de pasiòn

La ciudad duerme en el sitio de costumbre
Y en el lugar del suceso
el farol asustado contempla al árbol preso


NIEVE

La noche marchò en tren
y el ala de mi verso se abre y se cierra bien

Hoy los corderos amontonan la risa

Es el día sin mar

Nunca estuvo tan cerca
la mujer hermosa
y el árbol escolar

La nieve sube y baja
y las orugas hilan la mortaja


PANORAMA

El cielo está hecho con lápices de colores
Mi americana intacta no ha visto los amores
Y nacido en las manos del jardinero
el arco iris riega los arbustos exteriores

Un pájaro perdido anida en mi sombrero

Las parejas de amantes marchitan el parquet

Y se oyen débilmente las òrdenes de Dios
que juega consigo mismo al ajedrez
Los niños cantan por abril
La nube verde y rosa ha llegado a la meta
Yo he visto nacer flores
entre las hojas del atril
y al cazador furtivo matar una cometa

En su escenario nuevo ensaya el verano
y en un rincòn del paisaje
la lluvia toca el piano


NUBES

A Eugenio D'Ors

Yo pastor de bulevares
desataba los bancos
y sentado en la orilla corriente del paseo
dejaba divagar mis corderos escolares

Todo habfa cesado
Mi cuaderno única fronda del invierno
y el kiosko bien anclado entre la espuma

Yo pensaba en los lechos sin rumbo siempre frescos
para fumar mis versos y contar las estrellas

Yo pensaba en mis nubes olas tibias del cielo
que buscan domicilio sin abatir el vuelo

Yo pensaba en los pliegues de las mañanas bellas
planchadas al revés que mi pañuelo

Pero para volar
es menester que el sol pendule
y que gire en la mano nuestra esfera armilar

Todo es distinto ya

Mi corazòn bailando equivoca a la estrella
y es tal la fiebre y la electricidad
que alumbra incandescente la botella

Ni la torre silvestre
distribuye los vientos girando lentamente
ni mis manos ordeñan las horas recipientes

Hay que esperar el desfile
de las borrascas y las profecías
Hay que esperar que nazca de la luna
el pájaro mesías

Todo tiene que llegar

El oleaje del cine es igual que el del mar
Los días lejanos cruzan por la pantalla
Banderas nunca vistas perfuman el espacio
y el teléfono trae ecos de batalla

Las olas dan la vuelta al mundo
Ya no hay exploradores del polo y del estrecho
y de una enfermedad desconocida
se mueren los turistas
la guía sobre el pecho

Las olas dan la vuelta al mundo

Yo me iría con ellas

Ellas todo lo han visto
No retornan jamás ni vuelven la cabeza
almohadas desahuciadas y sandalias de Cristo
Dejadme recostado eternamente

Yo fumaré mis versos y llevaré mis nubes
por todos los caminos de la tierra y del cielo

Y cuando vuelva el sol en su caballo blanco
mi lecho equilibrado alzará el vuelo


CUADRO

A Maurice Raynal

El mantel jiròn del cielo
es mi estandarte
y el licor del poniente
da su reflejo al arte

Yo prefiero el mar cerrado
y al sol le pongo sordina
Mi poesía y las manzanas
hacen la atmòsfera más fina

Enmedio la guitarra

Amémosla

Ella recoge el aire circundante
Es el desnudo nuevo
venus del siglo o madona sin infante

Bajo sus cuerdas los ríos pasan
y los pájaros beben el agua sin mancharla
Después de ver el cuadro
la luna es más precisa
y la vida más bella

El espejo doméstico ensaya una sonrisa
y en un trasporte de pasiòn
canta el agua enjaulada en la botella


CAMINO

A Jorge Guillén

Yo ya sé que es estéril
la rueda indagatoria
pero esta puerta de aspas será siempre mi noria

Las manos vacías suben
Las estrellas se van
Mis monedas son flores
y un día se mustiarán

Desde aquel día ya no habrá pastores

La calle cambia de postura
como mi barca semanal

La misma luna vive
de un ritmo vegetal

Dejemos el compés para el joven poeta
y a los astrònomos la ruleta
Las mariposas de hoy aman la oficina
Y esto no se interpreta
Nuevo día
Sin embargo yo soy el que ayer se moría
cuando cada farol era una herida mía

En la estaciòn del alba
han fijado el cartel
El sol consulta diariamente su ruta
y se provee de miel

A la orilla gastada del camino
mi sombra y yo nos despedimos

Y el tren que pasaba
ha dejado mis manos colmadas de racimos


ALEGORÍA

Vedme aquí caminando sobre mi propio verso
como el barco de la tarde
que deja sobre el mar un reguero de sangre

No os acerquéis vosotros a escucharme

ganadores del pan
y del licor de amor

Ya muriò el último intérprete
Llevaba en la mano la flor natural

Belleza sin jornal
Belleza clásica
de mi violín estival

Los pájaros aprenden mis endecasílabos
y la lluvia afina su guitarra enmohecida
Pasan bailando los días
Cada uno inventa una nueva figura
Y no creáis que esto es un juego

Es el verso sin humo
o el mar que se inaugura

Mi llave abre los trajes
y les extrae la carne interior

Corazòn del vestido
Guardarropa y poesía sin dolor


NOCTURNO
A Manuel Machado

Están todas

También las que se encienden en las noches de moda
Nace del cielo tanto humo
que ha oxidado mis ojos

Son sensibles al tacto las estrellas
No sé escribir a máquina sin ellas

Ellas lo saben todo
Graduar el mar febril
y refrescar mi sangre con su nieve infantil

La noche ha abierto el piano
y yo las digo adiòs con la mano


PASIÓN PENÚLTIMA

En su trineo bien atado
las golondrinas traen el viento
que encontraron en el pozo durmiendo

Probablemente hoy cantaran los amantes
y harán vivo el espacio las estrellas errantes

Hoy se siente romántico
el reloj en mi pecho
Y mientras pasa el marino
fumando su destino
el viento hace nacer las alas de mi lecho

Es la hora decisiva
La única hora todavía viva

Arboles del camino
Mañana ensayaréis vuestro saludo en vano
Sin embargo
algo queda

La estela de mi verso conduce al aeroplano
y los corderos llenan de humo la alameda


ECO
A Rodolfo Halffter

Repertorio del mar
Todos los días muda de programa y de traje
Cuánta música apòcrifa
Cuánto color teñido
Y còmo copia el cielo
su tela y su oleaje

Un velero naufraga
y Canta y canta y canta mi pañuelo

Se va alejando el mar
A veces se inclina un poco a la derecha
Pero siempre son nuevos sus versos de romance
mar exangüe de tantos mástiles y flechas

Los peces laboriosos
trenzando y destrenzando estelas

Está ya viejo el mar
Ya no puede cantar

y los navíos que cruzan
se deshojan de malestar

El color es ya aroma
y la música brisa

El último naufragio hoy a las seis

Mi flauta y la luna
hacen la espuma


LLUVIA
A G. Jean-Aubry

Puente arriba puente abajo
la lluvia está paseando
Del río nacen mis alas
y la luz es de los pájaros

Nosotros estamos tristes
Vosotros lo estáis también
Cuándo vendrá la primavera
a patinar sobre el andén

El invierno pasa y pasa
río abajo río arriba
Le ha visto la molinera
cruzar con la cabeza pensativa

El árbol cierra su paraguas
y de mi mano nace el frío
Pájaros viejos y estrellas
se equivocan de nido

Cruza la lluvia a la otra orilla
No he de maltratarla yo
Ella acelera el molino
y regula el reloj

El sol saldrá al revés mañana
y la lluvia vacía
volará a refugiarse en la campana


A José Bergamín

El violín descorre la cortina

Pende de un clavo la ventana

Aún esté clausurado el paisaje

El sol balòn de oxígeno
mantiene puro el cuadro
y la lluvia hace el barnizaje

Esta casa está viva
Dos veces por minuto
la ventana respira

Y de mis manos surge
esta humareda votiva

En la pared el cuadro muere todos los años

Yo soy el pianista otoñal
Yo abro y cierro la noche como un libro
e interpreto la música
de mi cielo manual

Podéis elegir
La hora y la puerta

Pero después de amar hay que morir

El viento deja de nuevo en blanco mi cuaderno

Otra vez a empezar

No busquéis en el techo al planeta paterno


ESPECTÁCULO
A Francisco Vighi

A la derecha un resplandor
Es el rubor del cielo
o el calcetín inmaculado
arco iris del suelo

Todo está intacto

El pichòn aprende el canto
y las reglas del vuelo
Hoy se renueva el río y el amor sin pacto

La música dirige el concilio de dioses
y la luna hace el entreacto

Otra vez el mar

Se ha declarado en huelga
y no quiere acompañar

El piloto descuida la estrella y el violín
y mi mano abanica los veleros cansados

Es como un solo de jardín
entre el murmullo de los prados

Buenos días

Es la primera vez que sale el sol sin hacer ruido
Y yo consulto en la guía
dònde se hace el trasbordo sin cambiar de vestido

Pasan las horas llevando mi equipaje
No sé si llegaré a tiempo al desenlace

Las estrellas se relevan por turno

Ultimá hora

Un instante se ha visto

Era el astro anular
o la aureola de Cristo

El bosque y la orquesta lloran

En mi reloj son las cuatro

Cae sobre el mar la lluvia
como un telòn de teatro


VERSOS
HUMANOS
(1919-1924)


RENACIMIENTO
Madrid, 1925

A José María de Cossío,
profesor de entusiasmo.


SONETOS


TEORÍA

Sòlo tres veces mi mirada ilusa
te contemplò. Y en mi álbum, pertinaces
tres siluetas precisas y fugaces
grabaste. A tu esquivez ya no hay excusa.

Si aunque lejana, efímera y confusa,
si aunque invisible eterna, no deshaces,
no oscureces la impronta, hagan las paces
mis ojos y tu imagen inconclusa.

Tu femenil curiosidad querría
saber quién soy. Yo soy aquel que un día
-Ille ego qui quondam-. Pero creo
que el secreto es mejor. A su princesa
el paladín del cisne no confiesa.
su nombre, ni yo el mío a tu deseo.

Mi nombre es la bandera jamás vista
impaciente de entrar en el combate.
El nacido cautivo que el rescate
año tras año espera. Ya optimista
pregöna mundos nuevos la conquista,
y el extraño argonauta va en su yate,
clavado en el costado el acicate,
al vellocino que quizás no exista.

Yo le veo avanzar sobre las ondas,
unánimes las velas y redondas,
abriendo un haz de líquidas centellas.

Mi nombre espera. Un día y otro día
lo están fraguando en lírica aljamía
con perdurables signos las estrellas.

¿Orgullo? No. Tú sabes que el poeta
vive de tres amores. Musa esquiva.
Gloria imposible para mientras viva.
Tornadiza mujer de ardua saeta.

Musa y gloria ¿qué importan si a la meta
la frente amarga de laurel y oliva
no halla una mano fresca y compasiva
que humanice su òrbita indiscreta?

Mujer: tú puedes ser las tres mujeres,
los tres amores, tres distintos seres
en una única estatua eterna y viva.

Que al menos cuarta vez mi vida cruces
y dejes a tu paso nuevas luces
de tu perpetua imagen fugitiva.

A veces simplemente un leve gesto,
una mirada apenas permitida
justifican de pronto nuestra vida
y un sino la señalan manifiesto.

Interviene el análisis. ¿Qué es esto?
Y abandonada al divagar la brida,
se ensancha el horizonte de la herida
frente a la irradiaciòn de lo supuesto.

Y aquellos ojos casi no aprendidos
relumbran con isòcronos latidos
en el cielo tenaz de la memoria.

Aquellos ojos tal vez inocentes
de que iluminan cándidos y ausentes
los rasgos de una fábula ilusoria.

Ilusiòn. Realidad. Ay, es preciso
que nos salga al encuentro una silueta
de mujer -carne y alma- que someta
nuestro voluble espíritu insumiso,
que haga fulgir en acerado viso
nuestra turbia mirada, que al poeta
le haga salir de sí, de esa su quieta
estéril experiencia de narciso.

Qué fácil es soñar después de verte
cuando cruzas tan lejos mi camino.
Y qué difícil este sueño abstracto,
cerrados bien los ojos al sol fuerte
y abiertos a aquel rastro peregrino
que aún de tu paso luce ardiente, intacto.

Pero es lo mismo. Lo que pretendemos,
lo que un día intuimos o soñamos
es la sola verdad. Somos los amos
de nuestros sueños. Ciegos Polifemos,
entrambas manos firmes en los remos,
el corvo litoral solicitamos,
y las núbiles frutas en los ramos
avariciamos lánguidos y extremos.

¿Quién nos podré quitar la no sabida
gloria de nuestro espíritu? Celosos
disimulos. Callemos. Los profanos
ojos nunca sabrán de su guarida.
E irá filtrando silenciosos posos
el licor de la vida en nuestras manos.

Y así el sueño y la vida son dos fieles
amigos en constante paralaje
y emprendemos unánimes el viaje,
puestos de acuerdo ya los dos rieles.

Y así, mujer, aunque ahora te receles,
como en verdad te vi, mi pupilaje
pagué a la realidad. Gusté el brebaje
e hice el milagro de volverlo mieles.

Con tus tenues, lejanos beneficios
voy atendiendo a taponar resquicios
de esta fábrica frágil de entresueño.

Y aunque tú no me ayudes con tu arrimo,
yo he de seguir velándola con mimo,
y encubriéndola al riesgo más pequeño.

Sin descifrar el íntimo acertijo
van devanando su destino exacto
-ellos qué saben del autodidacto-
los mendigos de espíritu. Yo exijo
mi raciòn de infinito. Yo dirijo
mi representaciòn y mi entreacto
y modelo febril, dòcil al tacto,
la ímproba flor que de mi sueño erijo.

Lírica voluntad de mi camino
contra la pauta impresa del destino.
Burla soberbia del azar artero.

Pero tú eres mis alas. Vuelve pronto.
Pero no alzaré sin ti el vuelo rastrero
y quebraré la curva del tramonto.

Y pues que tú mi oscuro nombre ignoras,
yo he de guardar el tuyo en el secreto.
Nadie lo ha de saber.
Yo pondré el veto
a las curiosidades avizoras.

No faltará quien piense que decoras
-poético pretexto- mi soneto,
cuando es tu realidad la que interpreto
en estas rimas transfiguradoras.

Tú me diste tu luz. De tu contorno
he vestido mi verso y mi destino
y en escorzo apresado a ti lo torno.

Mas no apuro el perfil. Lo difumino.
Toma mis versos. Ríndete al soborno
y haz tu estela tangente a mi camino.

(EPILOGO)

Por fin mis ojos áridos de sueño
te han vuelto a ver. Y ha sido una mañana,
como la vez primera tan lejana
que se me borra casi aquel diseño.

Soplaste de mi frente el torvo ceño
que anudaran la fiebre y la desgana,
y eres ya en tu presencia meridiana
la flor tenaz de mi imposible empeño.

¿Còmo pedirte más? Ya es excesivo
pago para mis versos ser tú el vivo
pasto celeste de mis ojos lentos.

No me niegues los tuyos, que se abreva
en ellos ya, sin que otras fuentes beba,
mi rebaño de ardientes pensamientos.


VOCACIÓN

Yo te invité a bailar. Y tú sumisa
te colgaste indolente de mis brazos.
Y estrechando sus giros y sus lazos
nos unía una rítmica precisa
en un latir confuso de regazos.
Grave, muda, ibas tú; ni una sonrisa,
ni una sombra en tu frente, clara, lisa,
ni una presiòn gradual en tus abrazos.

Y yo pensaba entonces: alma, instinto.
y añadía: mujer. Y te auscultaba
tus trémulas, secretas voluptades.

Pero no era eso, no. Era distinto.
Era que tras tus ropas palpitaba
un casto anhelo de maternidades.


HOJA DE ÁLBUM

Un álbum de mujer. Hoja tras hoja,
mariposas del arte labran huellas
frágiles, luminosas como estrellas
que sangran luz pálidamente roja.

Frivolidad profunda. Paradoja
que es una ciencia bella entre las bellas.
Licor de álbum. Herida de botellas
que un corazòn más que unos labios moja.

Pero cuando eres tú la catadora,
que sabes el sabor de cada hora
destilado en la miel de lo perfecto.
sus falsas lentejuelas no sacude
mi mariposa híbrida de insecto,
y en su pudor todo contacto elude.


ENVÍO

Como hoy empieza abril y nada esperas
de una amistad que hacia el desdén deslizas,
quiero enviarte estas flores primerizas.
Cuídalas bien, mujer. Si tú supieras...

Allá van a tus brazos prisioneras,
con la ilusiòn de ver si tú las brizas,
por ver si compasiva las bautizas
de lágrimas que en vano prohibir quieras.

Las guardarás después en tu museo,
junto a las otras ¿no? Yo así lo creo.
Nunca te dije las verás marchitas.

Levanta el rostro y mira en las praderas
celestes las perennes primaveras
de aquellas inmortales margaritas.


CANTO DE BODA
A P. S. y J. M. del C.

Por festejar, amigos, vuestra boda
se corona de flores mi barbecho,
y arrebolado el pájaro del pecho
mide su canto en el compás de moda.

La vida, esposos nuevos, vuestra es toda
y a vuestro entrelazado vuelo estrecho
el techo será cielo, el cielo techo
y árbol de luz que nunca sufre poda.

Cuando crucéis, las manos en las manos,
en los ojos, los profanos
paisajes florecidos, yo quisiera
robar a vuestro amor sòlo un minuto.
Pedid que al torpe célibe -flor, fruto-
le contagie y le salve primavera.


CONCHA ESPINA Y SU JARDÍN

Que la luna lo sepa y no lo cuente.
Que lo aprenda la estrella y no lo diga.
Y tú tampoco, hermana, novia, amiga:
no descubran los labios a la frente.

Pasa tú en paz, oreo del relente;
tu vuelo en muda discreciòn prosiga.
Y tú a quien vieja tentaciòn instiga,
murmuradora, charlatana fuente.

Dejadme a mf la gloria del secreto.
Este jardín umbrío y recoleto
no es, por cierto, el jardín de Concha Espina.

Es ella misma. Escucha còmo late
su corazòn, còmo la brisa bate
su amarga cabellera femenina.


EL CIPRÉS DE SILOS
A Ángel del Río

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegò a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú vuelto en cristales,
como tú negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.


NUEVO CUADERNO
DE SORIA


CIGÜERA

Cigüeña, vieja amiga de las ruinas,
la del pico de tabla y el vuelo campeador.
Cigüeña que custodias las glorias numantinas.
Cigüeña de las peñas de Calatañazor.

Amiga mía yo te vi en un cuento,
alado laberinto sobre una sola huella,
y aplaudí contra el zorro tu astucia en el comento
del plato y la botella:

Yo soñaba contigo, roja y blanca
sobre el nido de leña;
o en el vuelo extendida -pico, cuello, ala y zanca-
pero tú no bajabas a mi ciudad costeña.

Tú eras entonces milagrosa y buena,
hada madrina de los campanarios.
Cuando la nube amaga y la tormenta truena
guardabas del pedrisco los tesoros agrarios.

Ahora ya conozco tu apostura,
tu lento vuelo sesgo, tu paso señoril,
cigüeña de San Blas que nos augura
el luminoso abril.

Y así siempre te busco cuando voy de camino
y detengo mi ruta para verte volar,
y te envidio, cigüeña, tu bifronte destino,
tus inquietudes nòmadas, tu constancia de hogar.

Pero dime ¿por qué a Soria no llegas?,
¿por qué adusta la excluyes de tu decoraciòn?
Posa en ella tu casa. Tus alas aldeaniegas
humanicen la torre del Espino,
arrodeen la ermita cimera del Miròn.

Veríante los chicos al salir de la escuela
-lecciòn flexible de tu vuelo a vela-.
Veríante mis ojos
-magisterio de estilo, aventura y tutela-.

En ti como en esfinge lentamente maduro
mis sentidos cordiales del burgo y la meseta,
e inscribo mi futuro
en tu perfil que todo lo interpreta.

Todo. También, mocitas, vuestros sueños devana.
Vuelto de espaldas teje recuerdos el poeta,
mientras hiláis vosotras el prudente mañana.
Ques os vele el sosiego la esfinge castellana.


ROMANCE DEL VIENTO

Viento que el Urbiòn desata,
que el Moncayo nos envía
cuando la mañana asciende,
cuando la tarde declina,

cuando escoltada de estrellas
que su carromato aguijan,
la larga noche fecunda
de tumbo en tumbo camina.

Viento frío, entre las nieves,
pañales de tus puericias,
jugabas a la pelota
contra las rocas macizas.

Y ya adulto abofeteas
las invencibles encinas,
y los caminos arañas
y los astros esmerilas.

Nos arrebatas las flores
nos violas crudo las brisas,
y de mármoles que robas
esculpes nubes bravías.

Yo te odio si de los chopos
arrancas arpegios de ira,
si en los hilos telegráficos
ensayas tus chirimías.

Maldito seas. La frente
tú me la dejas barrida
y me avientas de los ojos
un rescoldo de cenizas.

Seas maldito, Molinos
no diviertan tus fatigas.
No rasguen libres veletas
tus entrañas de delicias.

No halles frondas cuyas telas
desgarren tus uñas lívidas,
frondas en el mayo verdes
o en el octubre cobrizas.

Sigue esclavo dando vueltas
a la turbina infinita,
sigue afanoso en la noria
de las noches y los días.


LA SOMBRA DE LAS ROCAS

La sombra de las rocas sobre el río en remanso
baja en escala aérea como a velar su sueño.
Las manos en la nuca, entre juncos descanso
con la mirada alta en el vuelo aguileño.

La sierra al otro lado la curva fluvial ciñe
y refleja en el río su piedra gris y malva.
Sobre el nivel preciso de la sombra se tiñe
de zumo de sol viejo su dolorosa calva.

Una barca a la orilla está invitando al viaje.
A lo lejos trabaja y discurre la presa.
Alguna vez en sueños yo me embarqué. El paisaje
era éste lo recuerdo- y la barca era ésa.

Las peñas eremíticas a través de una gasa
flotante y luminosa en el aire cernido,
y un teològico cuervo que hacia la izquierda pasa,
en el pico la hogaza en lugar del graznido.

Dejemos que la vida mansamente nos fluya.
Dejemos que la sangre resbale de la herida.
Que el hondo pensamiento en aire se diluya
y se lo lleve el aire trabado de la brida.

Y así mientras ajena nuestra conciencia flote,
las manos en la nuca y lejanos los pies,
desfilará en su barca de encanto don Quijote
o en su cuna de mimbres el infante Moisés.


PLAZUELAS

Plazuelas solitarias.
En diagonal de urgencia
os cruza el caballero,
la dama os atraviesa.

Sòlo los chicos ágiles,
las recientes doncellas,
juegan en vuestros ángulos,
en vuestros bancos sueñan.

Desde mi piso alto
te contemplo, plazuela,
desnuda de jardines,
florecida de arenas,

las seis acacias -llanto
de las seis cabelleras
compuestas y rizadas
que el viento no despeina-.

Soledad de once meses
soñando con las fiestas.
Columpios y charangas
y luces de la feria.


LA ESTACION DE LOS SUEROS
Y LOS TRENES

Disimulada y frágil como un nido
eres desde la paz de tus andenes,
libre de humo y carbòn, limpia de ruído
la estaciòn de los sueños y los trenes.

Emigran y regresan por tus vías
vagones con aperos de labranza,
locomotoras de olvidados días
dulces viajeras rumbo a la esperanza.

Tú a todos muda y casta los acoges,
los despides, sensible al desconsuelo,
y grabas en su alma íntimos bojes-
la sonrisa, la lágrima, el pañuelo.

Por ti se va, no a la ciudad doliente
sino al largo, torcido laberinto
del mundo. Soledades del ausente
vendrán luego a morir en tu recinto.

Viajeros del amor y la fortuna
de ti hicieron la llave de sus sueños.
Crujiò la cerradura. En parte alguna
vieron cuajar los sueños halagüeños.

No, tren mansueto de orden e ironía
que vas rezando el hilo del trayecto.
Tu eres cauce ejemplar de la poesía,
motivo a la presiòn del intelecto.

Los entresueños de la madrugada
son tus leves, divinos acarreos
entre pinos de línea torsionada,
por las trincheras de color burdeos.

Sobre la recta esbelta del viaducto
cuyo fragor avisa el fin del viaje,
invitando a gozar breve usufructo-
los líricos abismos del paisaje.

Momento que el zagal contempla absorto
desde el arroyo, la cabeza alzada:
el verde de hojalata del tren corto,
puente violeta y piedra sonrosada.

Estaciòn de la paz. Viajes beatos
de luminosa, inmarcesible estela.
En mi álbum de paisajes y retratos
los vuestros guardo en múltiple acuarela.


LETRILLA

Canta siempre y todavía
agua del Duero delgada.
En el recodo la umbría
te pule como a una espada,
camino del mar baldío.
Tardes de hastio
junto a las márgenes del riò.

Arriba el castillo viejo
se va tornando teatral del amarillo
al bermejo, del bermejo al cardenal.
Pronto morirá de frío.
Tardes de hastio
junto a las márgenes del río.

La tarde se queda yerta
entre las rocas macizas.
Es más morada la huerta.
Más verdes las hortalizas.
Y más blanco el caserío.
Tardes de hastío
junto a las márgenes del río.

Cantaba la lavandera
de un amor que al viento duda.
Suda el árbol de madera.
El santo de piedra suda.
Y el sudor es el rocío.
Tardes de hastío
junto a las márgenes del río.

Noche ya. Atravieso el puente,
puente de color de harina,
entre el cristal del relente
y el halo de la neblina.
Vendrá otro tiempo mejor.
Mañanas de amor
bajo los árboles en flor.


RETRATOS


MARIANO IÑIGUEZ

Este señor de barbas vegetales
y de mirada entre risueña y dura
gusta de orzar la proa a la aventura
sin miedo a los posibles vendavales.

Siega muslos, trepana parietales
y los huesos encaja en coyuntura.
Mas vedle diseñando con dulzura
los mapas y las gráficas puntuales.

Arbitrista de espíritu, proyecta
magnánimos ensueños no aprendidos
sobre la fauna de los libros raros,

y aunque libre y rebelde a toda secta,
se le humanizan tiernos los sentidos
viendo crecer al hijo de ojos claros.


MARIANO GRANADOS

¿De quién la libre frente y la sonora risa?
¿De quién es ese cuello de altivez española
que le vierais, surtiendo de almidonada gola,
tan suelto como hoy brota de la abierta camisa?

Es Mariano Granados. Una musa insumisa
le inspira cada hora el gesto irreparable.
En crisis de naufragio, suyo seria el cable
pues suya es la esperanza y la fe que improvisa.

En el mitin llamea su apostòlica blusa.
El foro cordializa su generosa toga.
Su estela de bencina deja fragante el Duero.

Por prieto el horizonte de Castilla rehúsa,
y un día, la mirada libre y abierta, boga
rumbo largo a las Indias por el oro y el fuero.


PEPE TUDELA

La dehesa estrenaba el verde de su sayo.
Era, tras de la misa, el domingo de mayo.

Una silueta aguda de pronto se revela
-esbelto canon gòtico-. Dije: Ése es Pepe Tudela.

Sin conocerle era la identidad bien clara.
Mil que con él vinieran, nunca le equivocara.

Bermeja y satinada le ardía la mejilla
del color que la piedra toma al sol de Castilla.

Sus ojos revelaban un perenne estupor
y era su risa un gozo de hermanito mayor.

Su hablar tenía un dejo agudo de honradez franca,
como el de don Miguel, rector de Salamanca.

Después viví a su lado la ciudad y el paisaje,
y el sentido del árbol y del mueble y del traje.

Su apasionada charla se abría en la tertulia
y era el claro fermento de la indolente abulia.

Huraño y silencioso, a su lado aprendí
a empezar a amar todas las cosas porque sí,

porque todas son buenas como el Dios que las hizo
y hay que estudiar sus gestos y sorprender su hechizo

y -alterno apostolado de biología andante-
canjear las estampas del mundo circundante.

La risa sin sentido de las niñas precoces
que rezuman sus labios impacientes de roces.

La sabrosa malicia de los adolescentes,
el modesto apetito de glorias inocentes

que el pequeño grande hombre apenas disimula,
el egoísmo magnífico con que sacia su gula

un menudo heliogábalo de tres años rollizos,
la niña que aún no muda los dientes primerizos

y sabe ya que es niña y se prueba collares
y se atusa en las sienes húmedos aladares.

Sòlo el amor desata el propio laberinto
porque la vida es santa y es sagrado el instinto

y el corazòn que ama -Fr. Luis lo dice- sabe
abrir y cerrar cielos y tierra con su llave.

Alado verso mío, a Soria la alta vuela
y un despierto saludo lleva a Pepe Tudela.


CARNAVAL DE SORIA

A Bernabé Herrero

Carnaval, triste alegría
de los corazones viejos.
Vacaciòn y algarabía
de estudiantillos vencejos.
Carnaval, sueño de un día
para la niña pintada
que se mira en los espejos.
Recelo de la casada
que oye el bullicio a los lejos.
Mísera carnavalada
sobre la tierra apagada
que se olvidò de soñar.
Carnaval de Soria helada,
yo te quería cantar.

El carnaval callejero
es rico en literatura.
Buen día para el prendero.
Mejor para la pintura.

(Carnavales de Evaristo
Valle, tintos de licores.
Los mascarones que ha visto
transfiguran sus colores.

Los peleles de badana.
El marica, el charlatán.
Lira de José Solana.
Paleta de Valle Inclán.)

Pobres ensueños grotescos
de la cotidiana arcilla.
Carnavales pintorescos
de los pueblos de Castilla.

También en Soria el absurdo
triunfa en gritos de color.
Pero hay junto a lo palurdo
un aroma de folklor.

Una alusiòn romeril,
una fragancia aldeana
en aquel verde mandil,
en aquel pañuelo grana.

Es la misma alma modesta
del pueblo que danza y grita
cuando celebra la fiesta
en el prado de la ermita.

Recelada en su rebozo,
la anciana, desde el portal,
contempla el agrio alborozo
y no entiende el Carnaval.

Ríe la mocita inquieta
de mejillas coloradas
mirando al cielo violeta
que se alza entre las fachadas.

Y arcoiris de papel
desde balcòn a balcòn
tienden un puente babel
de rizada ondulaciòn.

Carnaval del casino. Señoritas
que charlan y que ríen bajo el techo
pintado de bucòlicas marchitas,
de humo de tabaco. Y un maltrecho

piano de cola muestra sus extremas
teclas graves y agudos amarillas,
del color que adolecen en las yemas
los dedos barnizados de colillas.

Es la noche de gala del casino.
Inaugura la orquesta su programa
(hay fado portugués, tango argentino)
y entra indecisa la primera dama.

El baile luego se contagia y crece.
Maja, odalisca, apache y holandesa.
Y un negro capuchòn conduce y mece
a una frágil, pintada japonesa.

Bellas horas de cándida mentira.
Bella ilusiòn de no ser uno mismo,
de abrazar en el talle que suspira
una silueta de romanticismo.

Después el refrigerio en el descanso.
Las muchachas, rosadas y encendidas,
piensan, tras la aventura, en el remanso
mientras escancian ellos las bebidas.

Llega la hora de la madrugada.
Cristal de hielo en la desnuda frente.
Una risa, una voz, una palmada
y un dormir plúmbeo de convaleciente.

Carnaval de Soria.
Carnaval de Niza.
La carne ilusoria
se torna ceniza.

Tres horas fugaces
en el año lento.
Seda de disfraces
que se lleva el viento.

Pero hay algo eterno
que el sol no consume.
Un contacto tierno.
Un leve perfume.

Carnaval soriano.
Carnaval pequeño.
Yo soñé en tu mano.
Prolonga mi sueño.


GLOSAS

Déjame vivir verdades:
la verdad de tus miradas,
la de tus apasionadas
promesas de eternidades,
y entre tus sinceridades,
la doble verdad querida
con que llaman a la vida
tus dos palmas amorosas
cuando estrechan, perezosas,
mi mano desfallecida.


Gracias a ti salgo ileso
de ansiar pasado y futuro,
y amo el presente seguro
y vuelvo a sentir mi peso.
Sé que son caricia y beso
realidad de realidades,
y pues mis ojos no evades
cuando de cerca me miras,
no quiero vivir mentiras,
déjame vivir verdades.

Ahora empiezo a ver las cosas
a una luz clara y precisa.
Veo la risa en la risa
y las rosas en las rosas.
Y esta luz que torna hermosas
las cosas en oleadas
de profundas llamaradas,
es la lumbre verdadera
que no morirá aunque muera
la verdad de tus miradas.


¿Eras antes como ahora?
Ese resplandor profano,
¿fue alguna vez meridiano
o es ésta su limpia aurora?
Yo espiaría hora tras hora
las rutas iluminadas
por tus abiertas miradas,
la de tus horas prudentes,
la de tus indiferentes,
la de tus apasionadas.

Pero el pasado, ¿qué importa?
Sòlo el porvenir es nuestro
y él ha de ser el maestro
ante nuestra senda absorta.
Dicen que la vida es corta,
y es verdad. Pero hay verdades
más largas que las edades
y, entre ellas, las más benditas
son las de tus infinitas
promesas de eternidades.


Mujer, bien pronto aprendiste
a ser de veras mujer.
Yo te he enseñado a saber
estar muda y estar triste.
Ya sabes en qué consiste
este vivir -no te enfades-
temiendo infidelidades
y recelando cuestiones,
entre mis indecisiones
y entre tus sinceridades.

Que sea todo fealdad,
que todo sea mentira;
el consuelo de la lira,
el goce de la amistad.
Que triunfen la deslealtad
y el desencanto en la vida.
Qué más da si en la escondida
vida de nuestra pasiòn
es nuestra mutua adhesiòn
la doble verdad querida.


No. Dime que todo es cierto.
Dime, y siempre lo repitas,
que, vivo, me necesitas
y que me amarías, muerto.
Palabras que en mi inexperto
corazòn punzan la herida
con esa tu voz vencida,
sorda, opaca, casi inerte
con que triunfan de la muerte,
con que llaman a la vida.

Qué confianza en el destino
ésta que a tu lado siento.
Ahora ya no fío al viento
la razòn de mi camino.
Ahora estudio, ahora adivino
mi itinerario de rosas
descifrando las sinuosas
líneas laberinto un día-
que ofrecen en simetría
tus dos palmas amorosas.


Podrán los labios mentir
y aun los ojos engañar.
Tal vez me querrán celar
la verdad de tu sentir.
Pero inútil; al huir
se enreda en las temblorosas
manos, las fieles esposas
que burlándote inocentes
son, cuando aguardan, prudentes,
cuando estrechan, perezosas.

Yo quisiera devolverte
todo este bien que me haces.
Quisiera en perpetuas paces
atar la vida y la muerte.
Yo quisiera merecerte
y hacer tan tuya mi vida
como esta glosa dolida
que tus contornos abraza
y ahora verso a verso traza
mi mano desfallecida.

Como la brisa del mar que,
aunque tú no lo presumas,
secretos de las espumas
te pretende confiar.
Como la lumbre lunar
sin que de ello te des cuenta
en tus ojos se aposenta,
así mi luz y mi brisa
en tu mirada se irisa,
bajo tu cabello alienta.


Con secreta pluma el ave
diáfanas jornadas vuela.
Su cantar nos la revela.
Còmo llegò nadie sabe.
Así de muda es la llave
-puerta de la pleamar-
con que la luna solar
abre a la noche su urna,
luna que en los cielos turna
como la brisa del mar.

Turne la luna en sus fases
y las brisas en sus rosas,
que mis ansias sigilosas
miden justas sus compases.
Sombra, no me las atrases.
No me las deis prisa, brumas.
Ritmos y hálitos rezumas
de mis soledades graves,
lo mismo si ya lo sabes
que aunque tú no lo presumas.


Ten el oído siempre alerta
a insinuaciones fugaces
Nunca en ellas me rechaces.
Soy yo que llamo a tu puerta.
Yo el que con la mano yerta
de lejanías tan sumas,
mientras tus sueños esfumas,
te ofrece en senos de olas
fábulas de caracolas,
secretos de las espumas.

Piensas porque no me tocas,
piensas que ya no me tienes.
Sòlo en los torpes rehenes
de mis prendas aún me evocas.
Una sola las dos bocas,
los ojos de par en par,
múltiple abrazo de mar
requieres. No me conoces
cuando mi culto sus voces
te pretende confiar.


Mujer de tan poca fe
que cree aquello que pesa,
que sòlo admite la impresa
estampa que en sus ojos ve.
Y tú no sabes por qué,
pero un rastro singular
te hace sentir que a pesar
del espacio que desvía,
te asisto en la lejanía
como la lumbre lunar.

Todo eso que te circunda,
todo eso que te acompaña,
tu soledad aledaña,
tu ausencia muda y profunda.
Todo eso que te inunda
-aunque te juzgues exenta-
que te moja de violenta
espuma, mar en tu roca,
soy yo, que busco tu boca
sin que de ello te des cuenta.


Una impensada mañana
nuestro pájaro del pecho
envidia el álgido techo
que ve desde la ventana.
El libre vuelo devana
y el total afán intenta.
Y he aquí que se desorienta.
No sabe volar, ¿por dònde?
Y entre tus manos se esconde,
en tus ojos se aposenta.

Y ya no tiene remedio.
Mi jaula quedò vacía
y no hallo filosofía
que orne piadosa mi tedio.
Hay que intentar el asedio
al nido que se divisa
entre las ramas. Y a prisa,
porque así sòlo se gana
mi pájaro y mi ventana,
así mi luz y mi brisa.


Desde entonces domicilio
nuevo he aprendido a mi vuelo
domicilio paralelo,
dos celdas contra el exilio.
Alternativo, concilio
una y otra. Así indecisa
-derecha, izquierda- revisa
mi mirada su morada,
y volando atolondrada
en tu mirada se irisa.

Sòlo es abrazo en resumen,
íntegra caricia y roce
la de la brisa en el goce
absoluto del volumen.
En esta fruiciòn se sumen
todas las parciales. Lenta,
mi brisa tibia y sedienta
te abanica con el ala,
en tus perfiles resbala,
bajo tu cabello alienta.


CANCIONES

1
Catecismo de amor.
Una semipoesía
y un dejo de folklor.

Aunque alguno se ría
porque soñar es viejo
la musa de hoy fría,

y yo en sus joyas le dejo
y a soplos de pasiòn
empaño el limpio espejo,

y en sorda discreciòn
permito -todavía-
voces del corazòn.

Folklor -amor- poesía.

2
Parecía una mujer
y era una niña.

Después
parecía una niña
y era una mujer.

3
Pone al copiarte mi espejo
un poco de oscuridad.
El cielo es azul celeste
y azul marino la mar.

4
Como el viento en el aire,
como en el mar la ola,
como el agua en el río,
vas dejando una estela
sola, una invisible estela de vacío.

5
Aguja de mi destino,
quién te acertara a enhebrar.
Ola versátil del mar,
quién supiera tu camino.

-Pero hay aguja y hay seda.
Y en el mar agua que rueda.

6
Si el ayer muerto ya
fue algún tiempo un mañana sòlo mío,
este mañana de ahora nuestro,
¿cuando vendrá a ser hoy eterno?
Esperémosle juntos
y cuando sea nuestro
-para que nunca más se vaya-
entre nosotros dos le sentaremos.
Que Josué nos enseñe
a jugar con el sol a la cometa.

7
¿Por qué cuando te hablo
cierro los ojos?
Yo pienso en aquel día
en que tU me los cierres
-esperanza infinita-
a ver si mis palabras
costumbre larga mía-
pueden más que la muerte.

8
Fronteriza y elástica
la playa ¿es mar o es tierra?
Tú gustas de imprimir
en el borde tus huellas.

Un instante se ahondan
en la arena las manchas.
Se aclaran levemente.
Las limpia la resaca.

Y tú hilvanas de nuevo
tu jareta andariega.
Y la cubre otra orla
de clara espuma terca.

Porfía de elementos.
No ceja el campeonato
hasta que tú le cedes
tu pespunte arriesgado.

Derrota victoriosa.
Retirada perfecta.
Tus zapatos incòlumes.
burlaron la sorpresa.

La mar celosa esconde
en su museo íntimo
la reiterada estampa
de tus pies atrevidos.

Desde que tú las miras
la ola mejor se peina,
más cernida es la espuma,
la playa más morena.

9
Ayer soñaba.
Tú eras un árbol manso
-isla morada, abanico de brisa-
entre la siesta densa.
Y yo me adormecía.

Después yo era un arroyo
arqueaba mi lomo de agua limpia,
y como un gato mimado,
para rozarte al paso.

10
Juntos en el tranvía.
La mañana fulgía.
Orillas de la ría.
Alegría
de andar.

Juntos sobre la arena.
La tarde que encadena.
Y tú del sol morena.
Gozo y pena de amar.

11
Y esta voz es la tuya.
No sé lo que me ha dicho
-queja, pregunta o mimo-.
Esta -sin ti- voz tuya
¿còmo sin tú saberlo
ha emprendido el camino
sin que tú desates su cadena
y sin que ha venido?

12
Cantar de los cantares
Todos los días
Cantar
Está muy bien, poeta,
tu lírica receta.
Pero también
Vivir de los vivires
Todos los días
Vivir
Amar

Morir de los morires.

13
¿Por qué no sueño contigo?
Se sueña en lo que preocupa.
El sueño es pájaro y busca
atado al cabo de un hilo.

Se sueña mientras se busca.
Se busca hasta que se encuentra.
Mi pájaro libre vuela
desde mi jaula a la tuya.

Los portillos siempre abiertos
ni noche ni día cesa.
Del sueño escapa a la vela.
De la vela torna al sueño.

En todas partes te encuentra
absoluta y pertinaz.
Aquí y allí siempre estás.
Estás dormida y despierta.

14
Mi vida ya no es veleta
que gira a todos los vientos.
Es brújula firme y quieta,
pastora de pensamientos.

15
Una torre de rimas quise elevarte.
Escalaban tus cimas mis pisos de arte.
Naipe a naipe, el trabajo todos los días.
Vino un soplo, y abajo.
Tú sonreías.

16
Los futuros posibles que murieron,
ahora resucitados
-sòlo porque tú quieres-
delante van cantando.

Los pasados soñados y posibles,
pero nunca vividos
-aunque tú no lo quieras-
vienen detrás sumisos.

17
Una a una desmonté las piezas de tu alma.
Vi còmo era por dentro:
sus suaves coyunturas,
la resistencia esbelta de sus trazos.
Te aprendí palmo a palmo.
Pero perdí el secreto
de componerte.
Sé de tu alma menos que tú misma,
y el juguete difícil
es ya insoluble enigma.

18
Adentro, más adentro
hasta encontrar en mí todas las cosas.
Afuera, más afuera,
hasta llegar a ti en todas las cosas.

Secreto panteísmo.
Mi oraciòn es así.
Tú estás en todo
y todo en mí.

19
Quisiera ser convexo
para tu mano còncava.
Y como un tronco hueco
para acogerte en mi regazo
y darte sombra y sueño.
Suave y horizontal e interminable
para la huella alterna y presurosa
de tu pie izquierdo
y de tu pie derecho.
Ser de todas las formas
como agua siempre a gusto en cualquier vaso
siempre abrazándote por dentro.
Y también como vaso
para abrazar por fuera al mismo tiempo.
Como el agua hecha vaso
tu confín -dentro y fuera- siempre exacto.

20
¿Una hora? No. Cinco minutos.
El minutero -cierto-
dio la vuelta al mundo.
Pero es que nuestra aguja,
mientras estamos juntos,
es el horario maestro en disimulos.
Abajo en su esferita
-aprisa, aprisa-
se mueren los segundos
para medir el tiempo
los doctores de pulso,
y para que tú cuentes
mis latidos copiosos y menudos.

21
Mujer de ausencia,
escultura de música en el tiempo.
Cuando modelo el busto
faltan los pies y el rostro se deshizo.
Ni el retrato me fija con su química
el momento justo.
Es un silencio muerto
en la infinita melodía.
Mujer de ausencia, estatua
de sal que se disuelve, y la tortura
de forma sin materia.

22
Nos sorprende la lluvia.
Nuestros paraguas se abren
como sedientas frutas.

A la luz se satinan.
Ocho bocas simétricas
son las ocho varillas.

Y al pensamiento unánime,
cerrado el mío, el tuyo
nos inscribe en su oasis.

23
Lumínica pantalla.
Elaborada harina
del sol y de la luna
en la mecánica retina.
Luce la comedianta sus pestañas.
Y bajo tu sombrero
Yo,entre las tuyas miro en reverbero
la danza -diminuta- que fulgura
en la cámara oscura.

24
Siempre abiertos tus ojos
(muchas veces se dijo) como un faro.
Pero la luz que exhalan
no derrama su chorro en los naufragios.
Enjuto, aunque desnudo,
voy derivando orillas de tu radio.
Soy yo el que giro
como un satélite imantado.
Y dime. Esta luz mía -tuya- que devuelvo
¿a qué te sabe muerta en tu regazo?
¿Puede aumentar tu lumbre
este selenio resplandor lejano?

25
Acera de la calle
todos los días aprendida.
Cauce cabal a dos estelas justas
en una sola paralela vía.
Mientras ellos se sumen y se enturbian
tú y yo vamos bordando nuestra orilla.

25
Esta mi pasiòn se gasta,
se deshace en mil partículas,
se apura angustiosamente,
se trasustancia en cenizas.

Pero no como la vela
dòcil, callada y continua,
que a la vez que arde con ritmo,
servil esclava, ilumina,

sino más bien como el lápiz
con que te escribo las rimas
que en la capucha de níquel
sume su cabeza esquiva,

y que de madera prieta
se viste esbelta camisa
para proteger de riesgos
al tuétano de la mina.

Como este lápiz, mi amor
refrena sus avaricias.
Surtidor de vena negra
sus cristales no prodiga.

Mas grano a grano te ofrece
dulces palabras del día,
y en magnánimo derroche
se te vierte si le dictas.

Pero no temas que fine
-adivinanza, adivina-
porque es la pájara fénix
que vive de sus cenizas.

Arquitectura plena.
Equilibrio ideal.
Las olas verticales
y el mar horizontal

Tú oblicua.

La verticalidad,
voluntad de ola y trigo.
Yo me tiendo en la playa
para soñar contigo.

Tú oblicua.

Los puntos cardinales,
cabeza, pies y manos.
La rosa de los vientos,
de los vientos humanos.

Tú oblicua.

Norte. Sur. Este. Oeste.
Cenit. Nadir. No sigo.
Es imposible astucia
la de acertar contigo.

28
Mira el mar, siempre el mar. Es el eterno.
infatigable obrero batihoja,
que va puliendo el agua hoja tras hoja
y legando a la playa su cuaderno.

Rítmicos siempre, pero nunca iguales,
el viento va extendiendo con su pluma
los versos blancos de rizada espuma
que avanzan paralelos y triunfales.

Jamás le ha de fallar ritmo ni rima,
ni imagen justa ni materia prima.
Muere un verso en la arena y otro escribe.

Aprende su alfabeto, y deletrea
mi poema que en él eterno vive.
Yo para ti lo pienso y él lo crea.

29
Pero tú nada temas.
Cada año del futuro
me llevará -minúsculo trofeo-
un mechòn de cabellos en el puño.
¿Y nada más? Sí, Las estrellitas
se han de apagar por turno.
Y bogando en un mar chico de aceite
una, más fiel, me velará el sepulcro.

30
Me aleja el tren de ti.
Yo hacia adelante miro.
Es inútil; no aspiro a verte allí.

Contra ti me acomodo.
Tú a mi espalda de frente.
Y en mi espejo, presente lo veo todo.

Todo lo que haces veo
-cada vez más menudo-
el espejo mudo del tren correo.

31
No eres la misma la que eres ahora,
no eres la misma que yo aprendí ayer.
Eres, presente o ausente, traidora.
Rasgos iguales, distinta mujer.

Dime el secreto, la cifra, la clave.
Pueda yo abrirte y cerrarte a placer.
Ten sòlo celos de ti misma. Sabe
que eres traidora a ti misma, mujer.


ELEGÍAS


A ENRIQUE MENÉNDEZ

Una humilde corona,
dulce Enrique Menéndez,
de eternas siemprevivas
quisiera entretejerte,

que sobre tu sepulcro
calladas balanceen
sus espigados tallos
al soplo del nordeste.

Tú que amabas las flores
de tu huerto obediente,
tu huerto que en tu ausencia
tristemente florece,

acéptame estas pocas
florecillas silvestres
regadas de mis lágrimas
entre mis manos leves.

Flores de cada día
que corté amargamente
de mis pobres jardines
efímeros y estériles,

flores de cada hora
que mi tierra me ofrece
para adornar altares,
para decorar sienes.

Y qué ara más bendita
que tu sepulcro agreste,
divina jaula triste
sin cantor que la alegre.

Y a qué sienes ceñir
corona de laureles
como a estas tuyas nuevas
que ya nunca encanecen.

Aquí, pues, te las dejo
desmayadas y flébiles,
pero a nadie le digas
que hoy he venido a verte.

Los días van pasando.
Van pasando los meses.
Las flores y los pájaros
han vuelto y tú no vuelves.

Te arrancò de nosotros
la burladora muerte,
y desde entonces pisas
huertos siempre perennes.

Abajo, los poetas,
jardineros terrestres,
cantamos y cortamos
las flores del poniente.

Las del alba tú sòlo
las cosechas celeste,
del jardín de la vida
tras el mar de la muerte.

Te fuiste tú y seguimos
torpemente vivientes.
Qué vergüenza vivir
cuando los buenos mueren.

Toma estas flores tristes,
dulce Enrique Menéndez,
pero a nadie le digas
que hoy he venido a verte.


A JOSÉ DE CIRIA ESCALANTE

Aún no había nacido
su pubertad temprana
de las cenizas de la infancia muerta,
y ya inquieto en el nido
abría la ventana,
desnudaba de par en par la puerta.
Y ya por siempre abierta
la dejò al largo viento
que va de pensamiento en pensamiento.

Tiempos del Instituto,
los libros bajo el brazo
y una espiral de humo entre los dedos.
Día y hora y minuto
que en corbata de lazo
se trueca la chalina y sus remedos.
Y los sexuales miedos,
y el pantalòn que quiere
pasar de la rodilla y que allí muere.

Tiempos que aún están vivos,
que todavía alientan
y casi con las manos los tocamos.
Siete años fugitivos
apenas si se cuentan
y aún es dòcil la escena a mis reclamos,
la escena en que cruzamos
nuestras manos recientes,
a la amistad estrechas y calientes.

De entonces, cuántas cosas,
cuántas hondas miradas,
cuántas charlas alegres y febriles.
Las lecturas sabrosas,
cuadernos, galeradas,
pliego a pliego los libros juveniles.
Pudieran ser pueriles,
que sòlo por ser mía
mi estrofa acariciaba y repetía.

Juntos por la ribera,
por las atarazanas,
orilla de la mar, al Sardinero.
Tardes de primavera,
otoñales mañanas,
noches de agosto y julio verbenero.
Comentos del torero,
glosas de los pintores,
confidencias recònditas de amores.

Con cuidado y presura,
corto el paso, avanzaba
como quien llega tarde y va deprisa
y el plazo estrecho apura,
porque el día se acaba,
y hacia un fin sin sospecha urgente pisa.
Y la urgencia es precisa
porque la vida es corta
y llegar pronto y bien es lo que importa.

Ay, que un largo desgaste
nubla en los torpes tramos
la lúcida cenefa de tus huellas.
Y si tú ya llegaste,
nosotros nos quedamos,
indeciso el camino a las estrellas.
Tú que vives entre ellas
devana en nuestro instinto
el hilo conductor del laberinto.

Con él te tantearemos,
y la fe, mientras llega
el nuevo abrazo de la nueva aurora,
para que te busquemos
a la gallina ciega
nos ceñirá su venda soñadora.
Pues aunque estés ahora
oculto a mi mirada,
está en mí tu presencia recatada.

Guardaremos tu culto
-pulquérrima amargura-
los que fuimos tus fieles camaradas.
El hueco de tu bulto
inclinado perdura
a las abiertas páginas amadas.
Junto a las invioladas
tus caricias espera
-de hueso o de marfil- la plegadera.


VERSOS CANTÁBRICOS


LA PLAYA DE LOS PELIGROS

A mi hermano José

Playa de los Peligros: no sé por qué me evocas
la sensaciòn concreta de una isla de caribes,
tú que contemplas muda tras tus abruptas rocas
el desfile de dragas, de gánguiles, de algibes.

Allá, cuando era niño, leyendo a Julio Verne
debiò en mí germinar esta imagen bizarra,
y en mi sagrario vive. Hoy sobre mí se cierne,
tapa de mis recuerdos, este cielo pizarra.

Iba yo entonces solo por escollos y breñas
soñando en Robinsones y en aventuras locas,
y eran para mí islotes las verdinosas peñas
y acantilados trágicos las florecidas rocas.

Un bergantín anclado allá en el fondeadero
era el navío dòcil a la aventura incauta
del héroe en vacaciones, capitán quinceañero
que renovaba el mito del clásico argonauta.

La escena era tangible si entre las verdes algas
los broncíneos raqueros se bañaban desnudos,
y lucían sus torsos, sus muslos y sus nalgas
magjares tentadores de antropòfagos crudos.

Temblando de emociones veía la fragata,
los senos de las velas, blancos anfiteatros
opulentos al viento. En la borda, el pirata.
Arriba, la gaviota... el exötico albatros.

Escenario encantado para vivir novelas.
Viñeta que ilustraba mArgenes de relatos
por donde iban cruzando las blancas carabelas
erizadas de arpones para los ballenatos.

Playa de los peligros. Qué a gusto te concibe
mi interrumpida mente caníbal y remota.
Aun si entorno los ojos, el raquero es caribe,
el patache fragata, albatros la gaviota.


TIESTO

Tiesto. Jaula vegetal.
Pez en la tierra perdido.
Tiesto. Nostalgia y hastío.
Tiesto. Generosidad.

El tiesto brota una flor
que es un beso, que en las puntas
de los dedos aventura
al canario del balcòn.

Corresponde el divo y suelta
el chorro de sus arpegios.
Idilios de prisioneros
recluidos en sus celdas.

Mutuo amor correspondido
de dos desterrados. Baste.
Convirtamos las dos cárceles
en un solo paraíso.


ARRABALES DEL PUERTO

Arrabales modernos de los puertos.
Arenales desiertos.
Mercantiles barriadas,
sobre las tierras nuevas de arenas y de escoria
palmo a palmo robadas al mar.
Tierras jòvenes, vírgenes de tradiciòn e historia, tierras ilusionadas
que exaltan su lirismo por las cien bocanadas
de sus cien chimeneas sedientas de soñar.
Yo amo estos simétricos y sucios terraplenes surcados por los trenes,
sembrados de almacenes,
donde las mercancías duermen como personas
bajo las tejavanas y las lonas.

Y estas calles postreras
que aún sienten la sorpresa de no ser carreteras,
la sorpresa de aquella mañana lenta y fría
cuando pasò el primer tranvía
señalando una estela de extrarradios urbanos
y se hilò la gemela orla de unas aceras
para librar del barro los zapatos,
los zapatos baratos
que calzan primorosas las obreras.

Precaria arquitectura la de estos barrios llanos;
casas improvisadas, súbitos cobertizos,
fábricas cuartelarias: los símbolos humanos
sin culturas violentas ni alardes ni postizos,
instintivos, desnudos, primerizos.
Deliciosos colores, agrios, sucios, pizmientos,
prestan a las fachadas gestos con alma y vida.
Son espectros de crímenes, jugos de carne herida,
zumos de los que expenden los establecimientos
donde se soba el naipe y se ama la bebida.

Luego las noches turbias de brumas y de esplín.
A bordo del vapor o el bergantín
los marinos de Escocia, de Noruega, de Holanda,
oyen tocar la banda
en los roncos gramòfonos; o en los acordeones
ensayan las nostálgicas canciones
que aproximan las landas y los fiordos lejanos.
Y otros se marchan a soñar
entregándose en brazos de sus buenos hermanos
el ron de la bodega, la ginebra del bar.

Y las luces marinas, verdes, rojas y gualdas
y las de los anfibios faroles en hilera,
son como tus triunfales y nupciales guirnaldas,
verbena de tu fresca primavera,
arrabal bien nacido de la ciudad obrera.


BRINDIS

A mis amigos de Santander que festejaron mi nombramiento profesional.

Debiera ahora deciros: <<amigos,
muchas gracias>>; y sentarme, pero sin ripios.
Permitidme que os lo diga en tono lírico,
en verso, sí, pero libre y de capricho.

Amigos:
dentro de unos días me veré rodeado de chicos,
de chicos torpes y listos,
y dòciles y ariscos,
a muchas leguas de este Santander mío,
en un pueblo antiguo,
tranquilo
y frío.

Y les hablaré de versos y de hemistiquios,
y del Dante, y de Shakespeare, y de MoratIn (hijo),
y de pluscuamperfectos y de participios.
Y el uno bostezará y el otro me hará un guiño,
y otro, seguramente el más listo,
me pondrá un alias definitivo.
Y así pasaràn cursos y cursos monòtonos y prolijos.

Pero un día tendré un discípulo,
un verdadero discípulo,
y moldearé su alma de niño
y le haré hacerse nuevo y distinto,
distinto de mí y de todos; él mismo.
Y me guardará respeto y cariño.

Y ahora yo os digo: amigos,
brindemos por ese niño,
por ese predilecto discípulo,
por que mis dedos rígidos
acierten a modelar su espíritu
y mi llama lírica prenda en su corazòn virgíneo,
y por que siga su camino
intacto y limpio,
y por que éste mi discípulo
que inmortalizará mi nombre y mi apellido,
...sea el hijo,
el hijo
de uno de vosotros, amigos.


REGATAS

Regatas, blancas regatas
de mi niñez novelera.
Abordajes de piratas
sobre la mar marinera.

Diminuto espectador
que con los ojos abiertos
vuelas en tu mirador
a otras playas y otros puertos,

persiguiendo desde el muro
las paralelas estelas,
sagitario del maduro
arco tenso de las velas.

A la marina ruleta
apuestas tu corazòn
por el del aspa violeta
en el blanco grimpolòn,

aquel que pilota un hombre
con un ancla en el jersey,
el que lleva sobre el nombre
una corona de rey.

Espectador, no ha lugar
a que goces tus novelas.
Ya no es tiempo y en la mar
agonizan las estelas.

Deja que juegue y que ría
la frivolidad naval.
Tu vida será algún día
una regata mortal.


PLAYA A LA DERECHA

Esta playa morena de la ensenada angosta
que se nos abre y cierra momentánea y esquiva
cuando el tren curvilíneo deriva hacia la costa
y a brisa salobre su vuelo ágil aviva,

este mar imprevisto que la retina apresa,
deslumbrada entre uno y otro cañòn sombrío,
cuajando en perdurable estampa la sorpresa
ornada de gaviotas y ausente de navío,

se entregan, mar y playa, a un emulado canje.
él la besa de espumas, salivas de cien bocas,
y ella le corresponde cediendo de su alfanje
esa maravillosa ceniza de las rocas.

Indeleble marina que en pueriles novelas
fermentò nuestra ansia nerviosa de aventuras.
Marina que soñamos, no surcada de velas.
Playa de la isla virgen, incòlume de amuras.

Así, triste y lejana, desierta te apareces
a la margen derecha del soñoliento viaje;
pero tan presto huyes que olvidamos a veces
mirarte y no afligimos tu soledad salvaje.

No profanen tus senos recelosas lascivias,
frívolas abluciones, ritos de veraneos,
y guarda tu esquiveza, pues que con ella alivias
sueños de peregrinos de los trenes correos.

Ayer te vi de nuevo. Estaba adormecido
el mar y sesteaba en un liso letargo.
Su pecho tumultuoso suspendía el latido
y era una tentaciòn su inmòvil cuerpo amargo.

Pista de patinar era su terso anverso
hasta perder de vista para siempre esta jaula.
Y yo escuché: No temas, la fe te hará insumerso.
Las sandalias te guíen de Francisco de Paula.


EL SONETO DE CATORCE AROS

Está la noche limpia y clara.
Entra la luna en tu aposento.
¡Oh, si el espejo reflejara tu atolondrado pensamiento!

Están abiertos los balcones
para aspirar el aire puro.
La brisa trae insinuaciones
para tu cuerpo prematuro.

Estás alegre y triste y rara.
Algo en tu carne va a nacer.
(Bien te podrías llamar Sara, tal vez Judit, quizás Estar.)

Y hay un misterio que se aclara entre la luna y la mujer.


EL FARO

Centinela, despierta,
gira la luz del faro,
reloj horizontal de luminosa aguja.
Desde el Norte hasta el Norte, a la derecha,
todos los rumbos del cuadrante.
Y el haz de su destello,
una detrás de otra,
va iluminando todas las estelas,
la del mercante rumbo al mar del Norte,
la del patache lento,
paciente caracol de cabotaje,
y la del trasatlántico
que navega hacia América.
Y al dar la vuelta el faro las bendice.
Cuadrante si tu rosa
es la náutica rosa de los vientos,
tu luz, faro piadoso,
es la celeste estrella de las luces.
Un día morirá en una postura.
Torrero, tú lo sabes,
pero no cuál será.
Engrasa bien su noria.
Así la mula, con la venda puesta,
nunca adivina el rumbo, y obedece.


OFRENDA

A mis amigos de Gijòn, al aparecer mi .

Cuando a vosotros vine, regresaba de un viaje
-mieses agavilladas, calles color de anís-.
Se apagaba el verano, y en mi retina traje
amarillo de Soria y grises de París.

¿Comprendéis mi secreto? Mi oído era una urna
de castas soledades armoniosas de insectos,
de músicas de dancings, donde la moda turna
ritmos disciplinados en compases perfectos.

Y yo, desde la costa, frente al arco del abra,
pastoreaba antiguos rebaños de emociones,
y quebraba un marisco o una bella palabra
para ver qué escondían en sus caparazones.

Delicia de los ojos. Playa de San Lorenzo,
de Este a Oeste extendido su manto de canela.
La mirada perdida en el confín del lienzo
o acariciando el seno sonoro de la vela.

Y el mar me iba ofreciendo su muestrario de espumas
de jabòn, de gris plata, de licor verde o fresa,
efímeras estrellas disueltas entre brumas
para el hombre que sufre y la mujer que besa.

Naturaleza y Arte. La lecciòn de insistencia,
de reiterado impulso, de eternas tentativas.
Porque el mar sòlo es eso. Voluntad de presencia
y un ensayo paciente de estrofas sucesivas.

Así para mis versos cursé el aprendizaje,
buscando un equilibrio de belleza madura,
en esta villa vuestra que aún es casi paisaje
y no tiene dos casas de la misma estatura.

¿Vuestra? Y mía también. Devané en ella el ocio
que se tradujo en flores de una inútil poesía.
Pero no es todo estéril. Cumplí ese sacerdocio
de enseñar lo que apenas se aprende día a día.

Amigos: a vosotros estos versos de ofrenda
y a vuestra villa honrada del carbòn y el navío.
Camino a la Belleza, planté en ella mi tienda.
La ruta es imposible, pero el norte ya es mío.

El mapamundi me abre sus dos valvas gemelas.
Cruje de ociosas brisas mi náutico aparejo.
Acompañadme en tanto a remendar las velas
y a educir el elástico tubo del catalejo.

(1925)


VISITA AL MAR DEL SUR

A Rafael Alberti

De aquel mar me despedía,
mi cántabro mar maestro,
para buscar el mar nuestro,
mar nuestro de cada día.
Yo apostaba en la porfía,
sobre la vuelta de Ulises,
buen catador de países,
Colòn prudente de Thules
tras de las aguas azules,
como aquél tras de las grises.

Y al sur llegué. El panorama
desde los montes que piso
se dibuja alto y preciso,
pròdigo se desparrama.
Cerca, la encendida trama
de la vertiente en retazos.
Y arriba el mar visto a plazos,
sucesivo y momentáneo,
el arco mediterráneo
que rebasa de mis brazos.

Yo, por contrapunto, pienso
en mis cantiles del norte,
y traban mutuo soporte
visiòn fiel, recuerdo intenso.
Queda el presente indefenso.
El ayer triunfa. Y en plena
metamorfosis de arena,
bajo la luz que hago lluvia,
vierto aquella arena rubia
sobre esta playa morena.

Pero el sur vuelca su tinta
azul-negra. El horizonte
comba el lomo de bisonte
y ciñe el piélago en cinta.
Nace la luna distinta
y en plata la mar coagula.
La marea casi nula
mi pecho acalma y compasa.
La espuma antigua se tasa
y la brisa se estipula.

Noche disuelta en jazmines,
iluminada de escamas,
que pulsa en todas las-ramas
músicas de los confines.
Mullidora de cojines
para apoyar la cabeza,
sé a la unánime certeza
del sabor de este marisco,
que aquel mar que airaba el risco
es el que hoy se despereza.

Ya vuelvo al norte tranquilo.
Ya con doble voz dialogo,
y alternadamente bogo
mar yacente, mar en vilo.
Mi hipotético nautilo
me interna en un inexacto
mar, fruto de un limpio pacto,
mar arista, mar tabique,
mar que navega mi psique
al soplo de un viento abstracto.

(1925)


EPÍSTOLAS


A JOSÉ MARÍA DE COSSÍO

Al recibo de su libro


José María de Cossío:
Amigo y, más que amigo, hermano.
Tu espiritual, lírico envío,
llegò a mi nido castellano.

Y he interrumpido la lectura
de tus epístolas, beodo
con la orgiástica hermosura
de la que empieza de este modo:

... Nueve a nueve,
las nueve hermanas enlazadas
te entretejieron con su leve
paso las sílabas aladas.

.
Fidelidad, retorno al fin.
Eumeo el viejo y Euriclea,
y Helenus fiel, el buen mastín.

(Qué bien sonáis, nombres queridos,
en estos versos de violín
-cinco más cuatro- preferidos
de Luis Fernández Ardavín.)

Qué paz. Qué paz. Tranquilos, tersos,
cual en un friso entrelazados,
uno tras otro van tus versos
como a los puertos tus ganados.

Y van a Enrique, mansos, mansos,
a Enrique el bueno, el buen poeta,
dulce cantor de los remansos
y de la .

¡CuAnta poesía! ¡Qué riqueza!
Reposa el valle. Reza el río.
Mi alma revive la belleza
de aquellas horas del estío.

Hervor confuso de zumbidos
-sonora hamaca, siesta agreste-
un largo coro de balidos
y que trae del monte el noroeste.

Luego, a la noche, la velada.
Arde la luz, y el nieto un velo
pone a su voz emocionada
al leer los versos del abuelo.

Y mientras seca y recalienta
la chimenea nuestros trajes,
José del Río fuma y cuenta
.

Gracias, amigo, por tu envío.
Y ahora, no sino .
En la ciudad y el mes del frío,
hoy dieciséis,

Gerardo Diego.


A JOSÉ DEL RÍO SAINZ

Después de leer su libro
.

Tu musa ¿dònde fue el encuentro, José del Río?
¿En qué exòtico puerto contigo se cruzò?
Antes que tú la amases la vio Rubén Darío,
pero no le hizo caso. Sòlo a ti se entregò.

Sería en algún viaje por los mares norteños.
Tus ojos niños, turbios de contemplar las olas,
la verían absortos cruzar como entre sueños
bajo las ojerosas luces de las farolas.

Ella te contò versos en los sòrdidos bares
que huelen a tabaco y a hule y a pellejos,
y del brazo contigo se fue por esos mares
como una novia nueva que se quiere ir muy lejos.

Musa errante y curiosa de horizontes y tierras.
En tus soñados viajes cuántas cosas has visto.
Bonanzas y borrascas, y naufragios y guerras,
y un jiròn de la túnica roja del Anticristo.

Visiones infantiles. Panoramas de cromo.
Trepan los bersaglieri. Desfila el escuadròn.
Ejércitos pintados, soldaditos de plomo,
pero con un humano y ardiente corazòn.

Capitán de tus barcos, capitán de tus versos.
Tus versos y tus barcos nunca naufragarán.
Por mares y por tierras, bajo cielos diversos,
que te acompañe siempre tu musa, Capitán.


A JUAN LARREA

En su partida de España

Cuando por fin decides libertar tus amarras
y surcando el otoño contra las golondrinas,
amueblas tus canciones- en el norte, y desgarras
desteñidas esquelas y estrofas clandestinas;

cuando primera escala de tu viaje de bodas
con la Poesía intacta a París tiendes vuelo
y rasgas impaciente las vestiduras todas
de cinco años de célibe y de cinco de celo,
permite, amigo mío, que mientras te acomodas
en tu nupcial carruaje yo te tienda el pañuelo.

Eran los años frescos y eran los meses turbios
de nuestras primaveras de furores poéticos.
Y nuestras charlas líricas paseaban los suburbios,
fermentadas de odios a los dioses miméticos.

Era el diario poema y era el hallazgo urgente
y el zambullirse intrépido en líricos abismos,
y el volver del sondeo con el arduo presente
de una inédita especie de inquietos futurismos.

Y el gozo del regalo que, sin saber a veces
por qué, nos deparaba la intuitiva quirurgia,
y el sabor de un licor cuyas podridas heces
bailaban en un vaso de extraña metalurgia.

Una tarde, ¿te acuerdas? , nos llegò el meteoro.

A su fulgor supimos còmo se alquimia el oro
y se hace geometría la sombra del arcano.

Tú bien pronto prendiste tu portátil lucero
y en el cielo de España nadie el prodigio supo.
Yo, al riesgo de los soplos, tan sòlo un reverbero
en cuyo disco abierto vuestras luces agrupo.

Algunos halagaban las lejanas vislumbres
de mi fácil satélite. Le crefan planeta.
Pero yo les hablaba de lo que hay tras las cumbres,
de la voluble luna y del alba secreta.

Ya han pasado los años. Tu estrella de bolsillo
te guía con su llama que a tu arbitrio gradúas.
Mi sol falso, de viejo, se va haciendo amarillo.
Día a día se mella su corona de púas.

Bien sabes, Juan, que es cierto, que en poca agua naufrago.
Más de una vez temiste seriamente por mí.
Por eso, aunque te vayas, tu estrella de Rey Mago
que me alumbre este valle donde vivo y nací.

Siempre un pròximo estímulo necesito. Así ahora
sobre mi mesa muestra sus letras
el título de un libro donde a su dama adora
-imposible a él, hoy tuya Stéphane Mallarmé.

Al radio de mi brazo se me ofrecen actuales
el Gòngora de Hozes y mi Bocángel raro;
mi Bocángel, un cofre de esplendores verbales
cuyo oro hilado arde sus destellos de faro.

Ya adivino tu gesto esquivo y enigmático.
Sí. Ya te entiendo. Temes que me tienten las glosas,
que me contagie el morbo estéril del gramático
y en heroico herbolario pare el cultor de rosas.

No, amigo. Te prometo ganar siempre mi día,
como los de aquel mayo y junio, un lustro hace.
Por mi diario poema luchar con alegría,
y emprender en mi mapa tus viajes.


VIACRUCIS
(1931)

ÁGORA
Madrid

A la memoria de mi madre


LA ORACIÓN EN EL HUERTO

Por la puerta de la Fuente
fueron saliendo los once.
En medio viene Jesús
abriendo un surco en la noche.

Aguas negras del Cedròn,
de su túnica recogen
espumas de luna blanca
batida en brisas de torres.

Jesùs viene eomprobando.
Pastor, sus ovejas nobles,
y se le nublan los ojos
al no poder contar doce.

<Pues la Escritura lo dice,
me negaréis esta noche.
Herido el Pastor, la grey
dispersa le desconoce.>

Entre los mantos, relámpagos
de dos espadas relumbran.
La luna afila sus hielos
en las piedras de las tumbas.

Ya las chumberas, las pitas
erizan sienes de agujas
y quisieran llorar sangre
por sus coronadas puntas.

Ya entraron al huerto donde
las aceitunas se estrujan,
Getsemaní de los òleos,
hoy almazara de angustias.

Ya Pedro, Juan y Santiago
bajo un olivo se agrupan,
como un día en el Tabor,
aunque hoy sin lumbre sus túnicas.

La noche sigue volando
-alas de palma y de juncia-
y, llena de si, derrama
su triste látex la luna.

Se oye el rumor a lo lejos
de cortejos y cohortes.
Y el sueño pesa en los párpados
de los tres fieles mejores.

Jesùs, solo, abandonado,
huérfano, pavesa, Hombre,
macera su corazòn
en hiel de olvido y traiciones.


Sòlo el silencio le oye.
La misma naturaleza
que le ve, no le conoce.


Y, aunque lleno basta los bordes,
un corazòn bebe y bebe
sin que nadie le conforte.

El sudor cuaja en diamantes
sus helados esplendores,
diamantes que son rubíes
cuando las venas se rompen.

Por fin, un Ángel desciende,
mensajero de dulzuras,
y con un lienzo de nube
la mustia cabeza enjuga.

Ya la luz de las antorchas
encharca en movibles fugas
y acuchilla de siniestras
sombras el huerto de luna.

Los discípulos despiertan.
Huye, ciega, la lechuza.
Y Jesùs, livido y manso,
se ofrece al beso de Judas.


OFRENDA

Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas.
Clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí en mi torpe mejilla
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.

Déjame que te restañe
ese llanto cristalino,
y a la vera del camino
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia:
no quiero que sufras tanto.

Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
No, mi Niño. No, no hay quien
de mis brazos te desuna.
Y rayos tibios de luna
entre las pajas de miel
le acariciaban la piel
sin despertarle. Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emanuel.

¿Dònde está ya el mediodía
luminoso en que Gabriel
desde el marco del dintel
te saludò: Ave, María?
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario,
cítame en Getsemaní.

A ti, doncella graciosa,
hoy maestra de dolores,
playa de los pecadores,
nido en que el alma reposa.
A ti ofrezco, pulcra rosa,
las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María.


PRIMERA ESTACIÓN

Jesús sentenciado a muerte.
No bastan sudor, desvelo,
cáliz, corona, flagelo,
todo un pueblo a escarnecerte.
Condenan tu cuerpo inerte,
manso Jesús de mi olvido,
a que, abierto y exprimido,
derrame toda su esencia.
Y a tan cobarde sentencia
prestas en silencio oído.

Y soy yo mismo quien dicto
esa sentencia villana.
De mis propios labios mana
ese negro veredicto.
Yo me declaro convicto.
Yo te negué con Simòn.
Te vendí y te hice traiciòn.
con Pilatos y con Judas.
Y aún mis culpas desanudas
y me brindas el perdòn.


SEGUNDA ESTACIÓN

Jerusalén arde en fiestas.
Qué tremenda diversiòn
ver al Justo de Siòn
cargar con la cruz a cuestas.
Sus espaldas curva, prestas
a tan sobrehumano exceso,
y, olvidándose del peso
que sobre su hombro gravita,
con caridad infinita
imprime en la cruz un beso.

Tú el suplicio y yo el regalo.
Yo la gloria y Tú la afrenta
abrazado a la violenta
carga de una cruz de palo.
Y así, sin un intervalo,
sin una pausa siquiera,
tal vivo mi vida entera
que por mí te has alistado
voluntario abanderado
de esa maciza bandera.


TERCERA ESTACIÓN

A tan bárbara congoja
y pesadumbre declinas,
y tus rodillas divinas
se hincan en la tierra roja.
Y no hay nadie que te acoja.
En vano un auxilio imploras.
Vibra en ráfagas sonoras
el látigo del blasfemo.
Y en un esfuerzo supremo
lentamente te incorporas.

Como el cordero que viera
Juan, el dulce evangelista,
así estás ante mi vista
tendido con tu bandera.
Tu mansedumbre a una fiera
venciera y humillaría.
Ya el Cordero se ofrecía
por el mundo y sus pecados.
Con mis pies atropellados
como a un estorbo le hería.


CUARTA ESTACIÓN

Se ha abierto paso en las filas
una doliente Mujer.
Tu Madre te quiere ver
retratado en sus pupilas.
Lento, tu mirar destilas
y le hablas y la consuelas.
Còmo se rasgan las telas
de ese doble corazòn.
Quién medirá la pasiòn
de esas dos almas gemelas.

¿Cuándo en el mundo se ha visto
tal escena de agonía?
Cristo llora por María.
María llora por Cristo.
¿Y yo, firme, lo resisto?
¿Mi alma ha de quedar ajena?
Nazareno, Nazarena,
dadme siquiera una poca
de esa doble pena loca,
que quiero penar mi pena.


QUINTA ESTACIÓN

Ya no es posible que siga
Jesús el arduo sendero.
Le rinde el plúmbeo madero.
Le acongoja la fatiga.
Mas la muchedumbre obliga
a que prosiga el cortejo.
Dure hasta el fin el festejo.
Y la muerte se detiene
ante Simòn de Cirene,
que acude tardo y perplejo.

Pudiendo, Jesús, morir,
¿por qué apoyo solicitas?
Sin duda es que necesitas
vivir aún para sufrir.
Yo también quise vivir,
vivir siempre, vivir fuerte.
Y grité: Aléjate muerte.
Ven Tú, Jesús cireneo.
Ayúdame, que en ti creo
y aún es tiempo de ofenderte.


SEXTA ESTACIÓN

Fluye sangre de tus sienes
hasta cegarte los ojos.
Cubierto de hilillos rojos
el morado rostro tienes.
Y al contemplar còmo vienes
una mujer se atraviesa,
te enjuga el rostro y te besa.
La llamaban la Verònica.
Y exacta tu faz agònica
en el lienzo queda impresa.

Si a imagen y semejanza
tuya, Señor, nos hiciste,
de tu imagen me reviste
firme a olvido y a mudanza.
Seré mayor mi confianza
si en mi alma dejas la huella
de tu boca que nos sella
blancas promesas de paz,
de tu dolorida faz,
de tu mirada de estrella.


SÉPTIMA ESTACIÓN

Largo es el camino y lento
y el Cireneo se rinde.
El se ha trazado una linde
en su oscuro pensamiento.
Mientras disputa violento,
deja que la cruz se hunda
total, maciza, profunda,
sobre aquel único hombro.
Y como un humano escombro
cae Jesús por vez segunda.

¿Otra vez, señor, en tierra,
abrazado a tu estandarte?
Ese insistente postrarte
qué oculto sentido encierra?
Mas ya te entiendo. En la guerra
por ti luchando, transido
caeré en tierra y malherido
¿y no he de alzarme ya mas?
Yo sé que Tú me darás
la mano si te la pido.


OCTAVA ESTACIÓN

Qué vivo dolor aflige
a estas mujeres piadosas,
madres, hermanas, esposas,
sin culpa del .
Jesús a ellas se dirige.
Sus palabras, oídlas bien.
-Hjas de Jerusalén.
Llorad vuestro llanto, sí,
por vosotras, no por mí.
Por vuestros hijos también.

Por nosotros mismos, cierto.
Pero ¿quién por ti no llora?
Haz que llore hora tras hora
por mí tibio y por ti yerto.
Riégame este estéril huerto.
Quiébrame esta torva frente.
Ábreme una vena ardiente
de dulce y amargo llanto,
y espanta de mí este espanto
de hallar cegada mi fuente.


NOVENA ESTACIÓN

Ya caíste una, dos veces.
La rota túnica pisas
y aún entre mofas y risas
tendido a mis pies te ofreces.
Yo no sé a quién me pareces,
a quién me aludes así.
No sé qué haces junto a mí,
derribado con tu leño.
Yo no sé si ha sido un sueño
o si es verdad que te vi.

Y yo caigo una, dos, tres,
y otra vez más, y otra, y tantas.
Siempre tus espaldas santas
me sirvieron de pavés.
Ahora siento bien cuál es
la razòn de tus caídas.
Sí. Porque nuestras vencidas
almas no te tengan miedo
caes, oh humilde remedo,
y a abrazarte las convidas.


DÉCIMA ESTACIÓN

Ya desnudan al que viste
a las rosas y a los lirios.
Martirio entre los martirios
y entre las tristezas triste.
Qué sonrojo te reviste,
còmo tu rostro demudas
ante aquellas manos crudas
que te arrancan los vestidos
de sangre y sudor teñidos
sobre tus carnes desnudas.

Bella lecciòn de pudores
la que en este trance dictas,
tus candideces invictas
coloridas de rubores
Tú, que has teñido las flores
de tintas tan sonrosadas,
que en las castas alboradas
las nubes vistes de oro,
ay, devuélveme el tesoro
de mis flores marchitadas.


UNDÉCIMA ESTACIÓN

Por fin en la cruz te acuestas.
Te abren una y otra mano,
y un pie y otro soberano,
a todo, manso, te prestas.
y Luego entre Dimas y Gestas,
desencajado por crueles
distensiones de cordeles,
te clavan crucificado
y te punzan el costado
y te refrescan de hieles.

y que esto llegue es preciso
y así todo se consuma,
y, a la carga que te abruma,
el cuello inclinas sumiso.
Conmigo en el paraíso
serás hoy al buen ladròn
prometes. Tierna lecciòn
la de tus palabras ciertas.
Toma mis manos abiertas.
Toma mis pies: tuyos son.


DUODÉCIMA ESTACIÓN

Al pie de la cruz María
llora con la Magdalena,
y aquel a quien en la Cena
sobre todos prefería.
Ya palmo a palmo se enfría
el dòcil torso entreabierto.
Ya pende el cadáver yerto
como de la rama el fruto.
Cúbrete. cielo, de luto
porque ya la Vida ha muerto.

Profundo misterio. El Hijo
del Hombre, el que era la Luz
y la Vida muere en cruz,
en una cruz crucifijo.
Ya desde ahora te elijo
mi modelo en el estrecho
tránsito. Baja a mi lecho
el día que yo me muera,
y que mis manos de cera
te estrechen sobre mi pecho.


PENÚLTIMA ESTACIÓN

He aquí helados, cristalinos
sobre el virginal regazo,
muertos ya para el abrazo,
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
Qué soledad sin colores.
Oh, Madre mía, no llores.
Còmo lloraba María.
La llaman desde aquel día
la Virgen de los Dolores.

¿Quién fue el escultor que pudo
dar morbidez al marfil?
¿Quién apurò su buril
en el prodigio desnudo?
Yo Madre mía, fui el rudo
artífice, fui el profano
que modelé con mi mano
ese triunfo de la muerte
sobre el cual tu piedad vierte
cálidas perlas en vano.


ÚLTIMA ESTACIÓN

Fue un José el primer varòn
que a Jesús tomò en sus brazos,
y otro José en tiernos lazos
le estrecha de compasiòn.
Con grave, infinita unciòn
el sagrado cuerpo baja
y en un lienzo le amortaja.
Luego le da sepultura
y una piedra en la abertura
de la roca viva encaja.

Como pòstuma jornada
de tu vía de amargura,
admiro en la sepultura
tu heroica carne sellada.
Señor, ya no queda nada
por hacer. Señor, permite
que humildemente te imite,
que contigo viva y muera,
en luz no perecedera,
y que como Tú resucite.


A LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

¿Es de ingrávido sueño,
aire o magia refleja
este resplandor súbito,
esta erguida presencia?

Todo en torno se afirma,
se deslumbra, se ciega.
La piedra es más que nunca
piedra, gozosa piedra;

la humana piel confusa
de oscuros centinelas,
tañida del prodigio,
centellea evidencias,

y el alba, el alba tímida
tan mojada y tan tierna,
confirma de rubores
su inocencia perfecta.

Otra vez sobre el mundo
la Verdad se hace cierta,
cierta con certidumbre
transverberada, céntrica.

No el aire, no, ni el sueño
ni la magia espejean
este cuerpo armonioso
que fulgura y destella.

Las brisas le acarician,
la tierra le sustenta
y la luz que de él mana
le ciñe y le modela.

Pudiendo ser más leve
que plumas o humaredas,
humana, humildemente
pisa la hierba, y pesa,

y al goce del suavísimo
tacto, contacto, prenda,
invita -ábrase flores-
a las yemas incrédulas.

Resurrecciòn. Ob gloria
taladrada y tan nuestra,
tan de hueso y de carne
firme, caliente, fresca.

Por Ti, Jesús, tan nuevo
hoy con tus cinco estrellas
que en cifra dibujada
tu caridad constelan,

por Ti, Señor, devuelto
a la luz que te estrecha,
al amor que te ciñe,
al aura que te besa,

por ti, todo nos canta,
oh divina certeza
para después del tiempo,
quieta ya primavera.


POEMAS ADREDE
FÁBULA DE EQUIS Y ZEDA

A DONAIS
EDITORIAL HISPÁNICA
Madrid, 1943


POEMAS ADREDE
(1926-1943)


LA RECONVENCIÓN AMISTOSA

A Juan Guerrero Ruiz

Nada por hoy es más breve
que el amor junto al pasado
o que un gato recortado
en puro papel de nieve
Yo por eso mientras llueve
no digo mi profecía
La guardo día tras día
bajo unas alas tan buenas
que ya no la advierte apenas
desde el olvido el vigía

Ay del vigía que mide
el malestar y el arcano
y ay del que pasa la mano
por la ola y no la impide
Y del geòmetra y de
aquel que acercaba ayer
un fòsforo de mujer
a la conciencia del acto
y ay del pobre autodidacto
que no sabe atardecer

Escúchame pues Te ruego
Y acodada en lo probable
permíteme que te hable
entre tres naipes de fuego
Como en la costa del pliego
naufraga a veces la frente
quiero que tengas presente
en este dfa sin baño
que es un cuerpo el desengaño
con olas de adolescente

Quizá hayas visto en el hueco
de tus manos còmo baja
la virtud y còmo encaja
en el dique limpio y seco
Toda la música es fleco
que tú haces y el viento olvida
No dejes por Dios perdida
tu mirada de aluminio
Cíñete en corvo dominio
la corbata de tu vida

Tu vida es una corbata
circunvalaciòn del pozo
corbata verde sollozo
que se ata y se desata
Y una amable catarata
se abrirá si eres sencilla
que de la percha a la silla
caerá en pliegues de pañuelo
aunque ella y el violonchelo
tornen la nieve amarilla

El violonchelo que moja
y la nieve que se cansa
peinan nuestra ropa mansa
hilo a hilo y hoja a hoja
No te duermas Desaloja
los suspiros de tu busto
hasta que pesen el justo
volumen de tu arrebato
Así Ahora como un plato
duérmete si ése es tu gusto


IDILIO

A Oscar Esplá

Entre la esfera verde
que deja de su rastro una ágil cinta
y el arroyo que pierde
su calidad de tinta
al atar las rodillas de Jacinta

pasa en virtud de flauta
la hora que gira en torno al cenicero
y en el papel de pauta
que entre todos prefiero
de pequeño que es canta el jilguero

Canta la luz alterna
que se obtiene en los pechos de la infanta
y aunque nunca discierna
al céfiro y la planta
canta el honor y las semillas canta

Pero yo digo Oremos
por todos los inéditos regazos
por los brazos sin remos
por los remos sin brazos
y por los troncos vírgenes de hachazos

Sigamos ángel mudo
sigamos adelante sin jornada
sobre un caballo agudo
de precauciòn morada
buscando alas a Dios y agua horadada

Que es preferible suerte
coser con hilo triste el panorama
y el pecho ya no vierte
su arena ni derrama
por la ladera azul del telegrama

Ven a ver còmo asciende
el globo que se mueve por sonrisa
y la rueda que extiende
su proyecciòn precisa
y el martirio de Venus por la brisa

Venus esponja intacta
que se exprime y se hincha en su carroza
y a la madre que lacta
la rodea de loza
y de un soplo la colma y la alboroza

Escucha a los vencejos
la descripciòn leal de Palestina
y del monte a lo lejos
a la bella sobrina
ignorante del pecho y de la encina

y desde el horizonte
que gira al viento y duerme en línea recta
a entrelazar disponte
tu arteria predilecta
con la òrbita más pura y más correcta

Cuándo un ángulo nuevo
se pudo abrir con más bizarro brío
que éste que al cielo elevo
lado izquierdo el estío
derecho la abubilla en quien confío

La abubilla obediente
que canta de perfil nuestra promesa
que muere de repente
y de repente ilesa
de la muerte y del tròpico regresa

Entre paralelismos
de ráfagas y ríos imantados
el tren de cuatro abismos
conduce en sus costados
cuatro ángeles que juegan a los dados

Lejos del arroyuelo,
del contrato social y la balanza
más allá del pañuelo
donde casi no alcanza
la hidrografía en forma de esperanza

Paraíso sin mancos
que siembren a voleo en las afueras
Vacaciòn de los bancos
que negocian fronteras
última aduana de las primaveras

Allí podremos hija
desatar la cerviz del desconsuelo
Verás de tu sortija
dilatada de anhelo
henchirse un monje hasta emprender el vuelo


CANCIÓN MUY APASIONADA

A Federico García Lorca

Cuando la noche crece
contigo Clementina
entre la más divina
desnudez de intenciòn

cuando los astros pasan
en viajes de ida y vuelta
luciendo bien su esbelta
línea de flotaciòn

no indecisa te acerques
a trasponer umbrales
en busca de fatales
constantes de placer

ni me gires en torno
espléndida de datos
como los candidatos
al huracán de ayer

Aunque la mesa eleve
su brindis ilusorio
aunque el laboratorio
pese íntegro el afán

aunque digan las brisas
que interceptan el paso
<mañana será acaso
mañana radiarán>

gritan los ágiles
árboles del destino
alzando su genuino
humo amonestador

las altas cifras
de las temperaturas
las inseguras
lámparas del amor

Cruzarán las benévolas
señales de la alianza
y un lastre de esperanza
la cumbre vaciará

y fòrmulas de pájaros
se ensayarán en ciernes
tres veces cada viernes
y una el lunes quizá

Por eso Clementina
por eso no te espero
el veintitrés de enero
sobre mi hamaca gris

y por la línea férrea
de hojas de calendario
haré el itinerario
Trueno-Siesta-París

Ya la noche resigna
sus cábalas e inventos
y en tus brazos atentos
silba un aria de amor

y ya vuelven los astros
sonoros y livianos
a equilibrar arcanos
de babor y estribor

Y ahora ya no te atreves
pisadora de umbrales
a calcular fatales
constantes de placer

ni muestras me remites
pròdigas de retratos
como los candidatos
al huracán de ayer

Descarriado el destino
la noche ya se aleja
y entre tus brazos deja
su pulmòn de altitud

Y entre tanto yo pulso
con mis célebres manos
los cinco meridianos
del armilar latid

Quién sabrá burlar ágil
flámulas y escorbutos
Quién madura los frutos
colgados del azar

En la duda que vierte
su elixir de farmacia
brindemos por la gracia
libre del limonar


AZUCENAS EN CAMISA

A Fernando Villalòn

Venid a oír de rosas y azucenas
la alborotada esbelta risa
Venid a ver las rosas sin cadenas
las azucenas en camisa

Venid las amazonas del instinto
los caballeros sin espuelas
aquí al jardín injerto en laberinto
de girasoles y de bielas

Una música en níquel sustentada
cabellos curvos peina urgente
y hay sòlo una mejilla acelerada
y una oropéndola que miente

Agria sazòn la del febril minuto
todo picado de favores
cuando al jazmín le recomienda el luto
un ruiseñor de ruiseñores

Cuando el que vuelve de silbar a solas
el vals de
comienza a perseguir por las corolas
la certidumbre del sombrero

No amigos míos Vuelva la armonía
y el bienestar de los claveles
Mi corazòn amigos fue algún día
tierno galope de corceles

Quiero vivir La vida es nuevo estilo
grifo de amor grifo de llanto
Girafa del vivir Tu cuello en vilo
yo te estimulo y te levanto

Pasad jinetes leves de la aurora
hacia un oeste de violetas
Lejos de mí la trompa engañadora
y al ralantí vuestras corvetas

Tornan las nubes a extremar sus bordes
más cada día decisivos
y a su contacto puéblanse de acordes
los dulces nervios electivos

Rozan mis manos dádivas agudas
lunas calientes y dichosas
Sabed que desde hoy andan desnudas
las azucenas y las rosas


PIERDA

Roca o nube hermosísima almirante
del mar del sur entre osamentas grises
cuando irritan los látigos sus nimbos
y postulan la luz los nomeolvides

Alta paciencia alzando sus enigmas
a la regiòn donde las lluvias varan
libertad de venderte de escupirte
a ti sultana entre las hojas duras

Cuántas mechas aún prendiendo fuego
al sordo matarás sin sed ni trampa
por el puro placer de contar cuatro
cinco seis siete hasta desvanecerse

Pero ya estoy cansado respetadme
si driblo a un lado y a otro los planetas
y horizontal la frente destilando
gloriosísimas gotas de porfía

me arranco el niño que en mi pecho ladra
le arrojo a los rebaños transeúntes
y despojado limpio imprescriptible
pronuncio la palabra favorita

linda palabra clave predilecta
por pronunciar la cual las bestias gimen
y los rosales lloran su carencia
de bronce ronco su perfume esclavo

Esa palabra sésamo mirífica
de silabas de goma insigne Pierda


NO ESTA EL AIRE PROPICIO

No está el aire propicio para estampar mejillas
Se borraron las flechas que indicaban la ruta
más copiosa de pájaros para los que agonizan
Se arrastran por los suelos nubes sin corazòn
y a la garganta trepa la impostura del mundo

No está el aire propicio para cantar tus labios
tu nuca en desacuerdo con las leyes de física
ni tu pecho de interna geografía afectuosa

Las tijeras gorjean mejor que las calandrias
y no vuelven ya nunca si remontan el vuelo
y aquí en mi cercanía tres libros se aproximan
abiertos en la página donde muere una reina

Qué dulce despertar el del amor que existe
y qué existencia clara la del ojo que duerme
velado por las alas remotas de los párpados

Pétalos de difuntas miradas llueven llueven
y llueven llueven llueven Me sepultan los pies
las rodillas el vientre la cintura los hombros
Van a enterrarme vivo van a enterrarme vivo

No está el aire propicio para soñar contigo


GLOSA A MANRIQUE

Por mas merescer la gloria
de las altas alegrías de Cupido.


JORGE MANRIQUE

Delicada criatura
que entre las rocas floreces del ayer
no juzgues a desventura
si la luz paga con creces tu crecer

Bueno es que el sol te interprete
mejor que narre la luna tu conciencia
si el cierzo no compromete
tu mecer tierno entre cuna y entre ausencia

Cuando gimen de las olas
a puro volar de espumas los amores
no es para que en las consolas
se estrellen nácares plumas y rubores

Es porque te reconocen
y te aman y porque saben que en tu almohada
por cada surco que gocen
peces irán que te claven con su espada

Puedes al cielo negar
y te es lícita la duda de mujer
y hasta puedes ignorar
esa flor que se desnuda de placer

mas no importa porque el hombre
que del caracol aprende laberinto
sin que ya nada le asombre
tuerce por tu alma y hiende su recinto

Linda hipòtesis de llama
realidad de alta hermosura mi imposible
pues que la luz que te ama
te limita de locura indivisible

abrasa mi hilo-memoria
con las chispas que solfas
Te lo pido
por más merecer la gloria
de las altas alegrías de Cupido


SOBRE EL FILO

A José Luis Cano

Sobre el filo sin fin del laberinto
que permanece incòlume a los fuegos
de los astros visibles creadores
he de cantar porque mi lengua larga
lamiendo los desmayos de las flores
se contagie de abejas y pistilos
y se difunda en paz de latitudes

Vestido voy de ilícitas fragancias
y sobre el corazòn llevo en tres pliegues
mi pañuelo de niebla apasionada

No temo a los guijarros ni a las rosas
ni a la radiografía del relámpago
fiaré mis recònditos azules

Mapas de bellos límites menores
saldan en mi favor sus diferencias
y despeinadas òrbitas de arroyos
se me entretejen entre paso y paso

Súbito un horizonte gris de ejércitos
y banderas de trueno perforadas
me obturan sin cesar la perspectiva
y donde un tiempo mieses y viñedos
me sitian cercan la garganta ahogan
No puedo respirar cantar No puedo
Mi lengua ¿dònde está? No puedo hablaros


NEGRO HUMOR

A Rafael Morales

Oh la melancolía
de que haya noche y día

A la luz de los rasos
con ambiciòn de ocasos
que bien dibujaría
la flor de los fracasos

Oh la melancolía
de la caligrafía

Hiperbòlicamente
se corona el presente
de todo lo que huía
Melancòlicamente

Oh la melancolía
de que haya

El tapiz de la siesta
El tumor de la fiesta
que no se resolvía
El rumor que molesta

Oh la melancolía
de la impura poesía

¿Quieres jugar al negro
no al verde o blanco al negro
única lotería
la vida entera al negro?

Oh la melancolía
de la etimología

Amor ¿de dònde viene?
Carmesí ¿qué contiene?
¿Por qué
se han de escribir con ene?

Oh la melancolía
de que no te quería


PALABRAS PROFÉTICAS

Homenaje a San Juan de la Cruz

Arrastrar largamente la cola del desmayo
sin miedo a una posible rebeliòn de fragancia
Dejarse florecer durante el mes de mayo
de alelíes las manos los ojos de distancia

Perdonar a la lluvia su vocaciòn profunda
su amor de las estatuas su modelado egregio
perdonarla aunque luego sepamos que se inunda
de torsos mutilados el jardín del colegio

Olvidar los perfumes que lloran los colores
merecer los escorzos que renuevan el aire
Dimitir abdicar coronas y esplendores
corbatas fabulosas perdidas al desgaire

Porque querido amigo ya todo se compensa
mis deudas tus jazmines trastornos siderales
el muerto que se estira el caracol que piensa
y el ala de la tòrtola prolongando hospitales


FABULA DE EQUIS Y ZEDA
(1926-1929)


BRINDIS

A ti Basilio en igualdad de clima
con los signos más puros del paisaje
a ti que rozas la rebelde cima
con sòlo acariciar el fuselaje
a ti ante el coto de la reina en veda
en tres tiempos te brindo equis y zeda


EXPOSICION

Sobre el amor del delantal planchado
que en coincidir limítrofe se obstina
cerca del valle donde un puente ha inflado
el lomo del calor que se avecina
una torre graduada se levanta
orientada al arbitrio del que canta

Torre virtual que medra al simple tacto
y se deja inclinar si alguno piensa
gentil distribuidora del abstracto
òvalo verde de la recompensa
una tarde de esas en que sube
el caracol hermano de la nube

Una tarde de aquéllas sin testigo
muralla en torno de una llave inversa
en que vuela un color por todo amigo
del olivo al secreto y viceversa
sin saber -emisario a la jineta-
cuál de los polos es el de la meta

el viento que de todo hace botellas
y orejas tiernamente desdobladas
recogía su cola de ocho huellas
para entrar previo aviso de palmadas
en el cilindro liso del reducto
oloroso a clavel salvoconducto

En la almena más alta un ciervo bueno
alisaba sus cuernos y extendía
y el doble esquí nacido de su seno
con deportiva vocaciòn lamía
como si él condujese al misticismo
la rueda en flor del analfabetismo

De punta a punta de arpa un arquitecto
recorriendo su playa infatigable
calculaba el perímetro perfecto
a puro arpegio de oro venerable
y obtenido el nivel luego al soslayo
-metro plegable- desplegaba el rayo

Flor de la brisa o fruta agraz del viento
aquí y allá giraba en engranaje
empujando con mutuo vaivén lento
mecanismos del peine y del paisaje
paisaje virginal que se desvela
a la dòcil caricia paralela

Duchaba el sauce el beneficio verde
renovando su llanto meridiano
y el ciprés que de viejo el filo pierde
aprendía el dialecto cortesano
porque es común a sauces y a cipreses
nivelar presupuestos de marqueses

El arquitecto en posesiòn de orla
aplica ya peldaños de incremento
hacia la llama en ave de la borla
múltiple uve de alas en el viento
y con sus dedos -náufragos egregios-
de la barba se arranca los arpegios

Desde el sòtano así hasta la azotea
en espiral de cláusula ascendente
una oruga dentada se pasea
por disciplina y por que nadie intente
aprovechando ausencias de algún verbo
aclimatar dentro del arpa al ciervo

Pero mientras el sol por contrapeso
al sumirse en la bolsa de conciencia
hace ascender al firmamento impreso
en ceremonia de correspondencia
y todas las estrellas salvo alguna
en columna gradual miden la luna

Y mientras van glisando los secretos
de confesiòn por brazos y por ríos
e ilumina los triples parapetos
la batería gris de los rocíos
su barba el arquitecto abre y bifurca
y a bordo de ella costas de arpa surca

A bordo de ella gòndola en dos puntas
gòndola barba al viento que la estira
hasta llegar por láminas adjuntas
a limitar al sur con la mentira
a bordo de su barba navegaba
por el jardín de curvatura brava


AMOR

Gòngora, 1927

Era el mes que aplicaba sus teorías
cada vez que un amor nacía en torno
cediendo dòcil peso y calorías
cuándo por caridad ya para adorno
en beneficio de esos amadores
que hurtan siempre relámpagos y flores

Ella llevaba por vestido combo
un proyecto de arcángel en relieve
Del hombro al pie su línea exacta un rombo
que a armonizar con el clavel se atreve
A su paso en dos lunas o en dos frutos
se abrían los espacios absolutos

Amor amor obesidad hermana
soplo de fuelle hasta abombar las horas
y encontrarse al salir una mañana
que Dios es Dios sin colaboradoras
y que es azul la mano del grumete
-amor amor amor- de Seis a siete

Así con la mirada en lo improviso
barajando en la mano alas remotas
iba el galán ladréndole el aviso
de plumas blancas casi gaviotas
por las calles que huelen a pintura
siempre buscando a ella en cuadratura

Y vedla aquí equipando en jabòn tierno
globos que nunca han visto las espumas
vedla extrayendo de su propio invierno
la nieve en tiras la pasiòn en sumas
y en margaritas que pacerá el chivo
su porvenir listado en subjuntivo

Desde el plano sincero del diedro
que se queja al girar su arista viva
contempla el amador nivel de cedro
la amada que en su hipòtesis estriba
y acariciando el lomo del instante
disuelve sus dos manos en menguante

<A ti la bella entre las iniciales
la más genuina en tinta verde impresa
a ti imposible y lenta cuando sales
tangente cuando el céfiro regresa
a ti envío mi amada caravana
larga como el amor por la mañana

Si tus piernas que vencen los compases
silencioso el resorte de sus grados
si más difícil que los cuatro ases
telegrama en tu estela de venados
mis geometrías y mi sed desdeñas
no olvides canjear mis contraseñas

Luna en el horno tibio de aburridas
bien inflada de un gas que silba apenas
contempla mis rodillas doloridas
así no estallen tus mejillas llenas
contempla y dime si hay otro infortunio
comparable al desdén y al plenilunio

Y tú inicial del más esbelto cuello
que a tu tacto haces sòlida la espera
no me abandones no Yo haré un camello
del viento que en tus pechos desaltera
y para perseguir tu fuga en chasis
yo te daré un desierto y un oasis

Yo extraeré para ti la presuntuosa
raíz de la columna vespertina
Yo en fiel teorema de volumen rosa
te expondré el caso de la mandolina
Yo peces te traeré -entre crisantemos-
tan diminutos que los dos lloremos

Para ti el fruto de dos suaves nalgas
que al abrirse dan paso a una moneda
Para ti el arrebato de las algas
y el alelí de sálvese el que pueda
y los gusanos de pasar el rato
príncipes del azar en campeonato

Príncipes del azar Así el tecleo
en ritmo y luz de mecanografía
hace olvidar tu nombre y mi deseo
tu nombre que una estrella ama y enfría
Príncipes del azar gusanos leves
para pasar el rato entre las nieves

Pero tú voladora no te obstines
Para cantar de ti dame tu huella
La cruzaré de cuerdas de violines
Y he de esperar que el sol se ponga en ella
Yo inscribiré en tu rombo mi programa
conocido del mar desde que ama>

Y resumiendo el amador su dicho
recogiò los suspiros redondeles
y abandonado al humo del capricho
se dejò resbalar por dos rieles
Una sesiòn de circo se iniciaba
en la constelaciòn decimoctava


DESENLACE

Todo es pendiente que al patín convida
Por el plano inclinado de elegancia
resbala de pie el río pierna unida
Y la vida entre un margen de constancia
y otro de arena gris madura corre
atando un nudo en torno a cada torre

Todo es pendiente y sin el ciervo ajeno
bello de regadío consumado
no tiñe nuestros dedos el sereno
éxtasis puntiagudo anaranjado
ni se detiene libre fija quieta
òptica de la fe la bicicleta

Dònde va con su barba el arquitecto
si de la playa se alejaba el arpa
Dònde volò el arcángel del proyecto
y ella -rombo o clavel- a qué hora zarpa
Nuestra mano de azar sus hilos pierde
y sobre el piano olvida el color verde

La luna acecha esbelta sin remedio
el cero ocho de los vendavales
y con la muerte se equilibra el tedio
en la pureza de los dos pedales
Pendiente sin opciòn pendiente en suma
cruel como la conducta de la espuma

Es la hora exacta de los capiteles
que pliegan sus follajes convecinos
La historia ya de los amantes fieles
se reduce a muy pocos Apeninos
Uno dos tres tal vez quién lo diría
cuatro no más a fuerza de miopía

Por eso en impudor de paralelas
flechado de recíprocos espejos
el otoño nacido entre vihuelas
se nos va lejos cada vez más lejos
Ya apenas se le huele en nuestros trajes
el vuestro el mío el tuyo de los viajes

Quién será que elimine la pendiente
graduando a flor de nubes su desvío
quién a los naipes fabulosamente
reducirá el color en descarrío
quién si la muerte llama por tres veces
dejará de entregar oros y peces

Quién sabré riò erguido que patinas
juntos los pies unidas tus dos alas
quién adivinará cuándo te inclinas
si aquí en mi pecho ay la recta embalas
Mas ya el álamo aguza y silba el pito
y el asfalto hacia atrás sube hasta el mito

Árbol filial para el dolor nacido
álamo tierno de vicisitudes
Tú también como el astro arrepentido
sin precisiòn de brisa no lo dudes
tú torcerás también cifras fatales
y el guarismo hilarás de los mortales

Tú solo único ya aunque a nadie avises
despierto entre el dormir de aves y trenes
solo sin madmoaseles y sin mises
rondas de adioses brotas de tus sienes
al revés que si piedra el agua sonda
círculos sume y cierra onda tras onda

Piedad de asfalto atardecer de lona
sollozo sin pistola abandonado
En mi ciudad trasciende una persona
a imán entre violetas olvidado
Todo el paisaje está si lo sacudes
dulcemente podrido de laúdes

Es el juicio final de los lebreles
deliberado al ras de la garganta
Por el plano elegante en desniveles
la bicicleta inmòvil gira y canta
Oh cielo es para ti su rueda y rueda
Equis canta la una la otra zeda


ROMANCES
(1918-1941)

BIBLIOTECA POÉTICA
EDICIONES PATRIA
CUADERNOS DE POESÍA
1941

Selecciòn y pròlogo del autor
A Jesús Nieto Pena


HALLAZGO DEL AIRE

¿El aire? No. Aún no existe.
Nadie lo ha visto, nadie.
Trepan ramas las hojas
sedientas a buscarle.
Copas, cúpulas, torres,
agujas, flechas ágiles.
le sueñan. Le persiguen
alpinistas acròbatas
sin identificarle.

Porque ese azul es cielo
y es azul. Y lo sabe.
Y el viento es sòlo música
y la brisa mensajes.

Mas de pronto, un zumbido
siniestro que se abre,
abanico de buitres,
preñez de vientres graves.
Y el cenit que se quiebra
y se despeñan ¿ángeles,
jerifaltes? Son águilas,
las soberbias caudales.

Qué curvas, laberintos,
coordenadas, alardes,
rúbricas, arabescos
mágicos del combate.
Entre el cielo y la tierra,
el fuego inventa el aire.

¡Victoria! Ocho, diez, veinte,
treinta llamas fatales
se derrumban estruendo
de tinieblas nictálopes.
Huyen las alas torpes.
Las felices, audaces.
tejen coronas, signos,
sublimes espirales,
se pierden en los senos,
ya evidentes, del aire.

Paz otra vez, sosiego.
Los niveles, unánimes.
La alondra en su peldaño.
En el suyo el arcángel.
La casa de Loreto
navega por el aire.


ALONDRA DE VERDAD
(1941)

EDICIONES ESCORIAL
Madrid, 1941

A Agustín Temiño y Emilio Carranza


I

1

SONETO MÍO
Anhelante arquitecto de colmena,
voy labrando celdilla tras celdilla
y las voy amueblando de amarilla
miel y de cera virgen y morena.

Miel, flor de flores, que unge y envenena
de alada dulcedumbre nuestra arcilla,
y cera, que es espíritu, que brilla
y en figura de juego se enajena.

Abejas, abrasad la fortaleza.
Lenguas de oro exalten su corteza
y transverberen su volumen puro.

Vive, soneto mío, altiva llama,
canta para el que sueña y el que ama,
sin consumirte ardiendo hacia el futuro.

2

GIRALDA

Giralda en prisma puro de Sevilla,
nivelada del plomo y de la estrella,
molde en engaste azul, torre sin mella,
palma de arquitectura sin semilla.

Si su espejo la brisa enfrente brilla,
no te contemples -ay, Narcisa- en ella,
que no se mude esa tu piel doncella,
toda naranja al sol que se te humilla.

Al contraluz de luna limonera,
tu arista es el bisel, hoja barbera
que su más bella vertical depura.

Resbala el tacto su caricia vana.
Yo mudéjar te quiero y no cristiana.
Volumen nada más: base y altura

3

A BEETHOVEN

Esa luz sobre el mundo, esa alegría
que del dolor brotò, firme e ilesa,
y ese tullido éxtasis, y esa
giratoria guirnalda noche y día,

y esa música, en fin, ¿es que reía
Julieta así, miraba así Teresa?
¿Son ellas? ¿Eres tú? ¿Qué fiel promesa
ilumina esas nubes todavía?

Contigo voy, a navegar los lagos
de tus sonatas, cálidas de halagos,
madres de almas salvadas de la nada.

Que al vuelo de la noche desvaría
esa música o lumbre enamorada,
la luna: .

4

LA ASUNCIÓN DE LA ROSA

Tanto una rosa un ruiseñor eleva
cuando de su garganta abre el paisaje,
que logra que del lazo se desgaje
y suelta salte y auras brinde y beba.

Mírala ya en la luz que se renueva,
cristal de aurora en torno de su viaje,
mírala esbelta, en éxtasis de encaje,
por el aire ascender que se la lleva.

Al cielo sube ya, libre, sin andas,
mecida entre compases ruiseñores
-álzaba, gorjeador, alta, en volandas-

en asunciòn la rosa y resplandores,
ya invisible en la cima, entre educandas,
novicia en la clausura de las flores.

5

ANTE LAS TORRES DE COMPOSTELA

También la piedra, si hay estrellas, vuela.
Sobre la noche biselada y fría,
creced, mellizos lirios de osadía,
creced, pujad, torres de Compostela.

Campo de estrellas vuestra frente anhela,
silenciosas maestras de porfía.
En mi pecho -ay, amor- mi fantasía
torres más altas labra. El alma vela.

Y ella -tú- aquí, conmigo, aunque no alcanzas
con tus dedos mis torres de esperanzas
como yo estas de piedra con los míos,

contempla entre mis torres las estrellas
-no estas de otoño, bòrralas- aquellas
de nuestro agosto ardiendo en sueños fríos.

6

INSOMNIO

Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo,
y tú, inocente, duermes bajo el cielo.
Tú por tu sueño y por el mar las naves.

En cárceles de espacio, aéreas llaves
te me encierran, recluyen, roban. Hielo,
cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo
que alce hasta ti las alas de mis aves.

Saber que duermes té, cierta, segura
-cauce fiel de abandono, línea pura-,
tan cerca de mis brazos maniatados.

Qué pavorosa esclavitud de isleño,
yo insomne, loco, en los acantilados,
las naves por el mar, tú por tu sueño.

7

A ROBERTO SCHUMANN

Compadéceme tú, que entre frutales
estrellas del azul, castos claveles,
arpas de fuego, gustas, tocas, hueles,
miras, escuchas, cantas... Esponsales

-escuchas, cantas- sobrenaturales
te ciñen para que en sus ondas fieles
-oh, celeste impaciente te consueles
de haber vivido en límites reales.

Compadéceme pues, ahora que alcanzas
tu fugitiva música, y contigo
la ocultas, y tus brazos -ya- la gozan

Yo, arrebatado de desesperanzas,
música tuya adentro sigo y sigo
y no sé si mis dedos -ay la rozan.

8

ALONDRA DE VERDAD

Alondra de verdad, alondra mía,
¿quién te nivela altísima y te instala
en tu hamaca de música, ala y ala
múltiples, locas en la aurora fría?

Tu ebria garganta canta, desafía,
charla líquido oro, abre una escala
de jubiloso azul, tu Guatemala
deshecha a borbotones de poesía.

Flores de alta meseta, tus pestañas
se abren en torno, incòlumes y extrañas,
nuevas a las avispas del sondeo.

Ay, gorjeadora de mortal estilo,
quémame en chispas de tu centelleo,
mi de verdad alondra, alondra en vilo.


II

9

FLORES APENAS

Flores de ágiles luces de cinema,
flores de sueño, flores de ceniza,
esa pierna, ese torso, esa melliza
sesga mirada que fulgura y quema,

la blanca nuca en flor y la diadema
de cabellos en flor que se abre y riza,
còmo resbaladiza se desliza
esa vida, la vida que no rema.

Óptica diminuta, el mar y el sable,
las espumas que extienden sus labores.
Vidrios sobre el mantel, plano palpable,

delicia al tacto de ojos bebedores.
Nada sois, nada, engaño irreparable,
flores apenas, flores, flores, flores.

10

REVELACIÓN

Era en Numancia, al tiempo que declina
la tarde del agosto augusto y lento,
Numancia del silencio y de la ruina,
alma de libertad, trono del viento.

La luz se hacía por momentos mina
de transparencia y desvanecimiento,
diafanidad de ausencia vespertina,
esperanza, esperanza del portento.

Súbito ¿donde? un pájaro sin lira,
sin rama, sin atril, canta, delira,
flota en la cima de su fiebre aguda.

Vivo latir de Dios nos goteaba,
risa y charla de Dios, libre y desnuda.
Y el pájaro, sabiéndolo, cantaba.

11

ECLIPSE PARCIAL DE SOL
(PLAYA AL AMANECER)

A Horacio Villa

Naciò el sol de los hondos paralelos
del remoto horizonte. Era una vela
isoscélica, roja, y una estela
de sangre hasta la playa de mis duelos.

Silencio de estupor. Se alzaron vuelos
de aves marinas. Sobre la gemela
infinitud de arriba, abriò su tela
un edredòn de nubes de los cielos.

Qué lejanías, cuántas libertades,
qué ilimitadas elasticidades
la débil luz naranja ahondarme quiso

para el verde emigrar de mi mirada.
Nunca vi tan distante el paraíso,
perdida en el confín la última grada.

12

VARIANTE DEL ECLIPSE
A Álvaro Piñal

Naciò allá el sol, en la marina raya.
Era un arco sin flecha, era una vela
carmín, rumbo al nordeste, y una estela
de sangre hasta la linde de mi playa.

Silencio. Soledad. Tímida, ensaya
la garza airosa su primicia y vuela.
Y el cielo se decora de una tela
-claro edredòn de nube- azul y gaya.

Qué lejanías, cuántas libertades,
qué ilimitadas elasticidades
para el verde emigrar de mi mirada.

Nunca vi tan sin fin el firmamento
como a la luz de aquella madrugada,
luna en el sol, eclipse a barlovento.

13

NIEBLA

¿Te acuerdas? Junto al mar, que restallaba
sus árboles de espuma vengadora,
cada instante más íntima, la hora,
al desmayar, nos sensibilizaba.

De puntillas, el faro atalayaba
tanta otoñal inmensidad sonora.
Él sòlo vio acercarse a la invasora,
nòrdica bruma hacia la costa brava.

Qué isla de niebla ya. Ceñía el mundo
-pálido estuche entre algodòn vacía-
nuestro temblor de razas primitivas.

Solos, en el destierro más profundo.
El ciego mar, las rocas auditivas,
el aire inverosímil, tuyo y mío.

14

DISTANCIA

Sin verte, sin oírte, sin tocarte,
lejos de mí, dormida, no, despierta
-sueños acumulados-, y la incierta
postura y la indecisa voz y el arte

de ignorarnos los dos, ¿dònde encontrarte,
a través invisible de qué puerta,
a sorprender qué desmemoria yerta,
qué mirada ahogada de hastiarte?

Ajena a ti, ausente de ti, yaces,
flotas, del viento leve a la deriva,
nube en los mares, y en los cielos, ola.

Fiel a ti misma, sin cesar renaces,
nueva a mi tacto, a mi deseo viva.
Yo, sin ti, oscuro y tú, allá lejos, sola.

15

BAHÍA NATAL
A Gerardo de Alvear

Cristal feliz de mi niñez huraña,
mi clásica y romántica bahía,
consuelo de hermosura y geografía,
bella entre bellas del harem de España.

La Luna sus mil lunas en ti baña
-tu pleamar, qué amor de cada día-,
y te rinden reflejo y pleitesía
montañas, cielo y luz de la Montaña.

Mi alma todas tus horas, una a una,
sabe y distingue y nombra y encadena.
De mi vivir errante fuiste cuna

nodriza, y de mis sueños madre plena.
La muerte, madre mía, a ti me una,
agua en tu agua, arena de tu arena.

16

CUMBRE DE URBIÓN
A Joaquín Gòmez de LLARENA

Es la cumbre, por fin, la última cumbre.
Y mis ojos en torno hacen la ronda
y cantan el perfil, a la redonda,
de media España y su fanal de lumbre.

Leve es la tierra. Toda pesadumbre
se desvanece en cenital rotonda.
Y al beso y tacto de infinita onda
duermen sierras y valles su costumbre.

Geología yacente, sin más huellas
que una nostalgia trémula de aquellas
palmas de Dios palpando su relieve.

Pero algo, Urbiòn, no duerme en tu nevero,
que entre pañales de tu virgen nieve
sin cesar nace y llora el niño Duero.

17

NOCHE DE LUNA

Por la piadosa luna amamantada,
bebe la tierra azul su compasiva,
cándida leche -oh beatitud pasiva-
y de su azar se siente consolada.

Mis sentidos derriban su morada:
esencias de astros, roces de evasiva
piel, música que el ritmo de ala aviva,
gula infinita, luna ilimitada.

Luna, luna absoluta, laberinto
de identidad, varita de virtudes,
¿soy yo la luna?, ¿sueño?, ¿estoy demente?

Y transgrediendo el corporal recinto,
me vierto en plenitud de plenitudes,
fuera de mí, maravillosamente.

18

FUGITIVA

Aún con los gemelos se divisa
de pie, esbelta en la borda, tu silueta
-adiòs-. Y còmo con tu echarpe inquieta
firma rúbricas ágiles la brisa

Desde esta geografía tan precisa
a tu fábula imantas la veleta.
Ya se perdiò invisible mi cometa
y aún su latir hasta mis manos glisa.

Y yo pienso en tus Indias, en tus lagos
y en tus volcanes -tu niñez florida,
tus ojos conjugando aguas y fuegos-.

Y allá te vas -te vuelves-, rumbos vagos,
fecha de oro por los aires ciegos,
mi alondra de verdad, desvanecida.

19

CUARTO DE BAÑO
A Eusebio Oliver

Qué claridad de playa al mediodía,
qué olor de mar, qué tumbos, cerca, lejos,
si, entre espumas y platas y azulejos,
Venus renace a la mitología.

Concha de porcelana, el baño fía
su parto al largo amor de los espejos,
que, deslumbrados, ciegos de reflejos,
se empañan de un rubor de niebla fría.

He aquí, olorosa, la diosa desnuda.
Nimbo de suavidad su piel exuda
y en el aire se absuelve y se demora.

Venus, esquiva en su rebozo, huye.
Su alma por los espejos se diluye,
y solo olvido- un grifo llora y llora.


AMOR

Dentro, en tus ojos, donde calla y duerme
un palpitar de acuario submarino,
quisiera -licor tenue al difumino-
hundirme, decantarme, adormecerme.

Y a través de tu espalda, pura, inerme,
que me trasluce el ritmo de andantino
de tu anhelar, si en ella me reclino,
quisiera trasvasarme y extenderme.

Multiplicar mi nido en tus regazos
innumerables, que al cerrar los brazos
no encontrases mi carne, en ti disuelta.

Y que mi alma, en bulto y tacto vuelta,
te resbalase en torno, transparente
como tu frente, amor, como tu frente.

21

A FRANZ SCHUBERT

Felicidad de primaveras puras
cuando a abrirse en candor la flor se atreve,
maravillas del río que se mueve
inmòvil en cristal de conjeturas,

fechas de amor, amor de criaturas
humanas que en azules ojos bebe,
y -azul de cielo azul, blanca de nieve-
tu melodía en paz de alturas.

Pozos que el alma trémula revelan,
olvido de la vida y sus campanas,
novias que ríen, ángeles que vuelan,

niños que alcanzan, trepan tus acordes.
Y, de rocío y lágrimas tempranas,
por ti mi corazòn hasta los bordes.

22

VIENTO SUR
A José G. Solana

No existe el aire ya. Las lejanías
están aquí al alcance de la mano.
Evidente es el mundo y tan cercano.
He aquí la densidad que apetecías.

La luz se cierne en mineralogías
tan de ardiente osatura y primer plano,
qe me brota este grito sobrehumano:
Gloria al bramar de las montañas mías.

Es el viento que encrespa sus bisontes,
que en bravo alarde de torsiòn y ultraje
lomos restalla de olas y de montes.

El viento que me empapa de paisaje.
Sur viento sur, enròlame en tu viaje
y ráptadame en tus brazos de horizontes.


III

23

MAR Y REFLEJO

Tendido entre dos mares me deslizo,
eje de simetría. Un paralelo
huir, resbalar atrás de techo y suelo,
pez duplicado, pájaro mellizo.

Y yo, irreal, fingido, entre el hechizo
de espumas al morir, yacente en vuelo,
soy el sueño de un vidrio, soy un cielo
o un dios tal vez, la flecha, el tiempo huidizo.

Sí, dios, aquí, entre estelas de amargura,
que abajo, arriba, al borde de una amura
tejen su tela y cantan su cantar.

Agua y cristal se amaron tiernamente.
Su niño soy, mi piel el beso siente,
criatura del mar y de la mar.

24

ANTÍPODAS

Viajero austral, no miro a las montañas
ni al mar pensando en ti. En lo profundo
del planeta a mis pies mis ojos hundo,
hinco y tuerzo raíces soterrañas.

Corteza vegetal, prietas marañas,
calientes rocas, minas del trasmundo;
fuego o metal, del cáncer infecundo
buceo ya las lòbregas entrañas.

Ya por opuestas zonas voy abriendo
surcos de luz entre tinieblas densas,
proyectil del amor, alas plegadas.

Mas no puedo aflorar, trance tremendo.
Alerta, alerta, ¿me oyes? ¿En qué piensas?
Bajo tus pies, ¿no sientes mis llamadas?

25

SUCESIVA

Déjame acariciarte lentamente,
déjame lentamente comprobarte,
ver que eres de verdad, un continuarte
de ti misma a ti misma extensamente.

Onda tras onda irradian de tu frente
y mansamente, apenas sin rizarte,
rompen sus diez espumas al besarte
de tus pies en la playa adolescente.

Así te quiero, fluida y sucesiva,
manantial tú de ti, agua furtiva,
música para el tacto perezosa.

Así te quiero, en límites pequeños,
aquí y allá, fragmentos, lirio, rosa,
y tu unidad después, luz de mis sueños.

26

ADIÓS

Adiòs, islas malayas, bizarría
y capricho del mar, lujo del moro,
playas de Mindanao y de Mindoro,
bajo las palmas que el aire mecía.

Bronces humanos, siempre en melodía
de escorzo, aladas danzas, meteoro
de flamígero ritmo y krises de oro
y núbiles doncellas de Oceanía.

Adiòs, volcanes de abrasadas minas,
alzando erectos, vírgenes, sus pechos
y sus lagos que sueñan con las nieves.

Adiòs, puestas de sol en los estrechos,
laberinto de fuego, islas divinas,
Sabang, Penang, Panay, Bali, Celebes.

27

RADIOGRAMA

Que muero de impaciencia. A mí, sirenas,
náyades, ninfas, múltiple cohete.
Aquí, latitud norte, grado siete,
indio mar, meridiano de mis penas.

Abandonad alcázares, entenas,
fanales de fragata, que os promete
mi divino Camoens un grumete,
tatuaje carmesí y azules venas.

Socorred a esta nave de fortuna,
remoto caracol, torpe camella.
La adelantan la brisa, el sol, la luna.

Amor, ¿a cuántas millas, ay, tu estrella?
Pronto, deprisa, avante, Todas a una,
que aún no vea las luces de Marsella.

28

GOLFO DE ADEN

Llaman de Guardafuí los moradores
a esta abrasada punta de Somalia.
Baja el desierto al mar y, en represalia,
gigante sierra eriza sus tumores.

Tras aquellos escarpes tajadores
alza Etiopía su morena dalia,
sonora a bronces, versos de Farsalia,
en Roma cordobesa emperadores.

Enfrente, Arabia y su desierto eterno.
Quizá de ambos desiertos sobrenaden
trashumantes arenas su amor tierno,

que éste es mar para alas que se evaden,
como las de aquel ángel del infierno,
Juan Arturo Rimbaud, golfo de Aden.

29

VISITA A MEDINILLA

¿Qué te impulsò a estos mares, Medinilla?
¿Soñabas con los reyes de Ternate,
con la canela de Ceylán granate
o con la flor del Ganges amarilla?

Siento que estás aquí, bajo esta quilla
que el índico océano mueve y bate
y a tratar con Neptuno tu rescate
voy, buzo vertical, por la escotilla.

Aquí estás, sí, trenzando arpas y violas
-venas, cabellos de tus ríos claros-,
magoas y soledades españolas.

No quiero despertarte. Canta a solas.
Muerto de pena, subo. Uno, dos faros
sangran su triste luz sobre las olas.

30

NUBES SOBRE EL DESIERTO

Tres sombras grises cruzan el desierto,
las sombras de tres nubes, de tres diosas
que, opulentas, sublimes, majestuosas,
vuelan por el azul, a cielo abierto.

Y abajo, allá, sobre el paisaje muerto,
tres sombras se deslizan, tres piadosas,
nòmadas ilusiones de aguas, rosas
y palmas de sumarísimo concierto.

Y ellas, las diosas, ven las caravanas
lejanas, los oasis, las cisternas.
Sus sombras, nada. A tientas, van lamiendo.

Dime, Dios del desierto, ¿son eternas
nuestras almas? ¿Son nubes? ¿Sombras vanas
sobre tu estéril frente inmensa ardiendo?

31

HABLAN LAS NUBES

Nubes -amor- sobre tu frente ardiendo,
estruendo de eficaces, de voraces
llamas o sierpes vivas, tu tremendo
amor, faces de Dios, hirvientes faces.

Rojo el mar de tu sangre, va tiñendo
los médanos, las ínsulas fugaces.
Sol, sirte, mar triangulan mutuas paces
y el iris va su arco entretejiendo.

Somos tus hijas nubes, beduinas,
de arena y agua y viento peregrinas.
Tu Trinidad de amor a amor nos lleva.

Por el Padre y el Hijo y por el Santo
Espíritu, caricias, paz. Y llueva,
llueva sobre el desierto nuestro llanto.

32

VIAJE EN GLOBO

Soltaron las amarras, y de un salto
se remontò a los aires la barquilla,
y el mundo se caía, oh maravilla,
se hundía más y más, de apoyo falto.

Y yo, solo, de pie, sin sobresalto,
aeronauta novicio y sin cartilla,
príncipe de mi airosa navecilla,
creciendo en gloria y luz, alto, más alto.

Mas de pronto la niebla, la Absoluta,
me rapta y ciñe y cautelosamente
me arropa entre sus pliegues bien envuelto.

Ingrávido silencio, inmòvil ruta.
Y desatado al sueño, dulcemente,
en la nada de Dios duermo disuelto.

33

LA EMPLAZADA

Palidece la mar, hinchada en parto,
y entre angustias de muerte, estrecha y lenta
aborta una ovoidal, sanguinolenta
luna hechizada en su menguante cuarto.

Su lumbre funeral, color de esparto,
recobra al ascender la cenicienta,
y a su madre, rendida parturienta,
baña en la lividez del sobreparto.

Alta, por ondas lácteas navega
y en derredor difícilmente anega
magnitudes de estrellas infantiles.

Oh, triste luna, pálida señora.
De aquí a diez días, juntos tus perfiles,
vas a morir en brazos de la aurora.


IV

34

EL VIENTO

No. No eres sòlo espíritu. Sabemos:
soplo, espíritu. Bien. Pero, ¿y tu viva
carne, di, de alimaña fugitiva,
tu burladora piel, varia en extremos

de dulzura o terror, y los supremos
deleites de tus filos, tu impulsiva
còlera ciega, de testuz de chiva,
la ultrajadora furia de tus remos?

¿Eres padre del fuego? ¿O eres llama
tú mismo, turbia llama ardiente y fría,
lengua voraz de estímulos sin rumbo?

Oh, duro viento, topa, embiste, brama,
crece en la ola sin fin, muérdete, expía,
alma y cuerpo fatal, de tumbo en tumbo.

35

SER

Vivir, vivir tan sòlo, sustantivo,
existir, ser, estar, pura presencia,
palma de mano abierta a la clemencia
de la luz dòcil y el calor pasivo.

Gozo de palpitar, vacar festivo,
irresponsable, ardiente de inocencia,
de persistir, perenne transparencia,
suceso en plenitud, ser exhaustivo.

Sí, dejarse mecer flotar, volumen,
cuerpo sòlido y límites que asumen
la calidad del bloque que gravita.

Mientras algo que es mí yerra en la esfera
con la rosa y la lágrima infinita,
y no hay memoria ya de la ribera.

36

NORDESTE AZUL

Nordeste azul, ¿de qué minas y gozos
de sal, de sol, de qué hébridas o antillas
acarreas tus risas, tus fablillas,
tus repentes de luz, tus alborozos?

Lámina azul sobre los verdes pozos,
riza, desriza, erizare en puntillas,
y vosotras, paced, brincad, loquillas,
cabritillas de nieves y retozos.

Nordeste azul, amor de las goletas,
vierte tu leche còncava en las tetas
de las lonas que alumbras y estremeces.

Clarísima se te abre mi bahía,
¡hip, hip, hurra!, a tus besos y a tus peces,
jinete siempre azul de la alegría.

37

ALEJANDRO SCRIABIN

Es a ti, sòlo a ti, Dios que te exhalas,
que te regalas en centellas rojas,
naranjas, verdes, blancas, que te alojas
en aulas de alta nieve, y te resbalas

de amor sobre los hielos y las alas;
a ti, blanco Dios ruso, hacia quien, flojas,
baten su vuelo y alzan sus congojas
plumas de arpegios, lívidas escalas.

Lejos Satán y su tentar de azufres,
sierpes, senos, sarcasmos. Lejos. Sufres
de amor divino, oh piano de delicias,

meciendo ya entre llamas y cristales
-ay, tornasoles arcangelicales-
las alas en el éxtasis novicias.

38

A C. A. DEBUSSY

Sonidos y perfumes, Claudio Aquiles,
giran al aire de la noche hermosa.
Tú sabes dònde yerra un son de rosa,
una fragancia rara de añafiles

con sordina, de cròtalos sutiles
y luna de guitarras. Perezosa
tu orquesta, mariposa a mariposa,
hasta noventa te abren sus atriles.

Iberia, Andaluía, España en sueños,
lentas Granadas, frágiles Sevillas,
Giraldas tres por ocho, altas Comares.

Y metales en flor, celestes leños
elevan al nivel de las mejillas
lágrimas de claveles y azahares.

39

EL CIPRÉS DE SILOS

(AUSENTE)

Cielo interior. Tu aguja se perfila
-oh, Silos del silencio- en mi memoria.
Y crece más su llama, ya ilusoria,
y más y más se pule y esmerila.

Huso, ya sombra, que mis sueños hila,
al sueño de la rueca, claustro o noria
rueda el corro de estrellas por la historia
y aquí en mi pozo tiembla y escintila.

Ciprés, clausura y vuelo, norma, eje
de mi espiral espíritu rondando
la paz que en tus moradas se entreteje.

Quiero vivir, morir, siempre cantando,
y no quiero saber por qué ni cuándo.
Sálvaje tú, ciprés, cuando me aleje.

40

LA GRACIA

Y no valdrán tus fintas, tu hoja prima,
ni tu coraza indòmita nielada
a desviar el rayo, la estocada
en la tiniebla a fondo de tu sima.

¿No ves centellear, allá en la cima
de gracia y luz diamante, ascuas de espada?
No, esquivo burlador, no valdrán nada
careta ni broquel, guardia ni esgrima.

No te cierres rebelde, no le niegues
tu soledad. Es fuerza que le entregues
de par en par tu pecho y coyunturas.

Que así vulnera el Diestro, y así elige
-caprichos del deseo- y así aflige
y así mueren de amor las criaturas.

41

TEIDE

A Mariano de Cossío

Sublime apariciòn, no, ¿quién engaña,
mi corazòn, mis ojos, mi estatura?
En los aires la nieve se inaugura,
parto del cielo, tienda de campaña.

Bruma baja de mar los pies te baña,
nubes al sol nivelan tu cintura
y emerge en ti, memoria de hermosura,
mi patria, oh derramada, oh santa España.

Viene la noche. El buque áncoras leva.
Yo, tumbado en cubierta, el mar me eleva
y me deprime, y tú, ya sin corona,

Teide de sombra; te alzas, te hundes, hondo,
respiras, pecho único y redondo
de esa gigante, espléndida amazona.

42

ALTAMAR DE LA NOCHE

Altamar de la noche, errante, ajena,
en alas del alisio y maravillas.
Aún no insinúa el alba -lentas quillas-
de su playa -tan pálida- la arena.

Y la otra patria: infantas en la almena
cantan cantar de vela - altas Castillas-.
Y qué azucena el alma, flor de millas.
Alta mar, alta noche, alta azucena.

Ese bullicio, ¿espumas virginales
o lumbres de verdor ecuatoriales?
Rombo en diamantas. Cruz del Sur. Rehenes

del astrolabio, prendas, rumbos, huellas.
Alta cruz de mesana. Altos vaivenes.
Cantar de cuna cantan las estrellas.


LA SORPRESA
GERARDO DIEGO


TIEMPO NUEVO

Todo el tiempo nuevo
suspenso en el aire.
Las palabras santas
suben a buscarle.

Sílabas latinas,
átomos flotantes,
invisibles ruecas,
escalas de ángeles.

Todo el tiempo nuevo
pasa adelgazándose
por anillos de oro
que le ciñen guantes.

Nuestros son los soles,
las lluvias, las nieves,
los arroyos claros,
las esbeltas mieses,

olas que se rompen,
flores que se mecen,
brisas que suspiran,
y, en su rueda leve,

las constelaciones
que nos permanecen.
La palabra ,
nuestra para siempre.

Todo el tiempo nuevo,
flor de aura en el aire,
ya está bendecido
para que nos guarde.


VIAJE

Bordamos en el viaje
la costa azul, que es roja,
y el libro del paisaje
doblamos, hoja a hoja.

Va el tren haciendo eses.
Túnel fresco. Frontera.
Adelfas y cipreses.
Villas de Bordighera.

Que el viento nunca encalme.
¿Ya el andén del letargo?
¿estaciòn de la...? Empalme.

¿Su nombre? .
Y otro túnel más largo.
Y despertar. Y verte.


TORRE INCLINADA

Qué equilibrio inestable
éste de nuestras almas con sus cuerpos.
La ola a veces nos vence
hacia babor, y soy yo quien resiste;
mi vertical ampara tus ruinas.
Mas de pronto, en volandas
me siento transportar, y la cabeza,
loca, se desvanece;
ahora eres tú la atlante de mi alma,
y mi estribor firme, esbelta y adorable.
Balanza alterna, mutua, entre borrascas.
Aunque los cielos crujan y los arboles
aúllen de huracanes
y las casas emigren,
de los dos, uno siempre en guardia.
Todo, hasta la plomada, es relativo.
Aquí, en Bolonía, ¿cuál de las dos torres
-¡no resbales, por Dios!- es la inclinada?


GÓNDOLA BLANCA

Mañana de San Marcos.
La vida se inaugura.
Nata batida, pura,
espuma de los arcos,

las palomas, los barcos,
los mármoles. Fulgura
de adriática blancura,
de plenitud San Marcos.

El Veronés, que halaga.
Tintoretto, que embriaga.
Tiziano, que convida.

¿Tú y yo? Sueño parece.
La dicha nos florece.
Gòndola blanca. Vida.


A, EME, O, ERRE

tiene cuatro letras.
Vamos a jugar con ellas.
¿Lo ves? Ya estamos en .
Por todas partes se va.
Por todas partes se llega.
El viaje ,
con billete de ida y vuelta.
Y ahora, a jugar a los dados.
. Espera.
¿Qué lees? ¿Qué escuchas?
El ruiseñor, que se queja
de que en el canta,
de que en el .
Otra vez los dados vuelan
por el aire. Y cae ,
un príncipe de leyenda.
¿ de ? Falta ella.
Arriba los dados. .
de a la ,
de la a .
Siempre un juego de
que der y que de .
Y vienen y van las letras
buscando ese .


NOVELERÍA

Siempre leyendo novelas,
páginas de amor perdido
por culpa de ellos y de ellas.

Toda la novelería,
entre tu frente y tus manos,
cuajándosete en desdichas.

¡Despierta! ¿Mundo? ¿Novela?
Y cuando después me miras
viniendo de allá, del limbo,
¿en qué piensas?


VICEVERSA

Otro soneto al revés
como los del pobre Paul,
chivo en la barba y los pies.

El empezar por la cola
no es virtud del caracol,
es rumor de caracola.

Yo lo recuerdo muy bien.
Cuando niño, igual me daba.
La letanía empezaba
por el kirie o el amén.

Hoy, al pisar el andén
del amor que no se acaba,
ya en viceversa cantaba
las estaciones del tren.


NO

Esa sonrisa no la conozco,
esa sonrisa que me hace daño.
Siempre su onda, leve y malévola,
bate en la playa rumor lejano.
<Fue antes del tiempo. Yo no sabía;
todo era duda, pregunta, pasmo.>
Guarda en la còmoda tu ayer de niebla,
y no me enseñes ese retrato.


MAR

En el principio, no, no fue el silencio;
fue el rebramar, ensordecer, balumba
creciendo, amenazando más, más, rabia
de la racha en la racha, precipicios
de la mar en la mar; la irreparable
condenaciòn de Dios sobre las olas.
Vino después la calma para el ave,
y el silencio, por fin, para los hombres.
Única criatura, tú, rebelde,
pecho de ardor que al Ser Total aspiras,
tú negaciòn del Tiempo de Este a Oeste,
tú, mar augusta y ronca y miserable,
te debates, te cierras, abres, tuerces,
y a ti misma te niegas, te suplantas,
oh música final de los creados.
Cuando hoy, al mediodía, ella conmigo,
a tu abrazo letal nos confiábamos,
còmo el rencor latía en tus entrañas,


SÍ QUE QUIERO

Yo quiero ser hortelano
si me guías de la mano.

Quiero ser tu jardinero.
Sí que quiero.

El cuadro de las judías,
regarle todos los días.

Plantar acelgas y puerros
y de la fuente traer berros.

Yo quiero ser tu hortelano
si me guías de la mano.

Yo te cuidaré las rosas,
los jacintos, las mimosas

y las dalias, que han nacido
para hacer en tu hombro el nido.

Quiero ser tu jardinero.
Sí que quiero.

El cuadro de las alubias
se lo encomiendo a las lluvias.

A los púdicos tomates,
soles les tornen granates.


CELOS

Poesía no eres tú.
Sois tú y tú, las dos distintas.
Os llevo una a cada lado.
No tengáis celos, mis vidas.

Poesía, mi ala impar,
alborotando a mi diestra.
Mujer, en el otro hombro
reclinando la cabeza.

Y qué claro mi destino
y còmo sé barajaros.
Cantar el amor, cantar,
cantar y querer cantarlo.


ROMANCE DEL RÍO

¿No sabes lo que es el riò?
-me preguntas-, ¿no lo sabes?
Estamos los dos sentados
sobre el césped de la margen,

tomando el pulso del tiempo
que se nos va con la tarde,
viendo el tránsito del agua
dulcemente irremediable.

Y entre mieses de oro
y entre viñas de sangre,
este río que fluye
y huye y canta y se evade,

este río que ríe,
llora, según el cante
que -ondas sobre sus ondas-
nuestras almas le engarcen,

sería el espejo,
sería la imagen
de la vida misma
que se nos desvae.

Canta, pájaro, canta
en la ribera,
que las aguas se van
y el río queda.

A la mar, de los montes,
lleva el amor gigante.
Pasa sobre la tierra
como un ángel.

Mas el sable y la colina
llena de gracia y los árboles
y el cielo con sus estrellas,
las nubes blancas, el aire,

todos a coro nos cantan:
<nosotras ¿no somos nadie?
Nosotras somos del río
esencia participante.

Sin nosotros él no fuera,
perdiérase sin hallarse;
porque existimos, existe;
somos su conciencia grave;

sus colores y sus luces
nuestros son, nuestra su sangre>
y de lo hondo del río
emerge una voz

El cauce que es la forma,
puro espíritu casi,
alma al menos que queda
abstracta, indescifrable;

el cauce es onda firme,
prenda de identidades,
pedal y ritornelo
de músicas fugaces.


LA SORPRESA

Huéspedes del río,
ondinas y náyades,
repetidme el mismo
rizo inagotable,

que jamás se mude,
que nunca desmaye.
Muera yo escuchando
delicias fluviales.

Me preguntas qué es el río.
Eso no lo sabe nadie.
Yo te lo diré al escucho:
Un romance.


MÁS CELOS

Esos suspiros, desvelos,
sobresaltos, fantasía,
son celos de la poesía
y de la música celos.
Mira tú qué dardanuelos
en mi garganta, qué anginas,
si por ser ellas divinas
y tú demasiado humana,
a la una y otra hermana
aquí en mi pecho asesinas.


ONDAS

Como la paz del arroyo,
como el sueño de la acequia,
como píos entre plumas
y ramas con hojas trémulas,

como si una vieja música
querida sin conocerla
me viniera a proponer
comprarme el alma en la feria,

como si en vez de los ojos
cansados de la faena,
los oídos no se hartaran
de mirar a las estrellas,

como si tú, traductora
de ti misma, llanto hicieras
y confidencia y secreto
y lluvia y flauta y promesa

del velar de tus pupilas,
del florecer de tus penas
y de la doble caricia
de tus manos indefensas

así, cuando estás ausente
la brisa me trae revueltas
ondas de tu voz perdidas
que me amargan y consuelan.

¿POR QUÉ?

¿Por qué están las dos osas
de bañarse en la mar siempre medrosas?
¿Por qué en cepo de hielos la una estriba,
ruedan las dos morosas?

¿Por qué Sirio en enero
y no en agosto enciende el reverbero?
¿Por qué ambiguo de véspero y de alba
Venus muda el lucero?

¿Por qué Aldebarán moja
-sangre del Toro- su pupila roja?
¿Por qué la Cruz del Sur nunca se alza
a Europa y su congoja?

¿Por qué el Cisne a Pegaso
le envidia el vuelo en resbalado raso?
¿Por qué Castor y Pòlux siempre y siempre
acompasan el paso?

¿Por qué desde la Lira
pálidas luces un topacio expira?
¿Por qué muda matices y señale
que alguien nota y suspira?

¿Por qué cuando hay estrellas
duermen blancos sus sueños las doncellas?
¿Por qué cuando las nubes las ocultan,
nubes pasan por ellas?

¿Por qué hay estrellas fijas
y otras errando en busca de sortijas?
¿Por qué esta noche tiemblan, sino para
que yo cante y tú elijas?

¿Por qué eterna la fe
nos arde en ese cielo que se ve?
¿Por qué nuestras dos almas allá vuelan?
¿Por qué, por qué, por qué?


EL SALTO

Te he visto tan oceánica,
tan verde de transparencia
que me tienes en el borde,
sostenido de alas trémulas,
pensando en el alto salto
que me arroje, hecho una flecha,
a romper cristales vírgenes,
de bruces por tu conciencia.

Si yo tuviera las branquias
del buen pescador de perlas,
para bucear sin miedo
del reloj que arriba cuenta;

si yo supiera hasta dònde
se hunde tu verde cisterna,
si allá abajo hay una playa,
almohada de fina arena,
y unas lágrimas que aprenden
metamorfosis de perlas.

Si yo en vez de bronquios, branquias
y en lugar de alas, aletas
para respirar el aire
que en tus aguas se aposenta;

tus burbujas en mi pecho,
tu luz por mi piel dispersa,
y en mi alma tierna de pez
la forma de tu conciencia.

Pensando en el alto salto
me tienes, las alas trémulas.


RECUERDO DEL PARAÍSO

Mi piel. ¿El sol? Yo solo.
¿La luna? Tu olor. Flor.
Yo Adán. ¿Tú Eva? Nueva.
Nube. Qué frío. Llueve.
¿Te escondes? ¿Dònde? Llueve.


TRUECO

Esta sed de nuestra boca
no se sacia en la corriente.
Hay que beber de la fuente
manantial que brota en roca.

Y tan fácil como es
decir "te quiero" y tan llano.
Tan fácil en castellano,
tan difícil en francés.

Contra costumbre e idioma
remar siempre río arriba
a buscar la primitiva
palabra que al alma doma.

Contra costumbre e idioma
-"yo no quería vencerte
lo débil, sino lo fuerte"-
dame el tuyo, el mío toma.


RELOJES

Tu reloj de pulsera
se adelanta, se atrasa,
se olvida, se sincopa.

-A ver el tuyo-. El mío.
reloj de corazòn,
marcha a pasos iguales,
día y noche, sin prisa

-oh Goethe- y sin descanso.
¿Contagio de mi ritmo,
de tu pulso y capricho?

Pero la hora de ahora
importa poco. Escucha.
Cuando todas las máquinas,
las diminutas norias,
el agua azul del tiempo
hasta la última gota
del pozo hayan chupado,
entonces, muerto el circo
de las horas esclavas,
su corazòn en éxtasis
irradiará lo eterno.

Cada mortal en su hora,
su minuto y su segundo,
su postura fortuita,
por siempre quedará.
Nosotros, voluntarios,
nuestras agujas dòciles
imantemos desde ahora
paralelas, felices.

Que si hoy lo queremos
firme, profundamente,
en esta misma hora
-¿sientes la plenitud?-

-A ver el tuyo. Oh dicha,
las doce en punto exactas-
vendrá -sábelo, amada-
la sorpresa del fin.


RECÓNDITA

Yo no me atrevo a nombrarla
por si estropeo la estrofa.
Tu sabes que el nombre es árabe
y que rima -es claro- en "ofa".

Ya sé por qué la prefieres
a todas las hortalizas.
Por qué en sus murallas verdes
tus blancos dientes deslizas.

Porque como a ellas, cien hojas
te guardan tu último yo.
Una a una hasta desnudarte,
jugando al sí-no-sí-no.


CANCIONCILLA

Cuando tú te vas, te quedas.
Cuando te quedas, me voy.
Son tan dulces las veredas
donde me pierdo y te enredas
que cuando te vas, te quedas,
cuando no me voy, no estoy.


VERDAD

Vasos comunicantes
buscando el nivel térmico,
a través de la piel,
qué corrientes de fuegos,
qué aludes de glaciares
despeñando sus hielos.
Qué verdad la metáfora
de la nieve en el viento
incendiando los aires,
de las chispas prendiendo
en grillos de cristales
los arroyos del pecho.

Qué realidad la rima
con sus hondos misterios.
Qué verdad la poesía
rimando nuestros cuerpos.


NIÑOS NUESTROS

Estos niños que nos miran,
cuando nos miran ¿qué ven?
Nuestros ojos son anteojos
para mirar a través.
A través de nuestras niñas
ven los mudos de la fe.
Y hay que tenerlas muy limpias
para dejárselos ver
a estos niños que nos miran,
niños nuestros, nuestro bien.


PREGUNTAS

¿Pero y si hubiera ojos
para ver lo invisible?
¿Y oídos que en la noche escuchan
los mensajes sin ondas y sin timbre?
¿Y tactos que las formas, los volúmenes,
sin dimensiòn ni brújula acaricien?
¿Y si hubiera poetas, enamorados, mártires,
con esos ojos, oídos, tacto?
¿Y dibujantes que el perfil del alma
tracen de un solo rasgo?
¿Ves tú la mía, la oyes ya, la tocas?
Tú sola, si tú quieres, mí regazo,
mi planeta visible, mi existente,
sabes mi alma y puedes mi retrato.


FÉMINA Y DOGMA

Teoría de los colores.
Nada de complementarios.
Verde con verde. Encarnado
con encarnado. Conformes.

Zapatos, bolso y vestido.
Dogma infalible. Perfecto.
(Còleras del Tintoretto
ante el "similla similibus").


ABANICO CASI MALLARMEANO

Si tiende el silencio la escala
nunca hollada de querubines,
brusca, la cadencia de ala
viene a apagarla en tus confines.

Olvidos coronan peldaños,
dòblanse espadañas y juncias,
y es un vuelo de desengaños
y un cautiverio de renuncias.

Hacia las playas que adivinas
resbalas deslizando rampas
y descorriendo agua en cortinas
finges andaluzas estampas.

El rumbo sin viaje, el perfume
en cuyas alas tú delegues
amor que jamás se consume,
sueño que se nutre de pliegues,

nata fresca de las Antillas,
raptos de vainilla y canela.
Tras una brisa de varillas,
que sí, que no, la brisa vuela.

Que no, que sí, y un ángel cedes
cada vez que el párpado late
que esquiva escorzando mis redes
y en la gloria azul se debate.


A UN PEINE QUE SÍ SABÍA EL POETA
QUE ERA DE CAREY

Qué cobrizos reflejos, ay, qué visos
con tus alas y remos tornasolas.
De las más altas crestas de las olas
con qué delicia por los rizos lisos

resbalas a los verdes paraísos
de los senos profundos. Caracolas
gimen de amor, sirenas tañen violas
y laten peces de oro entre narcisos.

Lope vio así sin la más leve arruga
ondear su bandera enamorada.
Ni hoj ni marfil tú, sino tortuga,

nada -ya seca- en ondas de la nada.
Que tu mar duerme y su humedad enjuga
el alba de la lívida almohada.


EL BOSQUE

Lo sabes de memoria. Como el viejo piloto
o el pastor de las cumbres conocen sus estrellas,
así tú reconstruyes con los ojos cerrados,
entre los troncos fieles los ecos de tus huellas.

El bosque es el palacio de tus sueños de niña,
habitado de trasgos y de benignas hadas.
Y cuando ahora recorres sus claros laberintos
vuelve el sueño a posársete, ave de alas plegadas.

Son los árboles tuyos, hijos del Pirineo,
hermanos de los míos, de cántabro linaje.
El rosario de vértebras de ese saurio o coloso
de punta a punta cruje mensajes del paisaje.

Son los fresnos esbeltos, avellanos y escobios,
los nogales solemnes y estrellados castaños,
las sonajas altísimas del álamo y del chopo,
la paciencia del olmo a través de los años.

Más arriba los pinos de dolientes agujas,
los robles y el encaje de sus hojas dorando,
los azules abetos de isòsceles pirámides,
las hayas aún sonoras del cuerno de Rolando.

Cuando vuelves a casa con las pupilas claras
de los pozos de cielo sorbido entre malezas,
me tiendes tus dos manos ya casi vegetales,
olorosas al beso ciego de las cortezas.

Ven, mi reina del bosque; ven, mi infantina errante.
¿No sientes en tus plantas un tiròn de raíces?
Di a las locas ardillas, curiosas comadrejas
que en el huerto heredado también somos felices.


EL BROCHE

¿Còmo lo quieres el broche?
¿Que brille, estrella, en la noche?

Pues no hallo cosa que falte
para el ramo de canciones
si no es un broche de esmalte,
de oro, de plata, de cobre.

De oro
(si mío fuese el tesoro)
De plata
(que en la isla escondiò el pirata),
De cobre
(si yo no fuese tan pobre...)

Te lo daré de azabache.
Préndetelo en la memoria
y aunque el viento duro arranche,
que no se vuelen dispersos

sin gloria
tus versos.

Sentar aille. Verano de 1941


HASTA SIEMPRE

OGRAFIA - CANCIONES - EPÍSTOLAS Y RETRATOS
DEDICATORIAS Y HOJAS DE ÁLBUM - VARIA

(1925-1941)

COLECCIÓN "MENSAJES"
Madrid, 1949

Al poeta «Azorín»


VERSOS HUMANOS

A mis amigos de Santander que
celebraron mis "Versos humanos"

Versos humanos, ¿por qué no? Soy hombre
y nada humano debe serme ajeno.
Pena, amor, amistad. Si hay quien se asombre,
si hay quien se escandalice, es que no es bueno.

Todo el arte es humano, hasta el divino,
el que aspira a crear la forma pura.
Para llegar a Dios, no hay más camino
que el del amor que vence y que perdura.

Amor a la Poesía porque es bella
y porque es imposible a nuestras manos.
Nunca el cohete llegará a la estrella
y, comparados a él, somos enanos.

Mas, ¿qué pensar de aquel que, porque sabe
que está más allá siempre, más, la meta,
carga de lastre muerto la ágil nave
o cercena la cola a su cometa?

Si el verso, al fin, nunca ha de ser perfecto
ni hay la plena, absoluta, maravilla,
aprendamos la gracia del insecto
que a volar corto y no cantar, se humilla.

Sueña la coccinela alas de mosca
y la mosca se ensaya golondrina.
Pule el poeta una materia tosca,
le mancha el traje, y cree que es divina.

Y pobre de él si no. Será el poema,
como la ofrenda de Caín, profano.
No. Dejadle al poeta en su problema.
Poesía creada y pura y verso humano.

Mientras haya un problema, habrá poesía.
También el Arte es ciencia. Yo os lo digo.
Aprender el secreto día a día,
velo tras velo, es lo que yo persigo.

Todo mi estremecido sentimiento
he de enhebrar en ese verso puro.
Sea vuestra amistad propicio viento
para esta nave mía hacia el futuro.


GEOGRAFÍA


ROMANCE DEL JÜCAR

A mi primo Rosendo

Agua verde, verde, verde,
agua encantada del Júcar,
verde del pinar serrano
que casi te vio en la cuna

-bosques de san Sebastianes
en la serranía oscura,
que por el costado herido
resinas de oro rezuman-;

verde de corpiños verdes,
ojos verdes, verdes lunas,
de las colmenas, palacios
menores de la dulzura,

y verde -rubor temprano
que te asoma a las espumas-
de soñar, soñar -tan niña-
con mediterráneas nupcias.

Álamos, y cuántos álamos
se suicidan por tu culpa,
rompiendo cristales verdes
de tu verde, verde urna.

Cuenca, toda de plata,
quiere en ti verse desnuda,
y se estira, de puntillas,
sobre sus treinta columnas.

No pienses tanto en tus bodas,
no pienses, agua del Júcar,
que de tan verde te añilas,
te amoratas y te azulas.

No te pintes ya tan pronto
colores que no son tuyas.
Tus labios sabrán a sal,
tus pechos sabrán a azúcar

cuando de tan verde, verde,
¿dònde corpiños y lunas,
pinos, álamos y torres
y sueños del alto Júcar?


PINARES

Gòngora, 1927

En los pinares del Júcar
ya no bailan las serranas.
Ay, amor, qué bien bailaban.


HOZ DEL GABRIEL

Tierras de grosella.
Rocas de salmòn.
Evidencia bella
de la sinrazòn.

El sol de miel,
la huerta en flor, el río,
Hoz del Gabriel,
rosado desvarío.

II

Su abanico de mar

-cerca, lejos-
abre y cierra el pinar.
Tuerce el río
sus espejos.

Su resaca de mar
-mar de tierra-
el pinar abre y cierra.
Tuerce el río
cerca, lejos.


ALBA DE LUNA

Cañete tiene un castillo
y el castillo voladores.

-Alba de luna-. El cuchillo
de los vientos rondadores

-alba de luna-
de sus veintisiete flores
le ha dejado sòlo una.

Giren, hidalgo, todos tus voladores

-alba de luna, don Alvaro y el cuchille
al filo de los vientos en el castillo.


DOMINGO DE RAMOS EN CAÑETE

-¿Quién llama?

-Monaguillo, sal a ver.

-¿Quién es?

-Ábrale usted, sacristán.

-¿Quién va?

-Venga, por Dios, cura párroco.

-Ay, que es Domingo de Ramos
(perdòn)
y el que llama es el Señor.
En la pollinica mansa
-ramos de boj y acebuche-
toda blanca.


DESDE EL TREN
(TIERRAS DE CUENCA)

El frágil amanecer
con los frutales en flor
sobre campos de rubor.
La mañanita de abril
va a nacer.
Lucero, apaga el candil.


ATIENZA

A Eduardo Olmedillas

Atienza de los juglares,
alto navio de ruinas
que nunca has visto los mares:
te traigo -mis azahares-
ramos de espumas marinas.

Castillo, línea quebrada,
dibujada
sobre el azul, que es ya verde,
que palidece, que pierde,
que se arría,
que -sin bandera- se estrella.

Línea aún más voltaica y fría
cuando ya el alba destella,
y su anís de luz vacía

-limòn, naranja, grosella-
arde en júbilos de grana.
Para volver al celeste
-norte, sur, este y oeste-
cenit de luz castellana.
Abre, Atienza, tus balcones
-verdes balcones de Atienza-
ábrelos al aire y trenza
tu piedra heráldica en nudos
y en cordones,
y encréspala en tus escudos.
Diez siglos caen en vellones
sobre tus niños desnudos.
Vuela el águila, y tu plaza
-triángulo- ve en declive.
Lenta, sus círculos traza
y el triángulo en medio inscribe.
Atienza, tus campanarios,
torres casi vegetales,
crecer querrían leales,
pero no alcanzan los nidos
caudales
que esconden itinerarios
en sus ovillos, dormidos.
Más altas van tus almenas.
Huid, sombras agarenas.

Cuatro enemigos paisajes,
frente a frente,
dominas, cuatro tatuajes
que el ojo cerrado miente
-Atienza, adiòs- todavía.
Adiòs, flor de los cristianos.
Del Cid fuiste y ya eres mía.
Yo he de volver otro día
a tocarte con mis manos.


CAPRICHO

(MONASTERIO DE PIEDRA)

La piedra del monasterio,
el agua de las cascadas
y el viento que pierde imperio
entre las hojas mojadas
(porque llueve
y el alma sedienta bebe),
toda la naturaleza
de memoria aquí te sabe.

Tu nombre está en la corteza
rumorosa
de cada árbol -yo lo leo
aunque no haya quien lo grabe-
Mi amiga la golondrina
lo riza y orla en su charla
sin que consiga situarla,
ni a ella ni a ti, mi retina.
Si vuelvo atrás la cabeza,
súbito, por sorprenderte,
se me extravía sin verte,
descarriada, la certeza.

Y esas agudas, esquivas
risas -¿risas?- resbaladas,
fugitivas,
¿eres tú o son las cascadas?
Dime, ¿en qué fleco, en qué copo
de agua fría,
en qué álamo, en qué chopo
de trémula argentería
se te quedò enmarañada
tu mirada
que me destella y fulgura
sus diamantes
deslumbrantes
de luz garza,
engañándome en la umbría,
huyéndome en la espesura,
burlándome en la clausura
ciega y fría
de la roca o de la zarza?
Tu espalda candida y lisa,
¿por qué abismos se despeña?
Y ese chorro que se irisa,
¿no es tu melena zahareña?
No juegues al escondite
con las Dafnes y Aretusas,
ni a fugas de semifusas,
ni a tocatas parabòlicas
el prestísimo te incite
de las delicias còlicas.
Aunque en la mitología
te arrebujes,
disuelvas y desdibujes,
fuiste y serás y eres mía.

No es mi mente quien te sueña.
Mi tacto te desempeña,
te palpa y te reconoce,
hoja o brisa, pluma o peña,
-ay, burladora burlada-
y goza tu leve roce
-breve goce-
en el agua despeinada.


CANCIONES


SI LA LUNA FUERA ESPEJO

Si la luna fuera espejo,
qué bien que yo te vería.
Si la luna fuera espejo
-dámela,
-tòmala
y ponía en el cielo ya-,
cuántos eclipses habría.
Por tu culpa los astrònomos,
todos se suicidarían.
Y tenerte a ti muy lejos,
qué poco me importaría
si la luna fuera espejo.


VERÁS

Verás.
Eres así, ya verás:

La boca, los ojos,
la frente el mirar.

No. No. Verás.
Eres así, ya verás:

Los gestos, las cosas,
el aire, el andar.

No. No. Verás.
Eres así, ya verás:

La voz, el silencio,
nada... ¿Dònde estás?

Sí. Sí. Verás.
Ahora sí que sí. Verás.


LEJOS, CERCA

Muy lejos, lejos, muy cerca,
en los confines elásticos,
más allá de lo posible,
tú, evadida, inalcanzable,
pero posible, íntegra, precisa,

Muy cerca, cerca, muy cerca,
tan cerca que ya está dentro
de mis íntimos jardines,
prisionera por fin, mía,
pero
¿dònde estás que no te encuentro?


TU INFANCIA

Y tu infancia, dime, ¿dònde está tu infancia?,
que yo la quiero.
Las aguas que bebiste,
las flores que pisaste,
las trenzas que anudaste,
las risas que perdiste.
¿Còmo es posible que no fueran mías?
Dímelo, que estoy triste.
Quince años, sòlo tuyos, nunca míos.
No me escondas tu infancia.
Pídele a Dios que nos desande el tiempo.
Volverá tu niñez y jugaremos.


CANCIÓN BIS DEL JUGUETE

Y ya aprendí el secreto
de componerte, ¡qué alegría!
Cada pieza en su sitio, otra vez viva,
entera, nueva, creada de mi mano.
Por fin di con la cifra
-alfabeto celoso de caudales-
que me abría el sentido de tu alma.
Qué bien. Y ahora podría...
Pero no, por si acaso se me olvida
y el juguete otra vez se vuelve enigma.


EL DELFÍN

Pues dime qué prefieres:
¿el alma de mi cuerpo
o el cuerpo de mi alma?

-Qué cosas tienes. Nunca
te barajé alma y cuerpo,
te obtuve cuerpo y alma.

Como el delfín, que a saltos
va enhebrando las olas,
te escondes y te muestras,
y te ocultas de pronto,
y súbita apareces.

Mar vuelas y aire nadas.
Pero ni aires ni mares
sabrán, sabremos nunca,
del alma de tu cuerpo,
del cuerpo de tu alma.


LA LÁGRIMA

Tú también -diosa- creas, a tu imagen
y semejanza.

Ayer te dije, no sé còmo,
una torpe palabra.

Tú te quedaste sola, grave, muda,
y creaste de tu nada
-oh mundo, imagen tuya temblorosa-
una lágrima.


OTRA CANCIÓN

De la sonrisa de otoño se fabrican palabras,
de las palabras nubes, nubes,
de las nubes mejillas,
de tus mejillas nace el sol los días pares,
la luna fría los impares,
¿lo sabías tú acaso?

Con el sol y la luna
se tocan los platillos
y mis árboles bailan.
Al baile acuden tus dos ojos,
tus ojos navegables a favor de la brisa.
De la brisa se obtienen
los más recònditos favores,
y el mundo, pues que existe,
pasará a ser ceniza,
¿lo sabías tú acaso?

Ceniza que en tus dedos busca el nido,
humo que de tus labios se enamora,
fuego que en tu costado se avecina,
mira en el cielo nubes, tus mejillas, las nuestras,
mis palabras de otoño que fabrican
las hojas,
las hojas de tus pies,
¿lo sabías tú acaso?


EPÍSTOLAS Y RETRATOS


DESPEDIDA

A José del Río Sainz,
en el último número de
"La Atalaya" (Santander)
Niño yo. Còmo se exalta
la escena, còmo se aviva
y la tarde fugitiva
me reconoce y me asalta.
Jueves. Paseo del Alta;
libre cima del asueto.
Y enfrente, campo concreto
para mi afán de aventura,
San Pedro del Mar madura
su muralla y su secreto.
Límite a ansiedades mudas,
cifra de ocultos deseos,
colgaba yo mis trofeos
de tus paredes desnudas;
tú, que a la ciudad escudas
batiéndole al mar la raya;
tú, que desdeñas la playa
para mirar a lo lejos,
torre de los catalejos,
mi siempre alerta atalaya.

Pero el día de la siega
llega a la espía del draque
y a una hoja de almanaque
-filo de papel- se entrega.
Ahora si el buque navega
y en la cima de la ola
cabalga, si el rumbo enrola
en busca de amantes señas,
viuda y sola entre las peñas,
se le ofrece la farola.

Mar, espíritu: vigías
no os robarán el secreto.
¿qué son diez millas de reto
para vuestras lejanías?
Mar, espíritu. Y los días
y las noches turnan leva.
Y sobre el mar que renueva,
vencido al sueño, su piel,
una torre de papel
y de espíritu se eleva.

La torre tiene un torrero,
y el torrero centinelas,
y al menor batir de velas
ya es descubierto el velero.
Viaje atlántico o costero,
todo en la carta se anota.
Capitán, ya en tierra rota
esa atalaya -ay, azares-,
¿dònde irás? Vuelve a tus mares,
al puño la gaviota.


HASTA SIEMPRE

Pero no. En pie la atalaya.
Capitán, el tiempo viejo
no muere, y el catalejo
su lente más limpia ensaya.
¿Quién dirá desde la playa
-proveedora de cimiento-
que ha podido herir el viento
esta torre, aquella torre?
¡Vive, Ayer! Nadie os borre,
torres, de mi pensamiento.


A RAFAEL ALBERTI

Gòngora, 1927

La más hermosa ausencia de tu tinta
ha decorado con su olvido vago
-pliego que no llegò no se despinta-
este aposento que al mentido halago
de musas de hoy, de ayer y aun de mañana
atiende desde el día de Santiago.

Cuando al frisar la hora meridiana
me dejaba acunar, depuesto el peso,
en bra2os de la espuma verde y cana,
yo meditaba ocioso en ti exprofeso
y en tu blanca sirena submarina,
proveedora de sal y esquiva al beso.

Pensaba en la trainera aguda y fina
que las olas enhebra con su aguja
por la regata azul de ventolina,
cuando el ritmo en los torsos se dibuja,
y se abre y cierra el vuelo de las palas
y la voz del patròn ahinca y empuja.

Así, tendido en las flotantes salas,
modelado del mar que me acaricia
con el tacto infinito de sus alas,
pensé, almirante, en ti, y en la solsticia
luz de tu mar abierto al sur de plata
y al cabotaje que tu verso oficia.

También entre nosotros se aclimata
el sol de agosto, y bruñe la onda espesa,
y la brisa alza cúmulos de nata;
la arena de oro cuando el mar la besa
su polvillo de nácares olvida
y entre los pies se nos enreda presa,
y larga y lentamente humedecida
se satina y de yodo se oscurece
como el escote que Leonor descuida.

Pero permite que mi cargo empiece
y que, enterrando imágenes de playa,
dé a tu silencio el pago que merece.
Y que en nombre de Gòngora, atalaya
al año venidero, recrimine
tu proceder que excede de la raya.

Ahora que el fútbol vuelve y vuelve el cine,
hora es de que te incite al noble empeño
y a tu urgente trabajo te encamine.

Recordarás quizá como en un sueño
las peñas de la Granja y de Miyares
ante el bock rubio o el licor cenceño.
Para honrar a Don Luis, las singulares
tareas repartimos. A ti toca
sonsacar a los cultos de sus lares.

A los nietos de Gòngora convoca
a que ordeñen los pechos de su musa
viva y caliente, si ya no es de roca.
Insiste, estrecha, apremia, y si rehusa
alguno, o ya vencido o pudoroso,
vuélvele tú a la fe con frente ilusa.

Ciérrales la salida en recio acoso,
como vi a los jinetes andaluces
acorralar al toro tormentoso.

Pídeles, por la gloria de sus cruces,
que por Don Luis de Gòngora y Argote
vistan su temo de más vivas luces.

Yo te diré los gongo rinos. Yo te
recordaré sus nombres. El Parnaso
conociò nunca más florido lote.

Tres maduros maestros abren paso,
ejemplo ya a las liras juveniles,
aun antes de inclinarse hacia el ocaso.

Barbas, de chivo un tiempo, hoy en viriles
hilos -plata y ceniza- desatadas,
como blondas de mar por los cantiles,
o barbas negras, árabes, talladas
a filo de hacha, como quiso el griego,
ya tú bien las conoces, obstinadas.

El otro, con su ausencia a cuestas, ciego
va de armonía por sus soledades,
con Dios hablando y, para el mundo, lego.

Buscarás al que vive en dos mitades,
de nuestro tiempo víctima: la pluma
y el pincel le duplican voluntades.

Y por el norte gris, que agrio rezuma,
si ya no en la colonia de Trajano,
al cònsul pirenaico de la bruma.

Hallarás enlazados de la mano,
Castor y Pòlux frente a la Sorbona
o sobre el limpio fondo castellano,
o tal vez -borla azul- en la poltrona,
comentando a Don Luis verso por verso,
un perfil corvo, una cabal persona.

Y con risa de niño en su universo,
"ciervo de espuma y rey del monterío",
al juglar devotísimo y disperso.

No te hablaré de aquel que del sombrío
antro en que palimpsesta y filòloga
libertamos un día turbio y frío.

Tú sabes que es poeta, que interroga
a las estrellas número y secreto
y lo mece consigo y monologa.

Ni a alondras de París pongas el veto,
aunque ignores tal vez su melodía,
bella entre todas, yo te lo prometo.

Aludo a aquel que obtuvo la poesía
desnuda y nueva, creada de su mano,
sin prosa, sin intérprete y sin guía;

y al otro fiel, mi inseparable hermano,
que amasa sus milagros favorables
con el más puro gesto cotidiano.

Y espero desparrames otros cables
a voces frescas, tiernas de futuro
y con ellas la llama mutua entables.

Orlad de amor y gracia el alto muro,
como pájaros tibios de la aurora
que expulsan su secreto prematuro,

antes que el bedel diga: ya es la hora,
bedel zoilo que siempre tarde llega,
aunque el reloj la hora corrobora.

Y mientras él los ojos se restrega
y compulsa los datos oficiales
tu tafetán, Don Luis, ya se despliega
sobre docena y media de leales.


A JORGE GUILLEN

Animándole a la ediciòn de
las "Octavas", de Gòngora, y
a la de sus propias poesías.

Gòngora, 1927

Querido Jorge Guillen:
pues que en cristalina jerga
Sena, Segura y Pisuerga
te arrullan triple vaivén;
si tu pluma fuente Pen,
Eversharp o Waterman,
o "du cote de chez Swann",
padeciò largo estiaje,
mane hoy en pleito homenaje
prosa fiel, verso galán.

Ya te das a las octavas
de don Luis, o ya a tu verso
bruñes anverso y reverso
y ornas de rimas esclavas.
Décimas de líneas bravas
en sòlo un trazo resueltas,
frontones de idas y vueltas
en mutuas y altas porfías,
laberintos, bizarrías,
felicidades esbeltas.

Prietos y adustos romances
cavados de sordos ecos,
zumo oculto en recovecos
de retrocesos y avances.
Pasmo perpetuo en los lances
del verbo y de la apariencia.
Clarividente demencia
del puro urdir ilaciones.
Iluminen tus pasiones
cavernas de la conciencia.

Así a tus líricos bloques
mordidos de cien buriles,
horas afinan perfiles,
días calculan retoques,
Incòlumes ya de choques,
ilesos de descarríos,
reinen los contornos fríos,
de tus espléndidos bultos.
Cieguen pronto a los estultos,
halos de tus albedríos.

Si no te enmudecen nieves
descendiendo al ralantí,
si a resbalar en esquí
hielos murcianos te atreves;
si ya se acerca ese jueves
pascua florida de ofrendas,
no al cíclope desatiendas
ni al áulico panegírico.
Vuele ya tu equipo lírico,
en gloria absueltas las vendas.


A JESÚS CANCIO

De Cando, ¿viene cantil?
¿Tu apellido llamò al mar
para que en él se estrellara?
¿Viene de Cando canciòn?
Eres por derecho propio
el bautizado del mar
y su poeta nativo.
Los demás le contemplamos,
le amamos, le acariciamos.
Pero él sòlo a ti te entiende,
sòlo contigo dialoga.
Canta, Cando, tus canciones,
canta desde tus cantiles,
cántanos tu cancionero.


A MIS AMIGOS DE "CRITERIO"

Buenos Aires, estribo para el que va con prisa,
la mirada obstinada, la voluntad decisa,

un mes, dos meses... "Voi qu'entrate" acá, ¡cuidado!
Pisad sobre esta tierra un solo pie calzado,

que el que tres meses pasa, pasa toda la vida
y el apeadero tòrnase morada indefinida.

A pesar de la incòmoda postura del austral,
colgado de los pies -gravitaciòn central-,

de este ambular colgante como mosca en el techo
que a veces me produce palpitaciòn de pecho,

yo me hallo entre vosotros tan bien, tan en mi casa,
como el que por descuido la vida entera pasa,

y es ya uno más que cuelga en vuestras ramas nido.
Perdòn: entre nosotros sobra todo, cumplido.

Parodiando a don Luis, yo diría que llevo
dos siglos de criollo y un cuarto de malevo

en estas siete ciertas semanas -casi un sueño-
que por lo que quisisteis me velé de porteño.

Imágenes filmaron mi cinta tan copiosas,
tan una encima de otra, como en las nebulosas

donde tal mar de estrellas por el sitio disputa
que ya condensan todas la misma láctea ruta.

Si por mi mente paso el film que os aprendí,
tan apiñado fluye que marcha al ralantí,

y ahí tenéis explicado por qué en pocas semanas
acumulé experiencias y viví horas lejanas.

Dejad la flor que rompa lo liso del capullo
y en su hermosura frágil contad siglos de orgullo.

Pero en fin, disculpadme este tono Boileau.
Termino dándoos gracias en nombre de Mirò.

Nuestros nombres supisteis -qué adivinar detalles-,
y antes de que ellos fuesen, eran ya en vuestras calles.

Mirò, Alberti, Larrea; ¿queréis aún más? Cossío,
Jorge y Altolaguirre. Y hasta no desconfío

después de ver a Antonio Machado en Centenario
(aquí todo es posible; no digo que no exista),

de leer Gerardo Diego -qué caso extraordinario-
al doblar en el òmnibus una esquina imprevista.


RETRATO DE JOSÉ ÁLVAREZ PRIDA

No le temáis. Su indòmita melena, si se eriza,
la desmienten sus ojos tan dòciles y humanos.
Rostro de leòn heráldico, de piedra crespa y riza,
no temáis al leòn; os lamerá las manos.

De pie, siempre de pie como la peña Ubiña,
pròcer de nubes y águilas la frente descubierta,
tiembla si os relata -ay, Dios de la rapiña-
del padre arrebatado y de la hermana muerta.

El padre de ojos rubios y barbas liberales,
la niña -claros rizos, celestes cascabeles-.
Y la voz se le enturbia de memorias leales,
se le nublan los ojos de lejanías fieles.

Uno a uno, niños, árboles, le cuentan sus historias,
que tiñen de esperanzas sus vencidas tristezas.
Hay que aprender del monte las lecciones suasorias
y perseguir al glayo goloso de cerezas.

De versos y de pájaros vedle siempre en acecho.
Cuando los prende vivos, no los ata ni encierra.
Los pule, los calienta en lo íntimo del pecho,
y al aire los devuelve, libres sobre la tierra.

Y por la primavera, cuando solloza el cuco,
su mano, que acaricia las bestias del camino,
trae un cielo de estrellas en la flor del saúco
o una sola, la novia flor blanca del espino.


MANUEL MACHADO

Porque se llama Manuel
y Machado se apellida,
en su verso Muerte y Vida
juegan partida y nivel.
¿Quién vence? Tablas. Y él,
banderillero de Apolo,
supo, cantò y está solo:
ese poeta chapado
que se apellida Machado
y le llamaban Manolo.


MANUEL CRISTÓBAL
(SEMBLANZA)

Para su libro "Umbral"
En el jardín oculto -paz de Manuel Cristòbal-
canta un ruiseñor blanco y hay negras margaritas.
Su dueño, enajenado, poetiza y filosofa.
¿El arcano o el límite? Su vocaciòn vacila.
Arden en su mirada temerarios carbones.
Sus manos pías, tercas, desnudan los cristales,
los cristales sin tacha de las rocas invictas.
La mueca de sus labios -anatema al desorden-
le finge biznieto sin transfusiòn de sangre
de aquel gran desdeñoso que bajò a los infiernos.
El libro que aún no ha abierto su oloroso capullo,
la estrella que hoy estrena sus pestañas precisas
son sus supremos goces. Y en su huerto de luto,
aprende contrapunto del ruiseñor y fuga,
mientras deshoja el censo de amargas margaritas.


DEDICATORIAS
Y HOJAS DE ÁLBUM


A JOSÉ MARÍA DE COSSÍO

Ampliando la impresa de
"Versos Humanos" en su
ejemplar.

A ti, José María de Cossío,
profesor ambulante de entusiasmo,
porque te inclinas sobre el libro mío
-pasiòn sobre pasiòn, cordial pleonasmo-
como el que quiere refrescar las fauces
con agua en verso de profundos cauces
y porque es tu garganta el instrumento
en que más fiel mi estrofa se abre al viento,
a ti, humanista y sobre todo humano,
bajo especie de eterna vestidura,
vuelva, hecho letra esbelta y línea pura,
el torpe garabato de mi mano.


EN LA "FÁBULA DE EQUIS Y ZEDA"

A Antonio Bilbao Arístegui,
agradeciéndole el regalo de una obra de
Premanuel de Antefalla.

Fábula o mito o cálida sonata
en tres tiempos -paisaje, amor y muerte-
te ofrezco, Antonio, en resbalada plata
por el oro en capricho de mi suerte.
Ensaya en tu teclado esa mi urdimbre,
que nunca oro de Falla miente el timbre.

A José María de Cossio

Retòrica por ti, José María,
en reales sextinas irreales,
bajo pliegues de estrofas mi poesía
cela y revela miembros virginales
para que en torno de ellas, como sueles,
doctamente salzedocoroneles.

A Luis Cernuda, sobre un ejemplar
mexicano de la "Fábula".

Como don Luis de Gòngora el preclaro,
Luis Cernuda y Desdén -amor y río-
vaticinado en aquel verso raro,
"verde calle, luz tierna, cristal frío",
refugíense en su áurea biblioteca
Equis y Zeda hispánica y azteca.


A JUAN GUERRERO RUIZ

En un ejemplar de "Arias Tristes",
de Juan R. Jiménez.

Aunque mi torpe verso estas Arias profane,
tristes y alegres ya por mejorar de dueño,
quiero que de mi pluma la fuente negra mane
por que algo mío quede sobre el libro zahareño.

Mil veces pasearon mis dedos su pereza
por las flores, con Schubert, de este arbusto temprano.
Ya, aunque lejos se vayan, yo guardo la certeza
de su llanto en mi oído, de su esencia en mí mano.

A ese jardín botánico suplan su ausencia sola,
y muden azahares por esta brisa de ola
bajo el fervor sin tacha del nuevo jardinero.

Yo las despido ahora como aquel buen Rodrigo
a sus espaldas; porque mejorarán contigo,
tòmales de mis manos, querido Juan Guerrero.


A JOSÉ MARÍA DE COSSÍO

De "Alondra de Verdad"

Canta la alondra su verdad hermosa
en el azul de la alta certidumbre.
Todo es como es. Quema la lumbre,
unta la miel y engaña la raposa.

Escucha su cantar. Còmo rebosa
de caridad y ciega de vislumbre.
Mírala en su trapecio, de quejumbre
desfallecer y dicha perezosa.

Vamos, amigo, a lo alto del otero.
(La alondra, sin cesar, sigue cantando.)
Es tarde. Frío. El cielo ya enrojece.

Su alfabeto zafiro prende el lucero.
Y siempre y todavía ella manando
amor de Dios que mi amistad te ofrece.


A CARMELA Y EUSEBIO OLIVER

De "Angeles de Compostela"

Vuela feliz, Uriel, despega y vuela
a casa de Eusebio y Carmela,
entrégales mi libro de esperanza,
exhibe tu más bella danza
y vuélvete, feliz, a Compostela.

Que ellos después te rindan la visita
y puedas algún día, allá en tu gloria,
contemplarte en los versos de mi historia
abierta entre sus manos e infinita.


EN EL ÁLBUM DE JOSEFINA
DE LA SERNA ESPINA

Yo leí la divisa en un escudo,
blasòn de una nobleza femenina.
Ilustraban su campo una marina
concha, una rosa con su dardo agudo.

La pátina inclemente apenas pudo
ennegrecer su piedra. Josefina,
tú sabes de ese escudo, y de esa espina,
y de esa rosa heráldica a que aludo.

De memoria aprendiste su leyenda.
De corazòn también. Siempre tu senda
la has de hacer a su sombra "sagrativa".

Pues son belleza, gracia, sangre tuyas,
la hereditaria antorcha no rehuyas.
Su luz quede por ti dos veces viva.


EN EL DE S. A. R.
MERCEDES DE BAVIERA Y BORBÓN

Esta hoja es una rosa
que se abre a florecer;
el verso es la mariposa,
y la pluma, el alfiler.

Alfiler que no lastima,
que sòlo fija una cruz
de oro viejo, oro de rima
de dos alas al trasluz.

Mariposa que no muere,
que abanica un corazòn,
y al menor contacto adhiere
sus alas en oraciòn.


EN EL CÓDICE DEL BISABUELO
DE TUDANCA

Regalado por José María de Cossío
a Antonio Díaz-Cañabate.

Un soneto me pide Cañabate
para el libro puntual del bisabuelo.
Son más de cuatrocientos -furia y celo-
los que en mis lomos hincan su acicate.

¿Còmo después de un juicio, de un debate
-siglos de amor de purgatorio y cielo-,
còmo salvar, airoso y paralelo,
catorce almas en pena y sin rescate?

Del libro y del noviembre últimas hojas
con el ábrego van. Rojas panojas
decoran el lintel de la solana.

"Collige, amice, rosas." Biznietos
somos, Antonio, de la azul mañana
y arrebol vendimiamos de sonetos.


EN EL DE CARMELA TEIXEIRA DE OLIVER

En esta urna, Carmela,
¿quién poner la mano osa,
si Martínez de la Rosa
fue aquí cisne de tu abuela?
Yo, ruiseñor que se encela
y no cisne agonizante
quisiera ser con mi cante
entre flamenco y divino,
y eternizarme en un trino
que te desmaye y te encante.

Y como en aquel prodigio
que se cuenta del asceta,
dormir un siglo en litigio,
dama, gorjeo y poeta.
Y cuando en el siglo nuevo
-xxi en pleno medievo-
una niña nueva herede
el álbum, su oído le aplique
y -tu belleza y mi psique
volando- soñando quede.


VARIA


CIFRA

A Dámaso Alonso

Bendita el ave que vuela
Íntegramente y sin roce,
Balanza que pena y goce,
¡Alma mía!, en mí nivela.
Jamás viola la cancela
Ultima del paraíso.
Ante el límite indeciso,
Negándose en pliegue y pliegue,
Rompe el vuelo. Y nadie llegue
A tentar ave en aviso.

Maravíllate, poeta,
Orillas del lento empeño.
Noble soñador, tu sueño
Jaula te erige secreta.
Introdúcete, interpreta
Aíejor que otro augur sublime
Esa música que gime
Nítida y sus giros teje.
Escucha. Canta. Tú: el eje.
Zumo de Dios, en ti exprime.


PRIMAVERA

Sí, largas barbas de nieves,
cabelleras de chubascos,
ceños de nubladas cejas,
mejillas prietas de hielos.
Qué bien, qué propia llevabas
tu disfraz de abuelo invierno.
Còmo aprendiò tu garganta
las còleras de los vientos.

Mas de pronto en un descuido,
un jiròn de tus harapos
te traicionò la inocente,
fresca carne de tus senos.
Un pozo de cielo azul
-vivacísimo, alegrísimo-
entre las nubes de cieno.

Ay, que a mí no me engañaste,
mi Primavera desnuda.


NIÑO

Niño dormido en el florido huerto.
Una cosa tan sòlo aún es más bella.
Niño despierto.
Estrella.

Niño despierto en el huerto florido.
Una cosa -una sola- a ti prefiero.
Niño dormido.
Lucero.


NACE UN NIÑO

Nace un niño, otro, otro más.
Ajenos niños, pero tuyos todos.
Todos los niños del mundo
te alumbran tu cielo inmortal.
Cuéntalos, llámalos, duérmelos ya.

Ay, que uno se va a hacer hombre,
y otro mujer, y otro más.
Que las estrellas del cielo
se te están cayendo al mar.
Llora, llora, llòralas.

Otra estrella está saliendo,
y otra y otra y otra más.
Ponías tú los nombres nuevos
v en tu cielo clávalas.


RIMA PENÚLTIMA

En el centenario de Bécquer

¿Por qué venís, decidme?
¿De dònde, extraños huéspedes?
Muecas, gestos sin límites
que en los aires se encienden;
suspiros que quisieran
sonreír y no pueden;
rastros de ala en las nubes,
huellas de oro en las nieves,
fantasmas delicados
del hambre y de la fiebre
-manos cortadas, ojos
desasidos, empeines,
hombros desnudos, lágrimas
sin sus dueños, ausentes-;
cabellos de arpa rubia
deshilachada y tenue,
que, heridos por las ráfagas,
en silencio se mecen;
santelmos que al naufragio
sus centellas sumergen;
fauna amputada, equívoca
del sueño adolescente;
árboles que se cierran,
espumas que se ofrecen
abiertas en durísimas
corolas diente a diente;
propòsitos de muda
conspiraciòn ecuestre;
ecos, memorias, tránsitos,
insomnios, nieblas, pliegues
de sudarios, escalas
de abanicos celestes,
cúmulos de humaredas
que ascienden, palidecen,
que permanecen, duran,
flotando tristemente.

En vuestras brumas áureas
anegadme, envolvedme,
sepultadme en la cierta
trasrealidad satélite,
donde, al fulgor contrario
de ángeles y luzbeles,
cumplen siglos los puros
espíritus de aceite,
donde los sueños se hacen
luz y rima de Bécquer.


POEME OU VARIANTE

"¡La mer, la mer, toujours recommencée!"
Mais pas du tout, monsieur Paúl Valéry,
pas du tout, mon ami.
Voici ce qu'il fallait,
voici:
"¡L'amour, 1'amour toujours recommencé!


DICEN QUE YA ESTOY MADURO

Dicen que ya estoy maduro,
que se conoce en mis versos,
y al que ayer joven poeta,
hoy le pretenden maestro.

Dicen que ya estoy maduro,
que se conoce en mis besos
y en no sé qué de mi voz.
Pronto me han de llamar viejo.

Pero a mí ya no me importa
porque he aprendido en mis textos
que se vuelve del revés
como un dòcil guante el tiempo.

En mi bolsillo me bailan
con los años venideros,
los que viví y vivo, y siempre
cultivo y mimo en mis huertos.

Todo es una flor de estambres
y de pistilos concéntricos,
flor que gira y se deshoja,
una sola flor el tiempo.

Dicen que ya estoy maduro
y hasta debe de ser cierto,
que a las dos de mañana,
mientras dibujo estos versos,
cierro los ojos y escucho
còmo florece el silencio,
còmo presiden los ritmos
el sosiego de lo eterno,
los ritmos que aquí en mi casa
-contrapunto- están latiendo,
cuatro -misterio- inocencias
en cuatro menudos lechos.


EPITALAMIO

En la boda dé Felicidad y
Leopoldo Panero.

"Y los ángeles de la guarda
en el pico traían las estampas."
G. D.

Y los ángeles de la guarda
en el pico traían, ¿qué traían?
No. No eran las estampas de colores
que encantaron niñeces solitarias.
Iban entonces ellos revolando,
solitarios también, sobre las nubes,
bajo los techos, entre los rosales.
Ángeles de la paz. Tal vez se vieron,
se miraron tal vez, desconociéndose.

Y un día, ¿còmo fue? ¿Fue en una tarde
de octubre, rojeaban las mejillas
de los primeros fríos y las últimas
hojas de cobre efímero temblaban?
¿O fue en la primavera, abril abriendo
su mañana clarísima garrida,
y la misa de Pascua sus claveles?
¿O acaso era la playa meridiana
de agosto, o las luciérnagas latían
sus estrellas de fòsforo en el huerto?

El Señor, sonriendo, ungiò los párpados
de dos ángeles pròximos. Tan sòlo
un segundo, la alerta centinela
cediò a la presiòn dulce. Y emergieron
del sueño irresponsable. Ya los ángeles,
que eran antes "los dos", ahora son "ambos".

Y de color vivísimo de rosa,
las plumas de las alas les resbala
un tornasol, la sombra de alto vuelo.
En el mundo visible algo nacía
"de la hermosa vuelta de unos ojos,
de una boca que os muestra un paraíso".

Lo que entonces naciò hoy se hace adulto,
nivelado de mayo en los platillos
altísimos de azul, de augurio y vuelo.
Triunfo del amor. Dos criaturas
ambas, novios, esposos. El retablo
del altar jubilante irradia, vibra
de las alas cruzadas de ambos ángeles,
y unas ondas concéntricas de anillos
crecen nupciales irisando el ámbito.

Felicidad se llama esta figura.


CLAROS SUEÑOS

A José Manuel Blecua

Oh sueños, claros sueños, anticipo
de vida eterna, oh lumbres. ¿Todo? ¿Nada?
¿Identidad? ¿Contradicciòn? ¿Coartada?
La madre, el padre, el hijo: un solo Edipo.
A vosotros me entrego. Y no disipo
en la vigilia vuestra estela alada,
vuestra profunda realidad palpada,
de cuya carne y hueso participo.
¿Quién eres? ¿Novia, madre, niña, abuela?
Todas y toda y variamente mía.
Que el ayer y el mañana al fin se abracen
y me acunen en dulce duermevela.
Oh sueños, vuestras alas (lo sabía)
en luz de eternidad me desenlacen.


A LUNA EN EL DESIERTO
Y OTROS POEMAS

SANTANDER

A Ignacio Aguilera


NUEVA CANTIGA
DE SANTA MARÍA DE LA ARRIXACA

A Andrés Sobejano

Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla,
si por ella España entera
limpia se ve de mancilla.

Era una vez un rey padre
y una dulce reina abuela.
Él se llamaba Fernando
y la abuela Berenguela.
Tanto quería a María
que entre una y otra candela
siempre ardiendo, la llevaba
-qué bulto de plata esbelta-
tierras de Leòn y Castilla.

Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla,
si por ella España entera
libre se ve de rencilla.


LA LUNA EN EL DESIERTO Y OTROS POEMAS 645

Corona de rey le ciñe
Berenguela a su Fernando
y corona de más precio
le va en sus sienes orlando
esa Virgen de los Reyes
que a los santos de su bando
les escoge y prende y ata
todo un rosario de estrellas
en la frente que se humilla.

Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla,
si por ella España entera
ha vuelto a su fe sencilla.

Pues la Virgen que ahora canto,
Virgen de Reyes ya es.
Si ayer eran madre e hijo,
con el Príncipe hoy son tres.
Ved al nieto en la cuna.
Alfonsico cumple un mes.
Y ama Urraca va a adormirle
y una cantiga le canta
de la Virgen morenilla.

Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla,
que ella reina en toda España
-mar azul, tierra amarilla-.

Si de niño ya sonríe
al oír gozo y loor
y milagro vuelto en música
de la Madre del Mejor,
si, infante, remansa y sueña,
¿qué no hará cuando mayor?

En Villadelmiro crece
y en Celada del Camino
que es una bien chica villa.

Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla,
si por ella España mora
se ha de rendir a Castilla.

Cuando el Príncipe ya sabe
tañer, trovar y cantar,
cuando ya goza la estrena
de amor y guerra a la par,
convoca en Toledo a cuantos
juglares de mar a mar
saben milagros y rosas
y glosas de la que dijo
a San Gabriel: "Ecce, ancilla."

Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla,
si por ella España entera
el corcel de Alfonso ensilla.

"Quien deje a Santa María
por otra, qué gran locura.
Folia hará quien la olvide
por humana criatura.
Al demonio mis amores,
que he de trovar con mesura
loor de mi reina y dama,
pues por ella, la Gloriosa,
Murcia será de Castilla."

Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla,
si Alfonso X el Sabio
a sus plantas se arrodilla.

"Desde el minarete agudo,

la huerta, qué hermosa y verde.
Hasta Beniel y Orihuela,
còmo la vista se pierde.
Y esta espuma de palmeras

-quién te vio y no te recuerde-
salpicando la muralla,
y noventa y cinco torres,
a cuál doncella más bella."

Murcia tiene una Arrixaca
y la Arrixaca una Estrella
y la Estrella -Ave, María-
un Lucero que destella.

De Valencia la Mayor
y de Genova y de Pisa
y de Sicilia y de Malta
y de toda la cornisa
tirrena, los mercaderes
a pedirle una sonrisa
vienen hasta la Arrixaca,
y sus más devotas preces
buen refugio hallan en ella.

Murcia tiene una Arrixaca,
una Madre que es Doncella.
Dos lumbres son una sola.
Un Lucero en una Estrella.

Rey, Alfonso, se corona,
que su padre subiò al cielo
y le dejò en santa herencia
su cristianísimo celo
por la conversiòn de infieles
y el rescate de su suelo.
Ya son cristianas, marianas,
la Mezquita y la Giralda
en Còrdoba y en Sevilla.

Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla,
si aguas del Guadalquivir
la ven sentada en su silla.

Mas los moros se rebelan
y Murcia a Alfonso reclama.
Domeñados los rebeldes,
pide audiencia al Rey la Aljama,
que les derribe la iglesia
donde Mariem les infama.
Pero por más que se aguzan
las negras uñas del odio,
vence la santa barraca.

Murcia tiene una Arrixaca
y la Arrixaca una Estrella.
Y de ella naciò un Lucero
sin dejar rastro ni huella.

El Rey hace testamento,
que ya la muerte le alcanza.
"Y porque en Santa María
siempre hubimos buena estanza,
a Ella pedimos merced
pues siempre es nuestra esperanza,
que ruegue por nuestra ánima,
que ángeles santos la acojan
y no diablos en querella."

Murcia tiene una Arrixaca
y la Arrixaca una Estrella.
Dicen que naciò en un pozo,
agua de oraciòn y gozo.


LA LUNA EN EL DESIERTO Y OTROS POEMAS 649

Ya tiene el Rey sus entrañas
en Murcia, la siempre fiel,
-aire herido de azahares,
lecho de seda y de miel-.
Ya descansa el corazòn
en su reposo y nivel,
corazòn que aquí en la tierra
de Murcia hallò su consuelo
y en el cielo en una Estrella.

Murcia, la de la Arrixaca,
con su Virgencica bella,
la morisma y judería
desvendaba y convertía.

¿Còmo no hemos de quererte,
Madre del Amor florido,
si del nuevo atroz milano
guardaste escondido el nido,
y por ti salvos estamos
como tu pueblo elegido?
¿Còmo no cantarte a ti,
a ti, Reina verdadera,
María de la Arrixaca.

Santa María, palmera
tan alta que maravilla,
si por ti mi España entera
cree en Dios y se arrodilla?


CASTILLA MILENARIA

Mil años ya, Castilla, madre mía,
y tu frente de reina persevera
tan niña y clara como el primer día
cuando a Santa María
rezabas desde el Castro de Valnera,
mientras tus ojos, faros de dulzura,
rodeaban los rumbos de tu rosa:

Mar de Cantabria, el Pas en su angostura,
las brañas, la llanura
más allá de Espinosa, prodigiosa.

Oh tierra de mi sangre y de mi entraña,
tierra de mi apellido y mi semilla,
oh bendita de Dios, verde Montaña,
profecía de España,
prenda eterna de luz, alta Castilla.

Mil años ya. Tus miembros se extendieron,
mojan tus pies espumas africanas,
tus costados y brazos anchos fueron,
tus cabellos torcieron
su enmarañar por ínsulas indianas.

Y hoy si tu bulto contemplar quisieras,
todo tu cuerpo recogido y prieto,
no verías sus lindes ni fronteras,
ni desde mil Valneras
dibujaras tu íntegro esqueleto.

"Tierra inmortal, Castilla de la muerte."
Jamás, Castilla de la siempre vida,
Castilla del castillo de la suerte,
ciego, invisible, fuerte
sobre la ruina dòcil y ofrecida.


LA LUNA EN EL DESIERTO Y OTROS POEMAS 651

Ruinas en flor, castillos de Castilla;
sus pétalos, crujías y dovelas
huelen a sol y a luna, y a su orilla
muerden hierba amarilla
polvorientas merinas paralelas.

Mas no penséis que adoleciò y que fina
flor que así se desciñe y se derrama.
Un nuevo tallo brota y se ilumina
creciendo de su ruina:
torre del homenaje, chopo o llama.

Así es como te quiero, fresca y verde,
Castilla de mis libros escolares,
cuando la honda mirada se nos pierde
¿quién que no lo recuerde?
más allá de los siglos y los mares.

Estampas de color de mis niñeces,
acariciadas luego en la memoria.
Cotas y al jubas, grebas y jaeces.
Dichoso yo mil veces
que no aprendí otra patria ni otra historia.

Es Fernán a caballo -arnés trenzado-
y el rey -sayo de seda- en la ventruda
muía, y la arena del revuelto vado
salpicando el violado
rostro de crasitud que se demuda.

Luz de mañana azul. Santa Gadea.
La palabra de Alfonso, oscura y grave
el ceño de Rodrigo. Lisonjea
el sol y se recrea
aurivolando en diagonal la nave.

Allá Torre del Oro se levanta,
roja de alegre sangre y azulejos,
y un botalòn de nao se adelanta,
las cadenas quebranta
y el Betis se bautiza de reflejos.

Consulado de Burgos. Raudas quillas
-curvan costillas las atarazanas-
atrepellan Sanlúcares, Sevillas,
y en bordadas de millas
fuerzan las aguas del Estrecho canas.

Más allá el sueño horrendo de Fernando
rasga el vientre a una nube de ceniza:
Castor y Pòlux, Géminis tronando.
Y el plazo va menguando
y el emplazado, de pavor se eriza.

Reina Isabel ahora escucha y calla.
Un extraño hombre en pie la frente inclina.
Habla tan mesurado. A veces falla
la voz. Muestra y detalla
con un compás la carta azul marina.

Y al fin mis ojos ven, mi mano toca
la ansiada selva virgen. Y el anciano
monje y su cruz. Y el maya o el iloca
que hace santa su boca
cantando madre. Dios, en castellano.

Oh lengua entre las lenguas ensalzada,
latín filial, honor del universo,
clara plaza de armas, paz ganada,
hogaza codiciada,
oh sangre noble de mi noble verso.


LA LUNA EN EL DESIERTO Y OTROS POEMAS 653

Por ti Castilla es reina invulnerable,
por ti es eterna España ola tras ola,
siglo tras siglo, eterna e inviolable,
donde quiera que hable
hembra o varòn fonética española.

Pampa de luz, volcanes de oro y nieve,
cataratas de estruendo, ardua manigua,
soledad de altiplano, augusta y leve:
el orbe se hace breve
-oh sintaxis de amor- y se santigua.

¿Còmo queréis que hoy no se conmueva
mi verso de zagal o de monago,
si al cantar a mi lengua, se renueva,
se remoza y subleva
mi niñez pura en sueños de rey mago?

Nadie elige su cuna. Mas la mía
en un raigòn de castellana muela
me brezaba y mi padre aun se adormía
a la aérea porfía
del cuévano nevado de la abuela.

Brasas de lobos en la noche oscura,
manotazos del oso deshaciendo
rueca y anciana y tierna criatura.

Camino de la altura,
la Virgen de las Nieves sonriendo.

Fábula agraz de ránulas y zorras,
brincos del corzo y vuelos del pasiego,
ordeño de la leche en las Machorras,
y tú que no te borras,
maestro enjuto dictando a Samaniego.

Águilas de Gayangos, espirales
sobre el huerto de absortos girasoles.
Ferias de Villarcayo y de Ramales.

Tardíos estivales
verdes de espigas, rojos de ababoles.

Álamos de Arlanzòn, olmos de Arlanza,
aguas tajando hoces de hondas cuevas,
páramo gris, sediento de esperanza;
la vista que no alcanza
los horizontes de fronteras nuevas.

Olores: heno seco y amarillo,
la dama rosa del escaramujo,
áspera aliaga, orégano sencillo
y el leñoso tomillo
que el borceguí del cazador tradujo.

En románico porche socavada,
el tacto frío de labrada piedra
a la caricia de la luna helada,
y la torre rajada
y el concilio del ábside y la hiedra.

Castilla impresa en todos mis sentidos,
viniendo a mí, empapándome yo de ella,
Castilla en frutos, palomares, nidos;
los frescos estallidos
del viento en su basquina de doncella

Castilla de la historia y geografía
efímera del año y milenaria.
Castilla o Sobrespaña, en este día
a besarte venía
tu invisible mejilla planetaria.


SCHERZO CROMÁTICO

Quieres para mí colores,
cuanto más crudos mejores.

Chupas, casacas de gala,
alaridos de la escala
en que a Goya nadie iguala,
túnicas de Kapurtala:
sus gritos no me dan miedo,
mas con mis grises me quedo.

Tú me querrías brillante:
azul prusia delirante,
carmín sangre de Violante,
rabioso añil discrepante.
Bellos colores, conforme,
papagayos de uniforme.

Tú me compones paleta:
amarillo de bayeta,
verde del loco de Creta,
furia a los ojos violeta.
Es tentadora, convengo,
mas a mis grises me atengo.

Sordos tonos de mis paños:
los verdes tenues y extraños,
los marrones o castaños
con todos sus aledaños.
Al hilo vibrante y puro,
sordina de otro hilo oscuro.

Las estameñas, las panas,
las delicias cotidianas
de los concilios de lanas
en las greyes ciudadanas.
Verderones, ruiseñores,
prestadme vuestros colores.

Grises: todos los matices.
Ya verás cuando tamices
y los colores suavices.
Grises de días felices.
¿Vivir para ver? No. Ver
para vivir y beber.

El color crudo me daña.
Paisajes de mi Montaña.
De la playa a la cabaña,
grises de tela de araña.
La niebla y sus siete velos.
Grises, grises de mis cielos.

Las nubes si el sol las deja,
oscurecen su madeja.
Cúmulos de plata vieja
hinchen barroca bandeja.
La luna después callando
las rondará suspirando.

¿De qué color la ropilla
-la flor de la maravilla-
del Infante de Castilla?
¿Malva, ceniza, pardilla?
Dinos, Manrique, las fadas
de aquellas ropas chapadas.

Dinos tú, Antòn el Ropero,
¿qué arcoiris de trapero
-envidia del tintorero-
cortas para el mesturero?
Y a don Beltrán de la Cueva,
¿quién las costuras le prueba?

Y tú, el bizco de Tomares,
diestro en curvas armilares,
¿qué miden los costillares
de don Gaspar de Olivares?
Còmo tu tijera adula
y las cargas disimula.

No. Dame los tonos sordos:
negros y blancos de fiordos,
lutos de urracas y tordos,
graves bordones f abordos.
Y la cabriola insensata,
al flautín de la corbata.


LA VUELTA DE LAS CARABELAS

Vuelta de las carabelas.
Tres eran y vuelven dos,
que fue voluntad de Dios
que fuesen dos las estelas.

Quiero en estas redondillas
ligeramente anacrònicas
fundir la luz de las crònicas
con la sal de las Antillas.

Venid, Musas, al reclamo,
soplad suaves en mi estrofa,
que a lo alto de la cofa
para otear me encaramo.

Y aunque tan breve es mi esquife,
al escapar de la rada
circunscribe mi mirada
a Azores y a Tenerife.

Y ya en la altamar del verso,
en cucaña de grumete
he alcanzado el gallardete,
cima de medio universo.

Desde aquí arriba, qué bien
se ve la esfera redonda.
Casi se abarca y se monda,
fruta que oscila en vaivén.

Ocre y azul, tierra y mar
se reparten franja a franja,
piel, si no de una naranja,
de una reina de pomar.

Mira qué espumas de encaje,
goza esas lumbres y visos
que abrevian mil paraísos
en las randas de un paisaje.

Contempla las costas puras
y las islas inocentes
y los volcanes durmientes
y las nieves prematuras.

Y bosqueja en ademanes
de tu mano perezosa
cartas de Juan de la Cosa
y rutas de Magallanes.

Dos eran dos las estelas,
dos babas de caracoles.
Còmo relumbran de soles
y parpadean de velas.

Míralas còmo se juntan
o en bordadas se separan.
Còmo se cruzan, se amparan,
se desvían y se ayuntan.

Pero la mar ya es de plomo
y el cielo enturbia su panza
y la manga -ay, esperanza-
ciega la luz e hincha el lomo.

-Arría trinquete y gavia
y la mesana de popa, .
que se anega ya la chopa
y el viento ruge de rabia-

Aun la noche densa y baja
ve cambiarse las señales
de dos luces funerales
que la mar sorbe y ultraja.

-Firmes -reza el Almirante.
-Avante -clama el Piloto.
Y se anudan voto a voto
en una oraciòn flotante.

Pero la borrasca es tal
y su ímpetu tan cruel
que hay que fiar a un tonel
el adiòs y la señal.

Al fin, la aurora de oriente
se incorpora soñolienta
y con gesto grave aventa
un nubarròn de su frente.

Y al izar el papahígo
dice a Colòn el serviola
que La Niña se ve sola
en medio del mar amigo.

La Pinta el rumbo ha perdido
o está en el fondo del mar.
Necesario es navegar
en busca del patrio nido.

Y Colòn en su toldilla
sueña con España y sueña
que la tierra es ya pequeña
para Isabel de Castilla.

Y el son que ritma la ola
le rompe y canta a estribor
gozos de San Salvador,
memorias de La Española.

Mas los ojos de Isabel
¿còmo eran? ¿Si relucían
de los filos que esgrimían,
ya azules y ya de miel?


LA LUNA EN EL DESIERTO Y OTROS POEMAS 661

¿Hasta dònde se encariña
la suavidad de una estela?
Y Cristòbal sobrevuela
la que deja atrás La Niña.

Sus ojos perdidos vagan
por el surco del mar raso
sin que rosas del ocaso
le colmen y satisfagan

Al fin costa lusitana
se divisa por la proa
y la ría de Lisboa
ríe a la nao capitana.

Y el Almirante saluda
al Rey Don Juan el Segundo
que llora perdido un mundo
por falta de fe desnuda.

La fe que no admite prenda,
que se otorga porque sí,
y da en premio un Guanahaní
a ojos que ven tras la venda.

Hacia el Sur la carabela
zarpa y dobla San Vicente
y un sol de marzo clemente
le dora y trenza la estela.

-Amigos, glorioso día
en que pudimos volver
hasta Palos de Moguer.
Dios lo hizo y Santa María-.

¿Quién diría, anclas, maromas,
y vítores y campanas,
voladores y dianas
y alto batir de palomas?

¿Y el gozo que se requinta
cuando las aguas felices
surca en líneas bisectrices
Martín Pinzòn con La Pinta?

Y las dos fondean juntas.
-"Falta la Santa María-
la muchedumbre porfía
mareándolos a preguntas.

-Carabela de la gloria,
se llama hoy La Navidad.
Por el fuerte preguntad
en los fastos de la Historia-.

Desde Palos a Bonanza,
desde Bonanza a Sevilla
sube rasgando una quilla
sedas verdes de esperanza.

Còmo bulle el Arenal
y la Giralda se ufana
y Rodrigo de Triana
anda en lenguas de arrabal.

Por Leòn y por Castilla,
por Castilla y Aragòn,
Nuevo Mundo hallò Colòn
y hoy lo festeja Sevilla.


ELEGÍA HEROICA DEL ALCÁZAR

Premiada por la Real Academia Española en
el Certamen organizado por la Hermandad de
Nuestra Señora del Alcázar (Toledo).
Estoy yo solo, modelado, exento.
Me alza en relieve el viento.
Me cincelan febrero y mediodía.
Y sobre almohada de imperial dureza
reposa mi cabeza,
centrada y firme en la fotografía.
No me corona plateresca almohada,
no, la piedra labrada
que finge encajes para eterno sueño.
Me ciñe prieto símbolo, aureola
-firme y en pie- española:
el Alcázar del César, berroqueño.
Roca de fe y de raza. Y en su ofrenda
desplegaba mi tienda,
en el castillo -como el Cid- velando.
Vigilaban las torres de alegría.
Vela de mediodía.
Eran las doce en punto en San Servando.
Y me volví a mirar las torres claras,
lámparas y almenaras,
alto ajedrez de heráldica y denuedo.
Qué cuerpos de sonora arquitectura,
bajo la luz tan pura,
pirámides y cubos de Toledo.

¿En qué España pensaba, en qué enemigo?
¿En qué Alfonso, Rodrigo,
Florinda de jazmín, Raquel de raso?
Y cerrando los ojos embebía
la húmeda melodía
que exhalaba el rabel de Garcilaso.
Oh celeste dulzura, oh clara vena,
licor que se me ordena
como un árbol de paz grave y sin nidos.
Oh dichosos mensajes y regalos,
oh acordes e intervalos
entre arquitrabe y basas bien medidos.
¿Qué huracanado vendaval soberbio
ha descarnado el nervio
y esparcido reliquias sobre el área?
¿Quién se atreviò a los muros? La pupila,
¿quién ciega?, ¿quién mutila
la majestad del águila cesárea?
Donde un tiempo los números concordes
y el filo de los bordes
cegándose de lumbres meridianas,
donde aquel día el cristianado Zoco
y el albañil revoco
y la clausura azul de las campanas,
hoy yace desmigándose en escombros
la altivez de unos hombros
desmoronada en cárcava y andrajo,
Muros de codos cien se desmantelan.
Y abajo se descielan,
turbias, las aguas mágicas del Tajo.

Oh miseria sin fin de cuanto ensalza,
de cuanto viste y calza
mano maestra a escuadra y plomo en vilo.
Oh destino fatal de una estructura.
La humana criatura,
leñadora suicida, hundiendo el filo
Mas pronto un temblor santo me sacude.
El alma se desnude
y se arrodille ante esta ruina nueva.
Más alta que la torre en su cuadrante,
sobre la roca atlante
la ruina heroica, indòmita, se eleva.
No le es lícito a un hijo de esta España,
de esta materna entraña,
contemplar como ruina de paisaje
esa piedra. El Alcázar de Toledo,
el Alcázar sin miedo
al cielo erige el roto paralaje.
¿Dònde buscar la fabulosa traza,
la gloria de una raza,
la redenciòn de un ciclo de congojas?
¿Siglos atrás en las historias rancias?
¿Saguntos o Numancias?
No; están aquí calientes, frescas, rojas.
No llore aquí feliz melancolía
llanto de arqueología,
fría elegancia de Rodrigo Caro.
Aquí se siente el corazòn entero
y el hombre verdadero
de esta desolaciòn se forja amparo.

Esas simas volcánicas, tremendas,
esas minas horrendas
no rizaron las frentes asediadas.

No ensombrecieron las febriles faces
ni las llamas voraces
ni el retumbo de plúmbeas toneladas.

Ni el espectro acercándose del hambre
ni el diabòlico alambre
tentando al coronel Guzmán el Nuevo
con voz filial y timbre de Guzmanes.
Tan sobrios ademanes
no conociò en Tarifa el medioevo.

Y van pasando los atroces días.
Sarcasmos e ironías
llueven tras de los muros del asedio.
¿Mérida, Guadalupe, Talayera?
Onda, vuela ligera
y ábrete en pechos víctimas del tedio.

También vosotras, sí, madres y esposas,
peleabais con las rosas
puras de fe de las avemarias,
"Reina y Señora, cerca está tu octubre.
Tu manto azul nos cubre.
Libéranos. Contamos ya los días".

Y la Reina lo oyò. Desenterrados
fantasmas delicados
iban surgiendo de su viva tumba.
"Bandera del honor libertadora:
por vivir esta hora
doy mi agonía larga y catacumba".


LA LUNA EN EL DESIERTO Y OTROS POEMAS 667

Y revivieron fastos imperiales.
Palabras inmortales
florecían en labios verdaderos.
Así se entrega, incòlume, la llave
cuando el alcaide sabe
que siglos le contemplan venideros.
Oh ruina del Alcázar de Toledo.
Yo cantarte no puedo,
convulsa flor, sin desnivel de rimas.
Vivero de esforzados capitanes.
Nido de gavilanes,
de un águila también, ebria de cimas.
Ahí nacieron profetices los sueños,
los sublimes empeños
de una firme y radiante adolescencia.
Y el Tajo, que lo sabe, amansa el paso,
sonoro a Garcilaso,
y el cielo otra vez cabe en su conciencia.


SOLEDAD

Solo. Sí. Soledad de soledades
y todo soledad. Ya ni el Amigo
ni la Esposa ni el Ángel. Estoy solo.
Me abandonaron.

Soy isla, esclavo y roca de mí mismo.
El vacío me ronda y me modela.
Todo en torno me huye y hasta el aire
se desvanece.

¿Es la niebla quizá lo que mis manos
-estrellas de ansiedad- sondan a tientas?
La niebla es algo -hilachas, pesadilla-.
Nada es la nada.

Solo estoy. Pero cierto. Existo. Vivo.
Me compruebo y me palpo. Aquí concluyo.
Hasta aquí duro y éstos son mis límites.
Estoy y soy.

Voluntad de presencia. Afirmaciones,
tantas como latidos que se aquietan,
que van ritmando, edificando el firme,
dulce sosiego.

Cierro los ojos y abro los oídos.
Me siento bosque, mar. Olas y pájaros
me surcan, iluminan, mojan, cantan.
Y abro los ojos.

La creaciòn renace de mis párpados.
Invento el aire, el cielo, la montaña.
De tanto querer ser, ya es todo en torno:
¡Hija Naturaleza!

Ella y yo nos bastamos. Solo y sola.
Dejadnos solos. En mi amor de padre,
mi criatura topa y se recrea.
Yo la acaricio.


CONJURO O POEMA

Esa vida, la vida que no rema,
la que se deja resbalar despacio
como un río de luz hecho poema,
pulso del tiempo y cárcel del espacio;

esa vida de brasa, arista, joya,
de imagen dulcemente repetida;
esa vida que fluye y no se apoya,
esa vida de muerte y casi vida

busca su nido còncavo en la frente,
nos baña el hombro y nos traspasa el pecho
y se nos viene así derechamente
a diluir el corazòn deshecho.

Negra de ausente luna y suspendida
de las garras de un cuervo está la sala,
negra va por el aire y florecida
de loco amor y palpito de bala.

Y súbito se enciende, no un disparo,
sino un lívido lienzo de verònica
que va a enjugar sangre de luna o faro,
danza de duendes en estela cònica.

¿Dònde está el norte, el hielo de su aguja;
dònde el minuto que las trenzas roe?
Esa pantera al sur ¿quién la dibuja?
¿Y vuestro beso en flor, Dafnis y Cloe?

Nicaragua ¿está aquí? Los sicòmoros
¿se han hundido en las aguas de Oceanía?
¿Van y vienen y van los meteoros
o es mi pañuelo el cielo que llovía?

La nieve, ah sí, la nieve colegiala,
la nieve enamorada y no de mí,
la nieve herida en lo íntimo del ala,
descubridora, ay, del ralantí.

Y ¿qué es eso que sube, invade, crece,
que me agiganta la robusta mano;
eso que nunca vi, que reflorece,
cirugía del ojo en primer plano?

Oh Liliput del tiempo en lejanía,
amor del treinta y seis por veinticuatro,
y el revelar sin tacto, y la entropía
de las burladas hadas del teatro.

Dejadme, por favor, cerrar los ojos
y restregar los párpados crecidos.
Volved, espacio y tiempo, a mis sentidos.
Reine mi fantasía a cierraojos.

Y vosotros, sospechas o despojos,
duendes de magia blanca, yo os conjuro:
evaporaos en ese espacio puro.


A IDA HAENDEL

Por su "Concierto" de Beethoven
(14 - XI -1948)

Fue primero el certamen por nacer a la vida.
Soterrañas raíces, tallos verdes, crecientes,
ensayando, palpando, sorbiendo el aire puro,
larvas, gusanos, sierpes soñando alas abiertas.
Seres en limbo oscuro su redenciòn clamaban,
abriéndose entre fustes, desgarrados de espinas,
Aperos de cortezas que la piel les escorian,
les ungen de resina, de goma, de canela,
es aroman de bálsamos de un viejo paraíso.
Formas, ya tan hermosas, a la luz se presentan,
se adelgazan, coronan, estallan casi flores,
se deshojan, tristísimas de dulce abatimiento,
lloviendo con sus pétalos la vergüenza del tránsito.
¿A quién esa doncella crecía destinada?
¿Qué error de falso timbre ha abolido en penumbra
al dios adolescente, todo inocencia y sueño,
que pudo ser, y casi fue, y derivò en fracaso?
¿Quién nos llamaba ahora, una, dos, tres, cuatro veces,
-ay, còmo palpitaste, corazòn vulnerado-
con nudillos de seda en el tabique lúcido?
Algo, sí, algo muy hondo, muy humano y muy divino
sobreviene, se acerca, imploraciòn, milagro.

Y de pronto, oh prodigio, la pena se hizo música
y la música orbe, gloria, miembros y cuerpo
y alma tangible, nuestra, oro de alma obtenido,
oro de re mayor, alquimia al fin tan bella,
oro líquido y puro que abrasa y enamora
y se hunde en el abismo, hondo cauce bordònico,
o trepa por la gama de hamacas en peldaño
hasta que allá en lo alto de la prima esbeltísima
se le nievan de escamas -peces de cielo y hielo-
las ondas siempre de oro y tornaluz diamante.
Cuando después sollozan las musas del larghetto
¿quién no cierra los ojos para abrirlos al llanto?
Comprendemos apenas si es el mismo Beethoven
quien nos canta, conforta, confidencia, lastima,
librándonos el tiempo secreto de su pecho,
auscultado del pájaro posado sobre un hombro.
Y los ojos abrimos y a ti te vemos sola.
Ida, Ida -clamamos al regresar al mundo-
Ida -nombre de Eco- Herida, Vida... Ida...
Increada, Increída, Perdida... Ida... Ida...
Y por el aire eléctrico de la sala, del dulce
noviembre de oro, por el cielo sube y sube
tu estradivaria lira, igual que la de Orfeo,
no a inscribir constelando su cifra rota y mártir,
sino a brillar su cálido inmaterial sonido,
latiendo, palpitando su destello castísimo,
como una estrella sola, ¡milagro!, estrella única
en el cenit helado de una noche de enero.


LIMBO

(1919-1921)

EL ARCA
1951

Al poeta Pedro Lezcano,
este libro que naciò a la vez
que él.

G.D.


BALADA

Éste era un príncipe loco
que estudiaba el laúd en los azules
cabellos de su hermana

Tres a tres cuatro a cuatro los trenzaba
y en los acordes arpegiados
enredaban los pájaros sus patas

Los cisnes le ofrecían
la trenza de su cuello
y el agua de sus alas

Pero el príncipe loco
seguía modulando ensimismado

Para mayor delicia
cortò de raíz la cabellera
y el laúd no sonaba

Entonces
con las azules trenzas
el príncipe se ahorcò


INVIERNO POSTUMO

El sol se ha ido
Su lecho
ha quedado tibio
hundido y voluptuoso

De pronto
sábanas tiesas metales
jarros de aguas antárticas


CRONOS

En el cubo sin fondo
van cayendo una a una
las gotas del péndulo

El péndulo es el pulso de la noche
Y los rosarios ruedan
extrayendo en sus norias
corazones de madres y de novias

He buscado mis llantos
Villanos
Me han robado
Como en una bandeja petitoria
deposité mi frente

Los ritmos despertados
levantarán el vuelo
La luna colegiala
en camisòn de dormir
apagò de un soplo los relojes

Y de mi corazòn
una a una
van cayendo
todas las hojas

Por no sé qué resquicio
se cuela un soplo sutil
que impide al divino farolero
encender las estrellas

Nieva la luna
Los árboles se encogen
se cierran y se sumen
como dentro de acuario oceanográfico


ENTONCES

La vida nacerá de entre las ondas
como la llama brota de tu boca

Y las cruces que cuelgan del firmamento
girarán como locas

Pon tu frente en la hélice
de mi apasionamiento

Nuestros dúos sostenidos
volarán escoltándonos
por el iturzaeta pentagrama telefònico

Nuestro parabrisas
se estrellará de faros y de millas

Y al quemar el primer beso
los cohetes de guerra
izarán sus banderas


BAILARINA

La japonesa tiembla en el alambre
sostenida
en las cuatro puntas de su sombrilla
Relámpagos rítmicos
brotan de sus senos
Globos y bengalas
se inflaman en el aire
Y sobre las espumas
se retuercen látigos de medusas
Al hacer un gesto
una bandada de alas anhelantes
le ciñe todo el cuerpo
Los violines enredan sus madejas
Pero ella no tropieza
Por la noche
duerme sobre una pata
con las alas plegadas a modo de corbata


TRANVÍA

El gusano de cables
va hilando su camino
Y sobre la bitácora
un experto marino
juega a los barquillos en la rosa náutica
Las estrellas medrosas
deshojadas y rotas
huyendo del huracán
vienen a refugiarse en nuestras gavias
Se oyen morir extáticas las olas
en la playa desierta
De repente notamos
que alguien nos ha robado
Buscamos la memoria y no la hallamos
No tengas miedo
Sobre las nubes
imantadas de relámpagos
Elias cruza en su tranvía eléctrico


LIMBO AJ, ATRÁS

A Florentino Bríones

Soy el caminante extraviado
sobre las hojas muertas del calendario

FEBRERO

MARZO

MAYO

Los recuerdos se esconden tras los árboles
pero yo los llamo

Todos los días veo
pájaros balbucientes
que olvidaron en el nido sus hélices

Y los niños sin alas
de volando en

Pero yo me arrastro
bajo todos los puentes del fracaso
angostos como yugos
regazo
Estoy enamorado
de una mujer que existe y que no es ELLA
Ayer una niñita
me preguntò la hora
y yo le di el corazòn equivocado
Mi novia
me había bordado en él
un si bemol
Y heme aquí solo
con mi bastòn en medio de la lluvia


APOSENTO

Para entrar en la sombra
las lejanías
se calzan las chinelas
En la cuna incensario
un dios sordomudo duerme
Y los niños sin alas
nadando en el vacío se sostienen
Los tres relojes


HOY AYER SIEMPRE

coinciden
La paz sueña en la lámpara
Las ideas dispersas
se abrevan en su aceite


ELEMENTAL

Yo construyo mis saltos
con los cuatro elementos
La Tierra
El Agua
El Aire
El Fuego
Por la pantalla simultánea
a la luz de las trompetas
pasan los días salvajes
en un friso de onomatopeyas
En mis manos se refugia
el espacio aturdido
Cada minuto al estallar
deja un nido nuevo bajo mis párpados
Como perdigones
vuelan mis pájaros
Crear Vivir Volar
Las hojas nuevas rompen a cantar
En torno de mi cetro
danzan los cuatro elementos
La Tierra
El Agua
El Aire
El Fuego


LLANURA

Hay un temblor de unísonos
en la llanura estrellada de escondrijos
Como liebres agudas
los horizontes huyen
sobre estelas bruñidas
Las estrellas errantes
se acuestan
en el remanso de las leguas
La línea férrea virgen
silba
silba y dispara flechas


DESMAYO

Todos los circos
todos los circos ingenuos
cuelgan de mis cabellos
Las campanas agudas
se encienden como globos
Con tus besos
con tus senos alternativos
qué linda hamaca para mis olvidos
Y el viento
en el arroyo expòsito
peregrinando
pordioseando


MAR

A José María Chacòn y Calvo

Cuántas tardes viudas
arrastraron sus mantos sobre el mar
Pero ninguna
como tú
tarde grave
hermana mía
dolorosa como una
señorita de compañía

Aquel poema desplegò sus velas
y escribiò con la quilla sus estelas
versos horizontes
salpicados de acentos
que cantan sacudidos por los vientos

Pájaros ciegos gimen en el faro
que ha olvidado todos sus cánticos
Y la tarde enlutada
acaricia mis manos apagadas

Sobre la roca náufraga
un humo pide auxilio


AJEDREZ

A Luis Zubillaga

Hoy lo he visto claro
Todos mis poemas
son sòlo epitafios
Debajo de cada cuartilla
siempre hay un poco de mis huesos
Y aquí en mi corazòn
se ha cariado el piano
No sé quién habrá sido
pero del reloj
en vez del péndulo vivo
colgaba un ancla anclada
Y sin embargo
todavía del paracaídas
llueven los cánticos
Alguna vez ha de ser
La muerte y la vida
me están
jugando al ajedrez


CALLE

Como una puerta de aspas giratorias
la calle va dando vueltas
Cautamente
hurtan sus sueños blancos las vidrieras
Por las chimeneas bajan del cielo
suaves polichinelas
Entre un oleaje de música
ha pasado el ángel
cuya cabellera riega las calles
Cada farol es una herida
Esta noche es más larga que nunca la vida


OTRO DÍA

Aunque la lluvia baile
El sol
bordará un día en tu bastidor
De tus ojos saldrán
los minutos entumecidos
volando con las hojas de los libros
Y un "Te acuerdas"
hará el nido en la hiedra de tus cabellos
La serpiente que llevas en tus hombros
aprendiò pocos versos
Pero sabe muy bien
que tu boca sin labios
es un plazo perpetuo


FIN DE FIESTA

A César A. Come I

Los vuelos de palomas
y la aridez del mar estéril
y esta caricia inflamable
enjaulada en mi frente
Todos los extranjeros preguntamos
"Hace ya mucho tiempo"
nos han contestado
Pero nadie se atrevía a llorar
El puente que atravesara nuestros años
duerme hecho un ovillo
La verbena fue tan pirotécnica
que la luna girando
perdiò todas sus aspas


CORRECCIÓN

El grifo canta
Y el péndulo
Que no es así
uno dos tres
uno dos tres
qué músico
(absurdo)
uno dos uno
uno dos uno
por Dios
dos uno dos
dos uno dos


CICLO DE LA MISERIA

La miseria se aprende
mientras canta en la villa la luz intestinal
La imagen en los muros
y en la piel lagartijas
que nadie compra ni vende
En una calle estrecha
frente a frente
apuestan a quién es más redonda
la tortuga y la sombra
de la lámpara del techo
Qué amargo nuestro
divagar llevando siempre algo adherido
Qué amargo y sin embargo
algo me acaricia la herida
Todo es color de miel
La miseria se olvida


VARIACIÓN

MADRID


NIEBLA

¿Te acuerdas? Junto al mar que respiraba
sus ímpetus de espuma llovedora,
cada instante más íntima, la hora
al desmayar nos sensibilizaba.

Nítido, el faro blanco vigilaba
tanta otoñal serenidad sonora.
Él sòlo vio acercarse a la invasora,
la ciega bruma de la costa brava.

Qué isla de niebla ya. Ceñía el mundo
-acantilado, oscuro praderío-
nuestro temblor de edades primitivas.

Y al despertar del éxtasis profundo
se me abrieron caladas de rocío
tus violetas de Francia, persuasivas.


SER, ESTAR

Vivir, vivir tan sòlo, sustantivo,
existir, ser, estar, pura presencia,
palma de mano abierta a la clemencia
de la luz dòcil y el calor pasivo.

Gozo de derramarse, imperativo,
de recogerse en casta continencia
y persistir, perenne transparencia,
suceso en plenitud, ser exhaustivo.

Y así es mi paz, si fuera la tormenta
cielos y tierra trueca y precipita,
saber mi alma navegando lenta

con la estrella y la brújula infinita,
mientras mi cuerpo -oh límites- alienta
y en su fiel sosteniéndose gravita.


A C. A. DEBUSSY

Sonidos y perfumes, Claudio Aquiles
giran al aire de la noche hermosa.
Tú sabes dònde yerra un son de rosa,
una fragancia rara de añafiles

con sordina, de cròtalos sutiles
y luna de guitarras. Perezosa
tu orquesta, mariposa a mariposa,
hasta noventa te abren sus atriles.

Iberia, Andalucía, España en sueños,
lentas Granadas, ágiles Sevillas,
Giraldas tres por ocho, altas Gomares.

Y empapadas de hechizos y beleños,
gotean tus dolientes maravillas
lágrimas de claveles y azahares.


CLAROS SUEÑOS

A José Manuel Blecua

Oh sueños, claros sueños, garantía
de vida eterna en lumbre anticipada.
¿Identidad? ¿Contradicciòn? No hay nada
y todo es cierto. A vuestra profecía

simultánea me entrego. Y todavía
en la vigilia vuestra estela alada,
vuestra profunda realidad palpada
es certidumbre en que mi amor confía.

¿Quién eres? ¿Novia, madre, niña, abuela?
Eres todas. Yo no, yo nunca abdico.
Que el ayer y el mañana al fin se abracen

y me acunen en dulce duermevela.
Oh sueños, vuestras alas de abanico
en luz de eternidad me desenlacen.


EL PÁJARO AZULE

Devoluciòn a mi hermana Ángela
Raudo alboroto azul, siempre al acecho
del cuarto de mis padres y mi cuna.
Mi hermana cuenta, inventa. Abre la luna
sigilosa el cristal del antepecho.
Al dulcísimo y cándido cohecho
se va durmiendo el niño. Y ya le acuna
la niña madrecita de fortuna,
ya se disuelve el pájaro en el techo.
Ala zafir en el zafir del día,
me burlabas, cenit de Juan de Herrera.
Sòlo en la noche el fasto azul ardía,
fuego azul, raso azul, azul vidriera.
Por unas de tus plumas, ay, daría
mi poesía alada y verdadera.


AMAZONA

AGORA
Madrid


AMOR EN LA MANO

El amor cotidiano.
Canto al amor que canta aquí en mi mano.
Días, semanas, meses
-viñas, nieves, almendros, fresas, mieses-
pasan. Vuelven los años
desnudando y vistiendo los castaños.
Y el perezoso aguarda
al amor imposible que ya tarda,
el amor que fue sueño,
el amor que será, nunca o zahareño,
el amor del quién sabe,
enigma que en el cielo traza el ave.
Pero el amor secreto,
el amor que se es, que se está quieto
para que mi ancha palma
se pose en él con posesiòn de calma,
el amor persuasivo
siempre en presente azul de indicativo,
se está aquí, tan humano
que no quiere volar, pájaro en mano,
que aletear prefiere,
cantar conmigo, arder es lo que quiere.


LA LECTURA

La lectura fluía,
la lectura era un río,
y el poeta, alto álamo,
le dictaba su ritmo.

La brisa de la tarde
nacida en el recinto
oreaba las nucas,
movía los zarcillos.

Sollozando y riendo,
juncos y versos íntimos
refrescaban la dicha
de aunarnos y sentirnos.

Tú mirabas absorta
con un dolor tan lírico,
impreso en las mejillas,
remansado en tus rizos,

que era como el paisaje
que acudía al prodigio
y se cristianizaba,
virginizado y niño.

Veías, escuchabas,
más allá del martirio,
más acá de la entraña
del seno femenino.

Por tus ojos pasaban
los reflejos del río
y tú eras a la orilla
la madona sin niño,


AMAZONA

con tus siete puñales
sòlo para mí nítidos,
madre de la poesía
que era el hijo ofrecido,
tu invisible, imbesable,
inabrazable hijo.


EL DOBLE ELEGIDO

Qué raro es ser poeta.
Encontrarse de pronto una mañana
con el mundo feliz, recién creado,
piando, balbuciendo
para que alguien le bese y le descifre.
Y ese alguien, el llamado
-¿es posible?- soy yo.
Qué extraño es ser amante.
Encontrarse una tarde, casi noche,
que la luz de unos ojos,
el temblor de una mano dulce y ciega,
que sí, que era verdad.
Y así -como la ola
que al mar le turge, estalla, rompe en dicha
de efervescida espuma-
del abismo oceánico del pecho
nos sube, crece, alumbra a flor de labios
un nombre de mujer
y unas alas: "te quiero".
Oh maravilla atònita.
Poesía del amor.
Amor de la poesía.
Y yo el doble elegido, regalado.


LA OBEDIENTE

Yo le decía "ven" y ella venía;
"Quiero estar solo, vete",
y ella se marchaba;
"habla" y me regalaba su gorjeo;
"calla" y las horas muertas,
las horas vivas,
transcurrían como un arroyo
rodeando el ruedo de su falda,
porque ella entonces se quedaba quieta,
isla de sumisiòn, creando en el suelo
un manso olvido de naturaleza.


CENTAURESA

Cuando sacudes tu mata de pelo,
cuando sacudes tus crines de fuego,
mi centauresa, mi ardiente amazona,
con ese nervio tan tuyo y sin doma,

por los espejos de azogue violáceo,
por las molduras de oro de los marcos,
pasan antorchas de llama y de hielo,
ondas que corren, peines de tormento.

Y por mis huesos, marimba dormida,
cuando tu mata de pelo estremeces,
frotan escalas alas fugitivas.


LA INVESTIDURA

Es, sí, celeste añadidura
la investidura del amor.
Cuando uno ama, uno es mejor,
pero el amor, qué poco dura.

Es el amor una aventura
hacia otro amor, otro color,
otro calor,
otro rubor de criatura.

No tengas miedo, valgo más
desde que tú, cielo me das
en el amor que todo abjura,
que todo entrega e inaugura.

No tengo miedo si te vas,
pero el amor, qué poco dura.


COMO LA DAMA ROSA

Acodada en la losa
de mármol del café,
como la dama rosa
del lienzo de Manet,
estabas pensierosa
y sin saber por qué.

¿Pensabas allá lejos
en el color del mar?
¿Perseguías reflejos
de nubes en Dakar?
¿Deslumbrabas espejos
ciegos de tanto amar?

Acodada en la losa
lívida del café,
como una frágil rosa,
triste rosa de té,
soñabas en la fosa
que se te abría al pie.


HEMBRA O ESPAÑA

Hembra. España. Prohibida. Se alza un muro
por medio. Guerra en paz. Hay Pirineos.
Y tú invisible. En vano me aventuro
bosque arriba. Allá trepan deseos.

Ruedan descalabrados. Ni un conjuro
santo te salva. Enorme coloseos
te hunden, circundan. Y tan sòlo el puro
pensar, túneles abre a mis correos.

España, España. Selva, roca, nieve
te defienden de mí, te esconden. Bebe
mi sed el cielo que hacia el sur se tensa.

Vuelan mis ojos la azulez inmensa.
Esa luz que te sorbe y te conmueve
soy yo, hembra o España, que en ti piensa.


RUEDA

La rueda de los días.
Rueda el verano variable
su azar de lluvias, soles,
brisa de mar y truenos de montaña,
relámpagos, galernas,
vorágines de polvo, y el rocío
perdonando a las flores
su inocente pecado original.
Todas las madrugadas
-las estrellas se mueren-
mi cuadrante de cielo sur consulto,
y ya te encuentro,
fija como un lucero aunque haya nubes,
sangrando luz de amor.
Pero de noche,
si hay estrellas, busco
la tuya revolviendo paralajes,
hojas de firmamento,
mitologías de constelaciones.
Y no te encuentro.
¿Es que duerme tu lumbre mientras vela
mi palpitante azor? ¿Es que me bañas
de luz mientras yo duermo?


DE SIEMPRE A NUNCA

Cuando me duermo y voy cerrando el puño,
lenta corola displicente,
todos tus suspiros sin nido
vuelven al ocaso de Siempre.

Y cuando al despertar abro la mano,
lento girasol que te busca,
todos mis sueños, hurtos, versos,
vuelan por el alba de Nunca.


LA BRISA

La brisa besa al huerto
y robándole olores
me habla de ti, me orquesta
tus flautas y tus cobres.

Tú estás en esa esencia
que mis sentidos sorben,
en esa alada música
de hierbas y de flores.

Yo distingo en la onda
tus violas, tus oboes,
tus lloviznas de arpa,
tus lunas y tus soles.

Yo acaricio los hilos
de tus secretos roces,
tus teclados de fuego,
tus silencios salobres,

te destrenzo uno a uno
tus cabellos indòciles
y en delgadas madejas
vuelvo a anudar sus lotes

-como en el juego absorto
de la espuma que rompe
(encaje de bolillos,
1912)-.

Pues cuando aspiro el huerto
y vibro en tanto acorde,
adivino en su ámbito
tu fragancia de noche,


AMAZONA

esa emanaciòn tuya
que me busca y se esconde,
que me llama y se esquiva,
que al fin me reconoce.


POR MUCHO QUE CONTIGO VIVA

Por mucho que contigo viva,
no podré ya vivirte niña.
Y, sin embargo, pudo ser. Mi vida,
ignorante de ti, crecía alta
cuando viniste al mundo.
Tú eres así mi recobrada hija
y tengo que ganarte aprisa, apris
hacia atrás, a la fuente,
tu niñez perdida.
Tú quieres ser mi madre
y has de correr, vivir, aprisa, aprisa
para alcanzarme, dejarme atrás,
para que te dé tiempo
de mirarme subir desde tu cima,
tú, vieja madre de cariño,
puerta final donde entregar mi vida.
No podrás ya vivirme, siendo madre,
mi niñez. Pero mira,
mírame bien. Verás que soy
un niño todavía,
un niño siempre.
Por mucho que contigo viva.


EL TREN PASA

El tren pasa ocultándose, asomando
entre malezas y árboles.
Fue primero un rumor como si el río
se ahondase un poco más en el silencio.
Después se subrayò como si el aire
acercase los montes y los túneles.
Y ahora le siento aquí entre mis paredes,
corriendo por el techo,
perforando mi almohada.
No es el tren, el tren cruel de la partida,
ni el del regreso, alborozado amigo.
Hoy marcha indiferente
en esta madrugada de mi insomnio,
marcha sin ti y sin mí, gusano dòcil
soñándose algún día mariposa,
abriendo la mañana,
despertando las flores,
engarzando los ritmos
de tu viajero corazòn en vela
-oh sobresalto súbito- v del mío.


ÁNGELUS DEL MEDIODÍA

Ángelus del mediodía.
Nace del bronce el ángel
y la espadaña tiembla
como la rama cuando suelta el pájaro.
Cada latido, un ángel,
cada gota de música, un columpio
que se va y ¿cuándo vuelve?
El oído inmerso en el fragor del cáliz
se hinche y casi estalla
de ondas redondas
-moradas, verdes, amarillas-
que rebotan en bòvedas y tímpanos.
Ya volò el ángel último
y el primero traspuso el horizonte.
Y el oído, embriagado de sí mismo,
se aplica al cáliz lánguido
para sorber la vibraciòn inversa,
hacia dentro, del bronce,
onda sonora que se sume y se cierra
perdiéndose, olvidándose, quedándose,
lento espejo canoro
de la que llega ahora,
de la que vuela ya en tu ámbito
-invisible zumbido, élitro, eco-
que tú descifras, calculando
la distancia y el tiempo y la armonía
acordada, feliz, diapasionada.

A la espadaña sube
la hiedra del silencio.

Y mi oído aún absorbe lejanísimo
el eco de los ángeles.

Y el columpio está muerto.

No sé, yo no nací para quererte,
mi centauresa de la crin de llama,
mi amazona en la zona que te ama,
tòrrida de la sed de poseerte.

No te quería, no. Pero mi suerte
galopa ya en tu rastro. ¿Y no habrá rama
que te enmarañe y cuelgue de su trama,
lámpara columpiada a amor o muerte?

Te quiero, en fin, mujer, y te quisiera
alma sin cuerpo, y creo que te amara
sin el jazmín del alma enredadera.

Ángela sola, espíritu bastara,
y la estrella, antes flor de un beso, para
nacerme ángel y dormirme fiera.

II


LA ATRACCIÓN

La atracciòn de los cuerpos,
de los humanos cuerpos,
de los cuerpos celestes
está en razòn inversa, etcétera.
Puede ser que así sea y sin embargo...
La atracciòn de las almas
¿está en razòn directa?
¿Se precipitan, corren a estrellarse
-y con más furia cuanto más lejanas-
por línea recta o curva?
La atracciòn de dos almas,
de la tuya y la mía,
no está en razòn de nada ni de nadie.
Está en la plena -oh Newton,
oh vida- sinrazòn.


SIESTA EN EL MUSEO

Siesta en el Museo.
Dánaes y Venus,
durmiendo.

Bochorno de agosto.
La cera y el òleo.
Sonrojos.

Tus miradas yerran.
Tus axilas sueñan
la selva.

Entre aquellas llamas,
cisterna buscaras.
Susana.


SOMBRA DE UN PAJARO

Sombra de un pájaro en el techo.
Él va en la luz que le deslumbra.
Y yo en el lecho,
en la penumbra.

Rumor de alas que se cruzan
por el azul de la mañana,
que me chapuzan
la galbana.

¿Sería pájaro el pilluelo?
¿Un gorriòn loco de plumas,
ebrio de cielo?

Te he conocido, no presumas.


ERES COMO LA TORMENTA

Eres como la tormenta.
Como la tormenta viene
sin que nadie se dé cuenta
ni sepa quién la mantiene
ni la inventa,

así surges tú, te inflamas
y de rebote en rebote
te cruzas y te derramas
y -sin que nadie te note
que me llamas-

me estás llamando y amando
y todo el cielo es estrecho
para tu clamor tronando,
para el ardor de tu pecho
calcinando.

Como la tormenta llegas
-tan azul que el cielo estaba-
ensordeces, borras, ciegas.
Como la tormenta brava,
te deshaces
y me anegas.


TUS MANOS

Tus manos son dos peces,
déjalas en mi agua.
Còmo se me resbalan.

Tus manos son dos pájaros,
déjalos en mi aire.
Còmo se me deshacen.

Tus manos son dos manos,
déjalas en mi sueño.
Déjamelas despierto.


PORQUE LA LUNA ES UNA

Porque la luna es una,
tú y yo podemos vernos,
unirnos en la luna.

Porque la luna sube,
tú y yo podemos juntos
velarnos en la nube.

Porque la luna muda
de cuartos y de fases,
yo soy fe, tú eres duda.

Porque la luna esconde
su espalda siempre en sombra,
déjame que te ronde,

porque quiero envolverte
y ver còmo es de oscura
la espalda de tu muerte.

Porque la luna es fría,
siento el frío de luna
de tu mano en la mía.

Porque la luna es una,
verdad es la del cielo.
En el agua, ninguna.

Porque naciò sin cuna,
nuestro amor busca una.
Durmámosle en la luna.


PORQUE TU NO ERES YO

Porque tú no eres yo.
Porque yo no soy tú.
Porque la luna lu.

Porque tú ya eres tú.
Porque yo soy yo ya.
Porque la luna na.

Porque el sí ya no es no.
Porque el no se ha hecho sí.
Porque la vida vi.

Porque el si sube a do.
Porque el do salta a la.
Porque la vida da.

Porque me quieres tú.
Porque te quiero yo,
la sol fa mi re do.


YO HUBIERA QUERIDO

A la luz de las estrellas
te quiero restituir
este romance de nadie
que enajeno para ti.

Estrellas que no son ellas,
luz que es ya fábula, ardid
con que quieren engañarnos
desde su pena