LAS ISLAS INVITADAS
y otros poemas
Las Islas Invitadas
Ese Mar
Ese mar, amarillo, acido, en donde
un solo barco de bambú ofrece,
al coro de las islas invitadas
mercancías
y en donde son bordados, no con vida,
peces y nadadores,
vio aquel día
al sol astado con doce rayos gruesos,
prohibiendo enérgico a las aves
sus torpes vuelos femeninos.
Sus Rayos
Sus rayos, tan duros y brillantes,
la luna —auriga de reflejos múltiples—
sacude violenta
para ahuyentar auroras,
pescando por los ojos, milagrosamente,
cada rayo su pez de inquieto brillo.
Negras Cabras
Negras cabras en fuga
perseguidas por el pastor,
que sube cotidiano
a la cumbre del día,
dieron la vuelta al mundo,
sorprendiendo —sus mil ojos brillantes-
acalorado ya, sangrante, rojo,
al fin de su descenso,
al pastor, que ignoraba
ser el broche de oro
del cinturòn bordado de la tierra.
Hombres Inmòviles
Hombres inmòviles
decorando jardines junto al mar,
y flores paseantes,
árboles de negocios
y plantas comerciales
recorriendo el asfalto
en confusa rutina;
tropel que perseguía
a un árbol grande en fuga,
acusado de no sé qué delito
contra la propiedad.
El Sol
El sol bajaba entonces
al barranco profundo
que debe haber detrás del horizonte,
alargando las sombras
—lentas aguas opacas—
de lo erguido,
dando nuevos colores a las cosas,
como si presintiera
la negra oscuridad vecina,
inevitable, de la noche.
LLUVIA
El cielo se ha despeinado,
su melena de cristal
se destrenza en el sembrado.
MANANTIAL Y OCASO
Ojo, no por su forma,
sí por estar a llanto sometido.
Por ceja, espeso verde enmarañado,
liso y pendiente campo por mejilla.
Las casas dan al viento sus senderos,
mientras, para cortar la flor del valle,
clavándose los rayos inferiores
baja a la tierra el sol, aureolado.
Cuando se oculte entre las yerbas altas
las blancas ropas que tendiò en sus rayos
la guapa lavandera de la aurora,
en vidrios paralelos
deshiladas caerán.
Carne dulce del árbol,
el viento de piel rosa
con la mano sostiene
su abanico naranja.
La noche —negro médico-
le toma el pulso al río
y despide a la tarde,
que se va para América
leyendo en la cubierta
en su gran trasatlántico.
CAMPO
(Cinco pétalos tiene
la flor que él ama:
la camisa de lino,
el refajo de lana
el vestido de seda,
el delantal, la capa.)
Aquel árbol de la cumbre
tiene las bridas del viento;
la capa de su jinete
pinta de celeste al cielo
y el agua del río se aleja
acariciando reflejos.
El pastor trenza su honda
con fibras de esparto nuevo,
mientras el rebaño va
dejando desnudo el suelo.
Ella en el barranco rojo
sus ramas rubias dio al viento.
Las miradas del pastor
oblicuamente crecieron,
Ella en el barranco rojo
y él en el perfil del cerro.
ESPEJO Y ECO
A LA ORILLA
A la orilla del lago
cercado de montañas
jugamos al billar con nuestras voces.
prisioneros
Prisioneros del agua,
los ecos del dibujo
sueñan con pescadores.
¿por qué?
¿Por que no tiene memoria
el acantilado aquel
que tan bien me repetía
tus gritos de colegiala?
El Eco
El eco del pito del barco
debiera de tener humo.
Aquel Muro
Aquel muro que no repetía tu voz
era esponjoso y avaro
como un papel secante.
VIAJE
Si Muerte
¡Que golpe aquel de aldaba
sobre el ébano frío de la noche!
Se desclavaron las estrellas frágiles.
Todos los prisioneros percibimos
el descoserse de la cerradura.
¿Por quién? ¿Adonde?
El sol su página plisada
entrò por la rendija oblicuamente,
iluminando el polvo.
Descorriò su cortina el elegido,
y penetrò en los ámbitos sonoros
del Triángulo y la espuma.
Nos dejò la burbuja de su ausencia
y la conversaciòn de sus elogios,
El Agua
El agua se borraba de la tierra
-aviadora y subterránea,
alma y cuerpo—
después de reflejar lo transeúnte
y el árbol florecido a su derecha.
Durante toda la mañana
Durante toda la mañana estuve
delante de su espejo.
Yo esperaba que apareciera su figura
tan acostumbrada a verse repetida
en la realidad de ella, inexistente ya.
(El pez chino en la fuente,
entre las verdes piedras de corazòn mojado
se ocultaba y no salía.)
Y yo sí estaba allí,
dentro del agua clara del espejo.
Ese yo ahogado,
cuando yo al irme lo deje en libertad,
buscará loco
en el mundo sin tacto del espejo,
la imagen deseada,
alborotando todo lo reflejado.
LAS BARCAS
Sin Marinero
Sin marinero,
ojo sin niña, del mar,
mi barca dentro del puerto.
Yo en el monte.
Sin pestañas,
ojo sin niña ni remos.
playa
Las barcas de dos en dos
como sandalias del viento
puestas a secar al sol.
Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.
Sobre la arena tendido
como despiojo del mar
se encuentra un niño dormidor
Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.
Y más allá, pescadores
tirando de las maromas
amarillas y salobres.
Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.
HISTORIAS
calle
Tu casa frente a mi casa.
Tu balcòn frente del mío.
Entre tu casa y mi casa
una página de frío.
Mi mirada cose al viento
estancado de la calle.
Tu aliento empaña el cristal
cuadrado de tu ventana.
Entre tu aliento y mis ojos
encuadernamos la página
amarilla y fría del viento.
fuera de mí
Cuando volví de acompañarte,
en el lugar de nuestro encuentro
me vi aislado, hecho luz.
Me tropezaban personas sin espíritu.
Los planos de mi esencia navegados
por la compacta multitud.
Me recogí a mí mismo
aprisionando con mi forma
lo derramado y olvidado,
antes de verte,
y me fui a casa
donde volví a probarme
el amplio traje de mi soledad,
Tarde
El horizonte tiene
insectos y fragatas;
su piel de pez de río,
con sus cinco colores,
empalizada pone
al mar Mediterráneo,
que, espumas renovando,
con sus encajes borra
las pisadas gemelas
que dejas en la playa.
Algas del viento son
las cañas litorales,
cuyo sonido se une
al de las caracolas.
Como habichuela abierta;
mostrando su semilla,
la jábega te enseña
sus tuertes remadores.
Si tus trenzas crecieran,
rubias y horizontales,
qué buen faro serías
sobre el peñòn del Cuervo,
cuando, enlutado el mundo
por la muerte del día,
el capitán del barco
una luz necesite.
Acariciando arenas
con tus pies y tu sombra,
esperas al marino
que, en bandeja con remos,
el mar ha de ofrecerte,
sin saber que tu amante
vive ya en otro mundo,
gozando la luz verde
del fondo de los mares.
romance
Arrastrando por la arena,
como cola de mi luto,
a mi sombra prisionera,
triste y solitario voy
y vengo por las riberas,
recordando y olvidando
la causa de mi tristeza.
¡La ciudad que más quería
la he perdido en una guerra!
Ya no veré nunca más
las dos torres de su iglesia,
ni los caminos sin sombra
de sus brazos y sus piernas.
¡La ciudad que más quería
la he perdido en una guerra!
En África
Techaban aires rápidos,
concéntricas del cielo,
curvas capas azules
le los jinetes negros,
dibujando turbantes
en sus caracoleos.
Más ancho que hondo, el campo
ofrecíase desierto
para la gran carrera
de los hombres aquellos.
Fugitivo horizonte
de polvo, lana y cuero,
la hilera de jinetes
se perdiò tierra adentro.
Recuerdos
Una siesta de lobos entre pinos.
Pétalos de la hoguera, cazadores
que grabaron sus huellas sobre el hielo.
Paisaje de película noruega
y argumento también. Una aventura
por dos buenos amigos recorrida.
Árbol de Navidad. Trajes con pieles.
Alegres despedidas al trineo.
Mucha gente en el bar. Alcohol y juego.
Las casas de madera sin dinteles,
Dentro, una tempestad de cobertores.
Afuera, un frío de cristal tranquilo,
altos cielos y curvas mal tendidas,
El aliento del hombre empaña al río
y la mujer no existe, sòlo lanas
por donde asoman caras femeninas.
El perro lobo salta los maderos.
Se superponen en el lienzo blanco,
el cuido, la candela y muebles toscos,
con la cortante limpidez del aire
que carece de azúcar y bacterias.
Y la gimnasia sueca de los árboles.
Y la sirena amiga de la foca.
Y el témpano qué avanza,
postre de los manteles marineros.
Ejemplo
Como un Grueso Perfume
Como un grueso perfume
se agrandaba opulento
rozando con sus bordes
interiores del alma,
y luego, al alejarse
en las paredes íntimas,
abandonò consciente
--señal, vestigio, huella—
la fina piel suavísima
de su último contorno.
Hueco de olor, el cuatro
perfil de aroma ofrece
a pesquisas de olfato:
señal, vestigio, huella,
del tránsito de un libro.
Llanura
Detenido
Detenido en el interno
laberinto del ramaje.
Fieras en troncos mayores,
en menores tallos, aves.
Crujir de leña en el carnes.
Olor a varas cruzadas.
Prisiòn de miembros audaces.
¿Y còmo saldré, si solo
entré en estas soledades?
Blandos vuelos de colores
se levantan en el aire.
¿Amplias alas tedian sitios
con sus airosos plumajes.
Jugosas hojas tendidas
dan sus lechos tropicales.
Saltan fieras enjauladas
dentro de espeso ramaje.
¡Qué estrecho entre los dos troncos
he de pasar aplastándome!
¡Cuántos caminos difíciles
hasta lograr libertarme
y brotar de este horizonte
a la llanura distante,
amarilla plana extensa
bajo la azul de su aire,
donde están potros desnudos
copiando nubes salvajes!
Giros, trotes y descansos.
Fugas de cuerpos brillantes.
Nuevo caminar cruzando
viento convertido en carne
sin esqueleto ni venas:
completa ausencia de árboles.
CÍRCULOS DE SOLEDADO
Círculos de soledad
dibujados por mi espera.
Girando sobre mis pies,
impaciente, arrastro y doblo
las puntas de mis miradas
sobre lo inútil perpetuo.
Sendero abrirá, llegando
a mi centro permanente;
radio de circunferencia,
minutero de reloj
señalando con sus huellas.
Y quedará en mí, o se irá
marcando nuevo caminos
perpendicular al otro,
en ángulo al de llegada:
gráfico cuarto de hora.
Impaciente espera larga.
Entero horizonte ciñe
la estatua de mi ansiedad:
faro en islote perdido,
monumento a la inquietud
en una plaza redonda,
ÁNGULO DE SU HUIDA
Acuden internos. Brota
para perenne belleza
la inundaciòn de mis brazos.
Domicilio cierro al beso,
prohibo toda caricia,
pero agacho mi cabeza
y entro en la cueva del aire,
en el molde de su cuerpo
que dejò en el aire al irse.
En su anterior permanencia:
estrago, fuego y dominio.
¡Qué dolor de brida firme!
Y la estela de su marcha
abierta al igual que un libro.
Y yo leyendo en los muros
del ángulo de su huida
los imposibles estímulos.
dominio
A Jòse Moreno Villa
Desnudo campo terso
en el que se expansiona
elástica y segura
la voluntad del hombre.
Tensiòn firme del músculos
sometido al mandato
prudente del instinto.
Apartarse, esquivando
con esbeltez, desdichas
¡Que se golpee el toro
su testuz de piel áspera
contra las enguantadas
paredes del crepúsculo!
Vencer, poder saltar
sin vértigo barrancos;
arrebatar distancias
con el pecho por proa
Firmeza en soledad.
Juventud y dominio.
como un ala negra
Como un ala negra de aire
desprendida de hombro alto,
cuerpo de un muerto reflejar
en duras tierras ahogado;
la sombra quieta, tendida,
flota sobre el liso campo.
La nube, sombra en el viento
de la sombra, flor sin tallo,
de la amplia campana azul
adormecido badajo
techo azul y suelo verde
tiene en la tarde de mayo.
Como una rama de almendro
el horizonte nublado.
La sombra quieta, tendida,
flota sobre el liso campo,
cuerpo de un muerto reflejo
en duras tierras ahogado. '
jardín
Todo el jardín como un cuerpo
con fiebre. ¡Que ajustados
miembros verdes vegetales!
El agua hundida formando,
enferma de confusiones,
de sí misma aislada, fangos
Jardín de abejas y olores
sin caminos para el paso.
Entrar es quedar en él,
como cuando nos quedamos
dentro de un libro, entre dos
o más plantas, apretados.
De Mi Contorno
De mi contorno, al perfil
recortado de mi sombra,
¡qué compactos rayos ciñen
el aire opaco que rondan!
¡Còmo al salir el sol, ella
tímida se achica, corta
bajo mis pies se refugia
y por lado opuesto asoma!
¡Qué lento brotar entonces,
primavera de mi sombra!
Y ¡qué esbelta rama gris,
tendida, de invierno, ahora!
Hasta que, perfil de tierra
y contorno de una sombra,
de tierra a cielo, cilindro
oscuro formen. Zozobra
de verme solo en la noche
hasta las nuevas auroras.
POEMAS DE ASEDIO
A José Bergamin
Como un Sol
Como un sol de las doce,
su presencia clarísima
fue recogiendo todos
mis recuerdos tendidos.
Todos fueron entrando
bajo mis pies inmòviles,
como cartas alegres
por rendijas de puertas.
¡Oh, sombra de mi alma!
Mientras que deslumbrante,
recortados sus brillos,
sobre mí iluminaba
intensamente el mundo.
¡Blanco sol de mi alma!
Cerré con llave
Cerré con llave el rostro,
cofre de lo indecibIe,
permaneciendo inmòvil,
indiferente al aire.
Y quedé reclinado,
hermético, interior,
de tactos, luz y música,
olvidado y ausente.
Alma
Se levantò sin despertarme,
Andaba lenta, aplastándose tanto,
hasta pasar bajo imposibles
sitios huecos,
o estirándose fina como un ala,
atravesando puertas entreabiertas.;
No tenía vista,
pero salvaba los obstáculos
con previsora maestría.
Ni tacto,
pero evitaba las esquinas!
sin recibir un golpe,
Ni oído,
pero cuando el portazo aquel,
sobresaltada,
corriendo vino a mí,
en mí escondiéndose,
y despertando en mí
su cuerpo.
memoria
La que fue en el espejo
diminuta, irregular esfera,
ahora al cerrar los ojos:
¡qué nocturna llanura inmensa guarda!
En ella colocadas,
superpuestas, con falsas dimensiones,
todas las cosas vistas.
¡Oué de colores tiene
el rincòn donde guardo
el último paisaje!
¡Y qué duro trabajo
remover los escombros!
rememorando fechas!
¡Qué confusiòn de vuelos y de cantos!
en altos cielos íntimos!
Los pájaros ideas
buscando los resquicios
para salir al mundo,
que, como diminuta
irregular esfera,
en el espejo oscuro de la noche
muestra su rostro.
¡ Qué de prisa,
en unas cuantas horas,
lo andado repetí,
volviendo a la niñez
de espaldas,
achicándome tanto
al alejarme,
destruyendo lo último
y haciendo renacer
lo destruido en otras épocas!
Volví a vivir,
tan sòlo por minutos,
todos mis días pasados
y limpié mi memoria,
hasta dejarla blanca,
trasladando sus signos
al oráculo.
Y saltos, juegos, cantos
con amigos de escuela.
Mis primeras palabras
y mis primeros pasos,
Y llegué a mis principios
después de haber pasado
vertiginosamente
por veinte años de vida.
en el gris
En el gris descubierto,
desnudo, levantado
como paisaje único;
en el aire —visible
muro blando desierto—
brillaron por ausentes
conocidas bellezas;
hasta que viento leve,
nube y luna ahuyentaron
soledades pintadas
—divanes del recuerdo—.
Sus presencias lejanas
obligaron internas
prisas por esconderse.
Apretones oscuros
existencias probaron.
-¿Tú? -Sí.
No estaban solos.
En la noche del alma
conocieron la forma
de sus delgadas manos.
Escaleras. Bajaron
al lugar confidente.
Mezclaron sus alientos
sin engendrar vocablos.
Sus turbios ojos grandes
se disolvían en niebla
como abiertos pañuelos
húmedos y flotantes.
Maternales desvelos
dibujaban contornos
que salían de mi cuerpo,
sobresalían en fiebre.
En el gris descubierto
el aire se enredaba,
envolviendo a la luna
con su apretado ovillo.
ÁRBOLES
Árboles a la vía,
desenfrenados, locos,
en sucesiòn perenne
hacia mí, tras de mí,
detrás de los cristales.
Yo estoy quieto,
pero soy trasportado
a veces sin saberlo,
por entre los paisajes
del día y de la noche,
que se amontonan grandes
en la inmensa llanura
de detrás de mi espalda,
que, pequeños, se entran
a sumergirse en niebla
por los recintos del recuerdo.
Videncia de mis fines,
como perlas o soles,
en horizontes curvos.
Arcos. Linderos últimos
de la estaciòn de término.
Y aún mas allá del aire,
campo propicio al alma.
Ascensiòn milagrosa.
Asombro. Comentario,
recuerdo de un olvido
Se agrandaban las puertas. Yo gigante,
con el recuerdo de mi olvido dentro,
atravesaba las estancias,
golpeando las paredes sordas.
¡Qué collar interior en mi garganta
de palabras en germen, de lamentos
que no podían salir, que se estorbaban
en su gran muchedumbre!
¡Cuánto tiempo de olvido incomprensible!
Siempre ella en su ventana.
Su ventana entre dos nubes
—una y ella— siempre.
Y yo distante, agigantado, loco,
con el recuerdo de mi olvido dentro,
pesándome en el alma su naufragio,
agarrándose, hundiéndome,
en un espeso mar de cielos grises.
separaciòn
Mi soledad llevo dentro,
torre de ciegas ventanas.
Cuando mis brazos extiendo
abro sus puertas de entrada
y doy camino alfombrado
al que quiera visitarla.
Pintò el recuerdo los cuadros
que decoran sus estancias.
Allí mis pasadas dichas
con mi pena de hoy contrastan.
¡Que juntos los dos estábamos!
¿Quién el cuerpo? ¿Quién el alma?
Nuestra separaciòn última,
¡qué muerte fue tan amarga!
Ahora dentro de mí llevo
mi alta soledad delgada,
desvelo
Imposible se alzaba
la negaciòn austera.
Esperaba tu voz entre las voces
múltiples que se oían,
tus bajos pasos
o tu elevada risa.
Fuera del cuarto todo podría pasar.
Mas no fue fuera donde al fin te hallé.
Yendo al pasado,
que a tan poca distancia
se encuentra de mi vida,
íntimamente te volví a ver.
Y un yo dentro de mí contigo hablaba.
Y al veros a los dos en el diálogo,
me transformé en estancia silenciosa.
De Cristal las Paredes
De cristal las paredes, el recuerdo,
descubriendo distancias y posturas,
fabricò. Decapitado cuerpo de aire,
hueco traje de ausente en el ropero,
a mi memoria dieron el motivo.
Vi el mar tras las paredes. Por la playa
mi infancia y mi ascendencia de la mano.
El cutis de la lana, esta de ahora
que se hunde a mis caricias suavemente,
las de la brisa entonces recibía.
Los dos íbamos juntos. ¡Qué sorpresa
cuando al volverme, entre cristales
—paredes que el recuerdo fabricò—,
desde mi bella infancia de las playas
—¡oh ilusiòn del futuro!— me veo solo
—¡tristeza del presente!—, recordando
puras y alegres tardes del pasado!
Fuga Interior
Las últimas palabras imposibles
cayeron en el hondo pozo de su garganta
con el rumor de lo que huye para siempre
en un gemido interminable.
Una brisa interior deshabitaba
de vida sus contornos casi yertos.
Yo presencié la cita.
Fue en el centro del alma
en donde coincidieron
el último rubor de sus mejillas
y el brillo de sus ojos, último.
Cuando expirò, sobre su mesa, los cristales
con blandas frutas vivas contrastaban.
YA QUE DUDOSA JUVENTUD
A Rafael Alberti
Ya que dudosa juventud de tallos,
por no decir infancia de sus hojas
—últimas hijas de esta primavera—,
de tantos vientos siguen direcciones,
la oscura ancianidad firme del tronco
persiste en su quietud, ejemplo dando.
Que si en nosotros, hombres, sucediera
este resumen de las tres edades,
niñez en hojas, juventud en tallos
y madurez en tronco, nuestras vidas,
consistencia mayor, aunque alocadas
las verdes cumbres agitara el viento,
mayor firmeza, arraigo permanente,
feliz tendrían, y luego mas seguro
apoyo al que postura descansada
paralelo a nosotros nos reclame,
OTROS POEMAS
retrato
Estabas solo y alto.
Yo miraba còmo todos los pájaros
debajo de tu frente se escondían.
¡Qué ir y venir y que volver!
Còmo todas las cosas,
quedándose se iban
a entrarse por tus ojos.
Còmo yo mismo no sabía
si estaba junto al árbol
bajo aquel cielo tan azul,
o si los verdes límites del parque
estaban encerrados en tu frente.
Si de tanto entrar ya
dentro de ti las cosas,
eras el mundo donde estábamos.
Si para que brillaran las estrellas
bastaba que cerrases tus dos ojos.
Estabas solo y alto,
pero también dentro de tí.
dibujo
¡Qué despejada la frente!
Las cejas, rubio horizonte
que separa al mar del cielo.
Transparentes y cercanas,
las aguas del mar del rostro.
Sobre el coral, los dos peces.
DAMA DE NOCHE
Dama de noche, estrellada
oscuridad de los ciegos.
Piso tu sombra de luna
y el borde de tu perfume
derramado en el paseo.
Dama de noche, estrellada;
oscuridad de los ciegos.
EL AUSENTE
Aunque no estés aquí, sigues estando
en la memoria de los que te vieron,
en quienes yo me se,
a quienes pido
entrada por sus ojos
para poder llegar a tu presencia.
Aunque no estés aquí sigues estando,
repartido tu cuerpo entre otros cuerpos
en los que reconozco,
en éste tu mirada,
en ese otro tu voz,
en aquél tu contorno.
Sigues estando aquí casi completo,
que para mí tú lo eras todo,
todo parte de ti: el aire, el suelo,
los pájaros, las flores...
como si el mundo fuera un traje tuyo.
Y ahora sòlo me falta ;
parte de ese vestido,
pues sigues siendo tú
el paisaje total que yo contemplo,
con aire, suelo, pájaros y flores,
sin carne humana:
esa parte de ti que esta ahora ausente.
desprecio
Arco de aire, tu voz quedò un momento,
en su ascensiòn de lo profundo,
sobre el riel imaginado,
como un tren largo, jadeante,
solicitando mi presencia.
Y yo en la balaustrada reclinado
te vi, pesada, hundida para siempre,
sin comprender —distante, más pequeña,
codiciosa de mí— que en esta altura
extensiones diviso penetrante.
CAMPO AVIZOR
A José María Hinojosa
Rústicos verdes humildes,
por menudos pies pisados,
ven redondas telas claras,
mas no la cintura angosta
ni el estrecho cuello,
sí los cabellos, que el aire
peina, de la campesina.
¿Por dònde sola? Presente
entre los distantes árboles,
cerca del correr del río,
bajo los azules planos
que ven su cabeza negra
centrada en el claro círculo
de la falda, no sabiendo
de sus pies ni de sus manos,
si de sus hombros maduros
y de su pecho ceñido;
frente al monte que contempla
su serrano perfil fresco,
entre los distantes árboles,
presente y sola, camina.
Poesia
Escarmiento
fuga
Al ver por dònde huyes
dichoso cambiaría
las sendas interiores de tu alma
por las de alegres campos.
Que si tu fuga fuera
sobre verdes caminos
o sobre las espumas,
y te vieran mis ojos,
seguirte yo sabría.
No hacia dentro de ti,
donde te internas,
que al querer perseguirte
me doy contra los muros de tu cuerpo.
No hacia dentro de ti,
porque no estemos:
tú, pálida, escondida,
yo como ante una puerta
ante tu pecho frío.
SOLEDAD SIN OLVIDO
Qué pena ésta de hoy!
Haberlo dicho todo,
volcando por completo
lo que pesaba tanto,
y ver luego que todo
se queda siempre dentro,
que las palabras fueron
espejos engañosos,
cristales habitados
por fantasmas sin vida;
que todo queda dentro
con sus negras presencias,
insistentes, doliendo.
ALTA PLAYA
Quiero subir a la playa
blanca donde el oleaje
verde de un mar ignorado
salpica el manto de Dios,
a ese paisaje infinito,
altísimo iluminado.
No estarme bajo este techò ?
agustioso de la vida,
de la muerte, del cansancio,
por no morir ni nacer
a las promesas alegres.
Quiero nacer de esta madre
que es la tierra, el mundo alto
donde los muertos nacieron.
LA VENTANA
La ventana separa
al mundo de los trenes,
de los grandes vapores,
de los hombres a pie,
del mundo quieto
de un alma sola.
¡Qué alegría
ver los rosales y los vendedores!
Al ruidoso paisaje
de tráfico y de vida
mi tristeza se asoma.
Mi soledad consciente
mira las hermosuras
inútiles del mundo,
Lo bello y el dolor
es de las almas solas.
por dentro
Mis ojos grandes, pegados
al aire, son los del cielo.
Miran profundos, me miran,
me están mirando por dentro.
Yo pensativo, sin ojos,
con los párpados abiertos,
tanto dolor disimulo
como desgracias enseño,
El aire me está mirando
y llora en mi oscuro cuerpo;
su llanto se entierra en carne,
va por mi sangre y mis huesos,
se hace barro y raíces busca
con las que brotar del suelo.
Mis ojos grandes, pegados
al aire, son los del cielo.
En la memoria del aire
estarán mis sufrimientos.
TUS PALABRAS
Apoyada en mi hombro
eres mi ala derecha.
Como si desplegaras
tus suaves plumas negras,
tus palabras a un cielo
blanquísimo me elevan.
Exaltaciòn. Silencio.
Sentado estoy a mi mesa,
sangrándome la espalda,
doliéndome tu ausencia.
EL ALMA
Desenvainaré mi alma
como una espada de fuego.
Mi mano sola con ella,
luminosa, ardiente, dura,
expulsará de su reino
al que se sienta desnudo.
Hay que no sentir la forma,
ni los roces, ni los fríos,
ni las caricias, ni el fuego.
Las flores nunca pecaron.
Entre ellas mi mano almada
dará su luz o la muerte.
EL EGOÍSTA
Era dueño de sí, dueño de nada.
Como no era de Dios ni de los hombres,
nunca jinete fue de la blancura,
ni nadador ni águila.
Su tierra estéril nunca los frondosos
verdores consintiò de una alegría,
ni los negros plumajes angustiosos.
Era dueño de si, dueño de nada.
maldad
El silencio eres tú.
Pleno como lo oscuro,
incalculable,
como una gran llanura;
desierta, desolada,
sin palmeras de música,
sin flores, sin palabras.
Para mi oído atento
eres noche profunda
sin auroras posibles.
No oiré la luz del día,
porque tu orgullo terco,
rubio y alto, lo impide,
El silencio eres tú:
cuerpo de piedra.
vete
Mi sueño no tiene sitio
para que vivas. No hay sitio.
Todo es sueño. Te hundirías.
Vete a vivir a otra parte,
tú que estás viva. Si fueran
como hierro o como piedra
mis pensamientos, te quedarías.
Pero son fuego y son nubes,
lo que era el mundo al principio
cuando nadie en él vivía.
No puedes vivir. No hay sitio.
Mis sueños te quemarían.
Y CUANDO ABRÍ LOS OJOS
Y cuando abrí los ojos,
después de aquella idea,
encontré el mar pequeño,
el cielo bajo,
el mundo, un mueble.
Cuando abriste los ojos,
después de haberme amado,
era tu corazòn un Universo,
con un mar grande, un cielo alto
y con las nubes de mis pensamientos.
FÁBULA
A Jorge Guillen
Eco, perseguidora de Narciso,
ahora quieta, apretada,
sin voz ni sangre, mineral, se opone
a la dilataciòn de los sonidos.
Alta roca vestida con espejos,
detrás de los cristales de su brillo
negras paredes niegan a su alma
sendas conducidoras de lo externo.
Aislada, meditando, sin oídos,
en el silencio de su piel los vértices
de las luces y voces rechazadas.
Su pena tiene por lenguaje un río.
¿Qué no dirán las aguas transparentes
hablando del amor que la consume?
¿Qué pintura no harán de la belleza
de quien al contemplarse en tal murmullo
inmòvil desnudò su pensamiento?
¡Oh, blanca flor sin carne en la ribera!
¿Còmo olvidar tu forma conseguiste?
¿Còmo pudiste derribar los muros
que guardaban tu alma inaccesible?
Ahora, ya flor o puro pensamiento,
tu perfume, alma externa, se dilata
amorosa, engolfándose en el aire.
Esto quedò de ti, de tu hermosura.
Al verla reflejada en la corriente
supiste transformarla en poesía.
Eso quedò de ti. Y tu recuerdo
dibujado en la entraña de una roca,
continua madre, manantial de un río.
SARAÍ
acto 1
(3 Ángeles, Abrahán y Saraí.)
Un ángel
Varones penetrantes,
viriles, desolados,
que querrán que los tristes
desiertos no lo sean,
soñarán multitudes,
firmamentos humanos,
e irán a las doncellas,
a las esperanzadas
vírgenes impacientes,
con ímpetus lozanos,
con salud y energía.
¡Qué torrente de vidas,
desde ti, desde ahora,
por el tiempo, en el mundo,
rodará desbordado!
Venimos a anunciarte
que tu mujer un hijo
tendrá pròximamente.
Abrahán
Me concentro buscando
por mi sangre el futuro.
Más adentro, internándome,
llego a saber de toda
mi descendencia humana.
Dentro de mí. En los átomos.
Más adentro. Hasta donde
las vidas en promesa
se esconden infinitas.
Contigo, Sara, en ti,
concebiré mis sueños.
Los hijos de mi alma
los tendré en ti, contigo.
Los hijos de la carne,
aquellos que nacieron
casuales de un deleite,
ésos no heredarán mi patrimonio.
Los hijos de tu alma
y de mi alma,
los hijos del amor,
serán mis herederos.
Saraí
Mis años...
Abrahán
¿Qué importa que tus años
sean muchos, si en tu frente
hay sitio para un Sueño?
¿Qué importa que tu cuerpo
no tenga ya atractivos,
si tu espíritu es fuerte?
El alma de tu hijo
nuestro amor la ha gestado
en un siglo de uniones
exaltadas, sufriendo.
Saraí
El alma de mi hijo,
la que desde pequeña
estoy alimentando,
encarnará, lo han dicho
los ángeles de Dios.
Fecundaste mi espíritu
con tu amor, padre bueno.
Fecundarás mi vientre
a pesar de mis años.
PASEO
La Llanura Azul
A Alfonso Reyes
No bajo montes de tierra
sino que escalo simas de aire.
Lo más hondo del barranco
es cumbre de estos cristales.
¡Cuánto me pesa la oscura
firme tierra impenetrable!
Rozando duras tinieblas
voy pisando claridades.
No veo las ramas hundidas,
enterradas, de los árboles,
sino las verdes raíces
airosas, primaverales.
Ángeles y nubes juegan
en la azul llanura grande.
Desde estas hondas alturas
miro los azules valles.
No bajo montes de tierra
sino que escalo simas de aire.
brisa
Parece que se persiguen
las altas hojas del trigo.
Apretada prisa verde
de limitado dominio
nunca podrá como el agua
desencadenarse en río,
siempre entre cuatro paredes
apretarán su bullicio.
Van y vienen preguntando
sin encontrar lo perdido.
Se dan de codos, se pisan,
van y vienen sin sentido.
Contra la pared del aire
los verdes cuerpos heridos.
pradera
El pecho de mi caballo
ancho se agranda viniendo
solo y desnudo, trotando.
Un silencio transparente
cubre con su luz el llano.
Con larga cola ondulada
la grupa de mi caballo
se aleja sola y desnuda,
nube redonda trotando.
VIDA POÉTICA
A Bernabé Fernández-Canivell
Yo y la luz
Yo y la luz te inventamos,
ciudad que ahora en un alba
de fantasía y de sol
naces al mundo;
ciudad aún imprecisa,
con sangre, luz y ensueño
en tus blancas fachadas.
No sé qué madrugada
sobre los edificios voy dejando,
ni qué sol mañanero
ilumina la vega, el mar, las calles,
interiores de mí.
Hemos cambiado
mundo y yo nuestras luces.
comuniòn
La muerte y las ausencias despoblaron
corazones y estancias. ¡Cuánto olvido
miserable y contento tras las puertas!
¡Si yo pudiera ser el que volviese,
el que ya nunca es esperado!
Quisiera entrar y darme con figura
diferente y amada en cada sitio.
Me asomo a las ventanas. ¿Me conocen?
En la luz amarilla me sonríen.
Se dan contra mi cara, piel adentro,
el padre que se fue, el hermano o el hijo.
Me asomo a las ventanas.
AÚN NIÑA
Aún niña y ya te vas,
niña en la muerte,
muerta de hace tres años.
¿Por qué sobre los grises
suelos desconocidos
eres luto y esparto?
¿Adonde tu siniestra
felicidad de humo
te lleva de la mano?
Más allá de las lápidas,
cenicienta me miras,
muerta de hace tres años,
EL ALMA DE LA MÚSICA
¡Él alma de la música!
La canciòn que no oí
la que vi en la pantalla,
es la que ahora está
en los ámbitos blancos,
inundándolo todo
con su silencio dicho.
¡Qué música sin cuerpo
—como una idea sublime
que no tiene vocablo—
entreví, vagamente!
DÍA Y NOCHE
Contigo, cristal claro,
y con mi carne negra,
aires blancos y negros,
apretamos la tierra,
bajo tu cuerpo en día,
bajo el mío en eterna
y desolada noche.
El sol te transparenta
e ilumina los campos
que bajo ti se encuentran;
pero mi cuerpo opaco
a toda luz se niega.
Nuestro amor prisionero
está como la tierra:
bajo tu cuerpo, en día,
bajo el mío en tinieblas.
ENTRE DOS FECHAS
Me encuentro entre dos fechas
de tu amorosa vida,
entre tu adiòs y mi esperanza;
en medio de un camino
que es eternidad pura:
tiempo a vista de pájaro.
TU DESNUDO
El cielo de tu tacto
amarillo cubría
el oculto jardín
de pasiòn y de música.
La caricia del alma
—brisa en temblor— movía
todo lo que tú eras.
¡Qué crepúsculo bello
de rubor y cansancio
era tu piel! Estabas
como un astro sin brillo,
recibiendo del sol
la luz de tu contorno.
Sòlo bajo tus pies era de noche.
ES TU LUZ
No lo puedes negar. Se desahoga
el dolor que tú hundiste;
brota en el aire negro de tu alma,
de tu oscuro pasado sumergido.
Eres un paisaje confidente.
Tu dolor da su luz como la luna.
Estás iluminada contemplándome.
Estoy en ti, como en la noche,
oyendo las tristezas de tus luces.
Tu vida abierta, al fin, mostrò los valles
donde tus desventuras olvidabas.
Tu cabeza en mi brazo. Me decías
lo que yo adivinaba sin oírte.
Estábamos sentados a la orilla
de un claro río, bajo las estrellas.
pétalos
Mírate en un espejo y luego mira
estos retratos tuyos olvidados:
pétalos son de tu belleza antigua,
y deja que de nuevo te retrate
deshojándote así de tu presente;
que cuando ya invisible sòlo seas
alto perfume libre, alma y recuerdo,
junto al tallo sin flor pondré caídos
estos retratos tuyos, para verte
como aroma subir y como forma
quedar abandonada en este suelo.
transparencias
Hice bien en herirte,
mujer desconocida.
Al abrazarte luego
de distinta manera,
¡qué verdadero amor,
el único, sentimos!
Como el mueble y la tela, tu desnudo
ya no tenía importancia bajo el aire,
bajo el alma, bajo nuestras almas.
Nosotros ya no entendíamos de aquello.
Era el suelo de un ámbito
celeste, imponderable.
Éramos transparencias
altísimas, calientes.
olvido
Ahora la luz no existe
ni vemos ya la rosa,
ni el niño, el hombre, el árbol,
ni la nube, ni el sol.
Dios mío, estoy
en tu Voz sin espacio ni tiempo,
entre otras voces tuyas creadoras.
¡Qué amor aquí, Dios mío!
¡Que posesiòn eterna de todo Tu!
Ahora me burlo de mi cuerpo,
de mi sensible cuerpo que cogía
líneas, perfumes, roces y sonidos,
queriendo despertarme
cuando yo desvelado vislumbraba,
más allá de la forma, tu reinado.
preguntas
A Dámaso Alonso
Sentidos ignorados del Universo:
¿adonde lleváis las sensaciones
que adquirís de la nada?
¿En qué vísceras yo, Dios mío, estoy?
¿La tierra un corazòn?
Esta entraña secreta en donde estamos
bajo los aires músculos:
¿qué oficio tiene?
La luna, el sol, los astros,
los pulmones oscuros de la noche:
¿bajo qué piel, qué tacto viven?
¿Es tu cuerpo, Dios mío, el Universo?
¿Estás en lo creado
como el alma en la carne
o tienes la arboleda de tu sueño
alborotada, fuera de tu frente,
en la Nada infinita,
igual que yo en tu mundo?
ERA MI DOLOR TAN ALTO
Era mi dolor tan alto,
que la puerta de la casa
de donde salí llorando
me llegaba a la cintura.
¡Qué pequeños resultaban
los hombres que iban conmigo!
Crecí como una alta llama
de tela blanca y cabellos.
Si derribaran mi frente
los toros bravos saldrían,
luto en desorden, dementes,
contra los cuerpos humanos.
Era mi dolor tan alto,
que miraba al otro mundo
por encima del ocaso.
crepúsculo
¡Ven, que quiero desnudarme!
Ya se fue la luz y tengo
cansancio de estos vestidos.
¡Quítame el traje! Que crean
que he muerto, porque desnudo
mientras me velan el sueño
descanso toda la noche;
porque mañana temprano,
desnudo de mi desnudo,
iré a bañarme en un río,
mientras mi traje con traje
lo guardarán para siempre.
Ven, muerte, que soy un niño
y quiero que me desnuden,
que se fue la luz y tengo
cansancio de estos vestidos.
PUERTA FINAL
¡Còmo se me escapa el suelo!
¡Còmo me rozan los hombros
los horizontes en fuga!
¡Còmo me despeina el cielo
en esta carrera loca!
¡Ay, que con mi pecho empujo
y hundo en barrancos los vientos!
Las paredes derribadas,
grietas en el firmamento,
roto el mundo, desclavado,
yo, sobre escombros, corriendo.
Abierta contra la negra
playa de su blanco fuego
la puerta final del mundo,
dinteles de luz desiertos,
se ofrece en arcos tendidos,
norte y meta de mis sueños.
sombras
Mi cuerpo,
no te separes de tu sombra,
que se muere.
Que se muere el cuerpo
(sombra que es del alma).
Alma,
no te separes de tu cuerpo.
Que se muere el alma
(sombra que es de Dios).
Dios mío,
no te separes de mi alma,
que se muere.
anhelo
No he nacido de mí. Estoy conmigo
y quiero desprenderme de mí mismo,
ser padre mío en un espejo:
en tu memoria o en tu sueño;
quedarme en los jardines de tu frente
reproducido, confiado, tuyo,
niño que juegue mientras yo trabaje;
estar contigo siempre y por la noche
volver por mí, por ti, cariño mío.
abrazo
Mi vida, no; las vidas,
mis generaciones,
mis estrellas todas,
las futuras memorias
donde estemos,
mi sangre con deleite
y un blanco olvido
de ceguera y de beso.
DENTRO DE TI
¡Qué jardín visiones
intangibles, mi cuarto!
¡Qué delicada y fácil
la imagen de tu alma!
¡Qué parado mi cuerpo
por no enturbiar el aire!
Porque mucho te quise,
ahora te tengo clara
entre tantos confusos
sueños que te navegan.
Igual que a mi conciencia
la traspasan mis actos,
te surcan los recuerdos
gloriosos de tu vida.
Contigo, a veces, antes
--¿te acuerdas?—admiraba
en la vida tus bellos
límites exteriores.
Ahora dentro de ti
como en un cielo estoy,
en un cielo infinito,
con los que te quisieron.
LA POESÍA
Tan clara que, invisible,
en sí misma se esconde,
como el aire o el agua,
transparente y oculta;
desierta no, surcada
por pájaros y peces,
herida por los árboles.
LO INVISIBLE
A Pedro Salinas
Brindis
Deja el vino en la mesa. Mira còmo
un nuevo invierno de honda lejanía
--leñas y nubes, sequedad y frío—
insondable y fantástico aparece.
Bebamos más. Que nuestras almas sean,
de cenizas y tul, las que separen
la infinita maraña de la muerte.
Que entren en el invierno de la espina,
que las telas de araña se desgarren,
que el humo blanco y quieto se divida.
Nuestra carne desierta sea olvidada
y se pudra insensible, porque estemos
en los grises castigos para siempre.
Bebe, que el aire es ciego. Bebe y mira
el hondo y crudo invierno dilatarse,
a sus nubladas luces sometido.
Condenado me entierro. Mi futuro
un invierno insondable, seco y frío.
tus miradas
Tu soledad te defiendo,
te limitan tus miradas,
que yo sé que tu alma llega
adonde tu vista alcanza.
Este viento no es el viento,
es tu soledad alterada,
es tu mirar que revuela,
alborotando tu gracia.
Son tus ojos que acarician
horizontes y esperanzas,
aguas de lagos y ríos,
verdores de esbeltas ramas.
Los ojos con que tú miras
son ojos que te dan alas.
Es tu soledad valiente,
defensora de tu alma.
no me has querido
No me has querido y huyes por tus años,
dejándome el recuerdo permanente
de una durable juventud perfecta.
Otros verán tu vida deshacerse.
Yo conservaré siempre en mi memoria
lo que mis ojos no tendrán en suerte.
Dejarás de ser tú aunque no mueras;
aunque no vivas te tendré en mi frente.
Siempre joven serás en mi recuerdo.
Esto gané, mi vida, con perderte.
sombras
No te puedo ver. Me engañas.
Te encubres. No te puedo ver.
Quítate esas sombras, quítate
eso que enturbia tu piel,
que me hace odiarte, que hace
que ahora no te pueda ver.
Navegue mucho contigo,
y no eres quien debes ser.
No es el sol quien te ha quemado,
ni el mar quien dorò tu tez ir;
Esa oscuridad te nace
de adentro. No eres ya aquel
claro amigo iluminado
con quien tanto navegué,
SIN ELLA
Mi soledad ausente.
¡Qué soledad sin soledad!
Sentirme solo al lado
de tanta compañía,
solo, sin soledad.
Encontrarme perdido,
sin soluciòn, disuelto
en una muchedumbre.
¡Qué ruinas polvorientas
la compañía de todos!
¡Qué edificio sereno,
concentrado, profundo,
mi soledad ausente!
retrato
Se ignoraba a sí mismo,
firme, cerrado, recto,
y la luz lo asediaba
rebotando en su cuerpo.
No era de carne, que era
de ladrillos negros.
Era como un alto fuerte.
¿Quien habitaría dentro?
La luz que no podía
penetrar en su cuerpo
¿guardián de qué?—
lo abrazaba queriendo
ser humedad brillante
de sus muros sedientos.
Ni pájaros ni flechas
traspasaron su cuerpo.
Se ignoraba a sí mismo,
firme, cerrado, recto.
las cosas
Las cosas en mí tienen
infierno y gloria.
Gozan de la alta luz o me maldicen
en el precipitado fuego de mi sangre.
Semejanza con Dios. Siento las cosas
y comprendo sus íntimas verdades.
En ese infierno mío se condenan
las inocentes almas de lo feo.
En mi gloria se alegran
tu desnudo, tu sal, el mar, tu vida.
miradas
Ojos cíe puente los míos
por donde pasan las aguas
que van a dar al olvido.
Sobre mi frente de acero
mirando por las barandas
caminan mis pensamientos.
Mi nuca negra es el mar,
donde se pierden los ríos,
y mis sueños son las nubes
por y para las que vivo.
Ojos de puente los míos
por donde pasan las aguas
que van a dar al olvido.
YO JUNTO AL MUNDO
Yo junto al mundo y el mundo
comunicando conmigo.
El mundo y la carne juntos
como salones contiguos,
salones desamueblados
y sin ventanas, con frío,
donde viven separados
la soledad y el olvidos.
Al abrir mis ojos grandes
son dos salones corridos,
y mis miradas, alfombras
pisadas por lo entrevisto,
Yo junto al mundo y el mundo
comunicando conmigo,
que mis ojos son las puertas
de dos salones contiguos.
TIEMPO FLOR
¡Qué error! Me parecía
que aquel lejano niño
se estaba yendo para siempre,
que aquel alegre joven distraído
se alejaba también.
¡Mentira todo!
El joven está en mí
como un hombre vestido de otros hombres,
llegando hasta la última envoltura,
esta piel mía de ahora;
o siendo abrigo de otros cuerpos
hasta llegar al niño que yo era,
que es centro de mi vida,
que está en mí
en una inmensa flor
que al deshojarse lo mostrara
desnudo y sonriente.
TIERRA Y CIELO
Mis dos manos cortadas
unieron sus muñecas,
y en árbol convertidas
—el suelo en la cintura—
agarraban la tierra
y agarraban el cielo.
Así, una mano hundida
en la dura tiniebla
y la otra mano libre
como verdor en brisa,
mientras aquélla roba
del dolor su frescura,
ésta luce en el aire
la virtud cíe sus flores,
Desenterrando abismos
y escalando cristales
el árbol de mi vida
huye en dos direcciones.
TÚ Y YO
Tú y yo. El aire en medio.
¿Eras tú o era yo el que vivía
guardado en un espejo?
No mirábamos el campo.
Mirábamos hacia dentro.
¿Era mi alma o un ángel
lo que guardaba el espejo?
Eras mi alma y un ángel.
Un alto cristal en medio.
Por una senda con flores
caminabas en silencio.
árboles
La primavera vendrá
cuando tu mano cerrada
iracunda contra el friò,
se abra despacio en el aire;
cuando tu boca pronuncie
sus nuevas flores de música;
cuando tus dos ojos negros
formen su nido en las ramas.
Somos árboles que, juntos,
sentimos la primavera
que quiere subir al cielo,
interior niño que quiere
trepar y asoma sus manos
que brotan primaverales.
DOS MARES
Dos mares frente a frente.
El uno un mar sin cuerpo,
todo alma azul;
el otro un mar humano,
encerrado en su carne
solitaria y violenta.
¿Encarnarán las aguas,
resucitando alegres?
¿Agrandará sus límites,
libertando tormentas,
el alma pensativa?
Frente a frente, en la playa,
ante un mar insondable,
cautiva está mi alma.
HELADA CÁRCEL
Helada cárcel mi silencio tuvo
en tus palabras. Prisionero y triste
contra los límites de vidrio
apretaba su pecho agonizando.
Su mano en el cristal liso se abría
como un párpado de cinco largas flechas.
Te desmentí por fin. Todo era falso.
Sòlo existía tu desconfianza.
Y esas palabras tuyas, cárcel fría,
urnas de mi silencio y de mí espanto,
como globos de espuma se extinguieron.
DOLOR OSCURO
¡Cerrad todas las puertas!
Que angustioso del centro
de mi tiniebla brote
el fantasma apretado;
que su presencia ahuyente
las músicas, los roces,
los perfumes, las vistas;
que su silencio agrande
la sala inmensamente.
¡Cerrad todas las puertas!
Que este dolor se encuentre
desconocido, inmòvil;
que apague mis sentidos
y todo se haga noche:
mi carne, el aire, todo.
Que mi dolor oscuro
no pueda tener límites.
Que para mí no queden
ni luces ni alegrías.
AHORA
Ahora sé que eres tú.
Ahora, cuando no te siento,
cuando mis sentidos no te limitan.
Ahora es cuando te tengo.
AMOR
horizonte
Yo estoy aquí. Pero existe también
un aire paralelo a mi figura,
un horizonte igual a mi contorno,
que roe agranda en los ámbitos.
Orgullosa mi frente guarda entonces
el altivo silencio de las nubes.
Te guarda a ti también, ángel visible
que atraviesa mi ensueño.
Estás dentro de mí aunque te vean
los anhelantes ojos de mi alma.
Dentro estás de mi vida estando fuera
porque cubre tu cuerpo un horizonte
de amor, igual a mi contorno,
un aire paralelo a mi figura.
reflejo inmòvil
Cuando me miro en ti
como en un río,
veo mi amor permanente
cual un fijo reflejo
surcado por las aguas,
resistiendo el impulso
del caudal de tus días.
¡Que constelaciòn blanca
de besos y de estrellas
en el profundo cauce!
¡Còmo copia mis ansias
tu corriente tranquila!
Como un reflejo inmòvil
de nubes y de ensueños,
veo mi amor traspasado
por tu admirable vida.
noche
El alma es igual que el aire,
con la luz: se hace invisible,
perdiendo su honda negrura.
Sòlo en las profundas noches
son visibles alma y aire.
Sòlo en las noches profundas.
Que se ennegrezca tu alma
pues quieren verla mis ojos.
Oscurece tu alma pura.
Déjame que sea tu noche,
que enturbie tu transparencia.
¡Déjame ver tu hermosura!
EPITAFIO
A Fernando Villalòn
Lejano amigo intimo:
tan distante estás ya,
que tu reflejo en mí
no puede ser más hondo.
Tu recuerdo es profundo,
como grande es tu ausencia,
y tan largo el camino
que has andado en la muerte
como el que recorriste
traspasando mi alma
al subir a tu gloria.
EL HÉROE
Se destacò mostrando
la prisiòn de su vida.
Barros rotos dejaban
en libertad su luz,
pero en la grieta honda
el fuego encarcelado
calor daba a sus ojos
y ardores a su espada.
¡Qué círculos de miedo
cercaban su osadía!
Su caballo pisaba
los despojos mortales
y surcaban su frente
una turba de espíritus.
Su panorama era
una ciudad de cárceles
abatiendo sus muros
y una prisa de fuegos,
flamante, esclarecida.
Llamaba en el crepúsculo
para entrar en el cielo.
Al encontrarse aislado
entre aquellas ruinas,
era el solo edificio
no abatido. Su alma
se asomaba a las claras
y lucientes heridas,
con envidia mirando
los derribados cuerpos.
Y su edificio vivo,
su prisiòn pensativa,
victoriosa y sangrante,
orgullosa, se erguía.
En aquella morada
un quejido apagado,
una oculta miseria,
un temblor sin motivo.
El moribundo alzaba
suplicante los ojos.
La pobre llama viva
se resistía a salir.
Revestido de fiebre,
de ardor, de valentía,
sobresaliendo en él
el aura del espíritu,
con destellos de arcángel
buscaba al enemigo.
La paz de la llanura
y el sol le entristecían,
Quería una vida nueva
y no seguir soñando
junto a montes y ríos,
frente al mar insondable.
Las luces ya se iban,
la oscuridad quedaba
igualando en negruras
los objetos del mundo.
Y su materia fúnebre,
invisible en la noche,
quedò deshabitada,
más tarde destruida,
floreciendo en los árboles,
navegando en los ríos.
A UNA MUCHACHA QUE SE LLAMABA NIEVES
Rojo dará su luz cuando la aurora
negra de tus miradas ilumine
tu bello despertar de primavera;
cuando tus grandes ojos sean las nubes,
tu corazòn un sol, tu piel la tierra
sonrosada de un mundo de rubores;
cuando el amor tu nombre frío deshiele
sin que por eso pierda su blancura;
cuando un hombre te quiera y tú, queriéndole,
escuches su silencio con tu boca.
SOLEDADES JUNTAS
[1931]
A Vicente Aleixandre
antes
Hubiera preferido
ser huérfano en la muerte,
que me faltaras tú
allá, en lo misterioso,
no aquí, en lo conocido.
Haberme muerto antes
para sentir tu ausencia
en los aires difíciles.
Tú, entre grises aceros,
por los verdes jardines,
junto a la sangre ardiente,
continuarías viviendo,
personaje continuo
de mi sueño de muerto.
UNO
beso
¡Qué sola estabas por dentro!
Cuando me asomé a tus labios
un rojo túnel de sangre,
oscuro y triste, se hundía
hasta el final de tu alma.
Cuando penetrò mí beso,
su calor y su luz daban
temblores y sobresaltos
a tu carne sorprendida.
Desde entonces los caminos
que conducen a tu alma
no quieres que estén desiertos.
¡Cuántas flechas, peces, pájaros,
cuántas caricias y besos!
LAS CARICIAS
¡Que música del tacto
las caricias contigo!
¡Qué acordes tan profundos!
¡Qué escalas de ternuras,
de durezas, de goces!
Nuestro amor silencioso
y oscuro nos eleva
a las eternas noches;
que separan altísimas
los astros más distantes.
¡Qué música del tacto;
las caricias contigo!
te quiero
Un lago en Una isla,
eso es tu amor por mí,
y mi amor te rodea
como un inmenso mar
de silencios azúlese
pero tienes también
tus grandeza ocultar.
Soy un niño de sal
sobre tu falda;
me sostienen tus prados
submarinos,
eres frondosa cumbre,
eminencia visible
de tu tierra profunda.
Me enriquecen los ríos,
y tu amor, ese lago
corazòn de la isla,
es la fuente de todas
las líquidas comarcas.
Te haces querer. Te quiero.
Mira mis blancas olas.
la ternura
Tu fortaleza hermosa
es mi debilidad.
Por ti me muero.
Vencido estoy por ti,
mas mi derrota,
mi ternura,
mi traspasado corazòn se eleva
hasta ti, protegiéndote.
Aunque estás victoriosa
y yo vencido,
soy yo quien te defiende
contra mí, contra ti, contra los otros.
Lo visible es tu cuerpo,
la armoniosa y desnuda
claridad dominante;
lo invisible, la endeble
e infinita ternura del vencido;
pero este blando ambiente,
este tierno calor que te rodea;
amortigua los golpes,
contiene las ofensas,
logra aislarte del vicio.
en suiza
Si estuvieras aquí,
frente a este mundo
de silencio y blancura,
después de recorrer con la mirada
las bajas nubes y las altas nieves,
el resumen gozoso del paisaje
encontraría en tus ojos.
Pero tu ausencia es ciega.
Los ojos que recuerdo al recordarte
a otros lugares miran.
Ni presienten ni ven esta hermosura.
Los hondos ríos, el lago, las montañas,
el clarísimo frío de mi frente,
distintos son del fuego de tus labios,
de tus ojos, del mar, de tus llanuras.
Si yo pudiera a tu recuerdo darle
vida, o si pudiera, al menos,
convertirme en un recuerdo tuyo,
viviendo sòlo donde tú me pienses.
Si fuera el cuerpo lo invisible
y el alma lo real,
me verías siempre,
y esta luz, este cielo, estos declives,
serían un blanco sueño.
un día
A Gerardo Diego
LA NOCHE
Desfilaron las sombras
de los que me quisieron.
Eran una sola sombra
repetida mil veces.
Un ángel sombrío, solo,
como un amor sin flechas,
anclas, ni fuego.
Había vivido en todos
los cuerpos ya en ruinas
que me quisieron antes,
los que se desconcharon
y en lugar de esqueletos
dejaron en la tierra
una sombra, las sombras
que enturbian mi recuerdo,
un luto permanente;
muchedumbre de sombras
que hacen negra la noche,
mi tristeza, mi vida.
Esta oscuridad es sòlo
una turba de ángeles negros,
de custodios vacantes,
de soledades juntas,
de silencios unidos.
Es el pavor caliente.
Son las almas viudas
de sus cuerpos adúlteros.
Despeinados los fuegos
opacos del infierno,
sus greñas carbonizan
y ocultan cuanto tocan.
No hay alba que mitigue
este castigo denso,
esta espesa tiniebla,
esta muerte profunda.
EL ALMA
Es la lluvia miradas de ángeles gloriosos,
acordes de cristales.
Y sobre todo esto:
la alegría de estar no junto,
ni sobre, ni tampoco dentro,
sino en ella.
Contundidos los dos,
más que fundidos.
Hechos ya un solo cuerpo,
un alma sola
que se besa a sí misma
por los espacios blancos,
olvidada del mundo.
AL MEDIODÍA
(Despierto del todo)
Bendigo las articulaciones de mis manos,
que no son como pezuñas,
porque pueden acariciarte.
Y la piel tan fina de mis labios,
porque mi sangre está más cerca de la tuya cuando te beso.
Y bendigo tu pelo largo,
porque cuando lo levanto como un ala
tu cuello es más sensible a mis alientos
y más suave descansa sobre mi brazo
durante los largos reposos.
DOS
agua final
Aguas sin suerte, solteras
despreciadas de los trigos,
canosas ya por la espuma
de las riberas del río,
¿qué infancia de nube airosa
recordáis? Habéis perdido
la niñez en cielos altos
y ahora andáis largo camino
hacia la mar que es la gloria
del agua, su paraíso.
¡Qué vejez la del torrente!
¡Qué angustioso torbellino!
Sin calmar la sed de nadie,
y sin ser para Narciso
espejos, vais a la muerte,
aguas finales del río.
vida exterior
A Mathilde Pomés
Arrastraría mi alma
sin reconcentraciones,
como un manto invisible
sobre la gran llanura
del mundo descubierto,
reviviendo las cosas
lejanas con externas
memorias extendidas.
Dentro de mí un silencio
insípido, sin roces.
Afuera todo el gusto,
perfumado de un tacto
armonioso a mi vista,
una sensualidad
abierta, derramada,
un florecer de ideas
al compás de los árboles.
noche a las once
Éstas son las rodillas de la noche.
Aún no sabemos de sus ojos.
La frente, el alba, el pelo rubio,
vendrán más tarde.
Su cuerpo recorrido lentamente
por las vidas sin sueño,
en las naranjas de la tarde,
hunde los vagos pies, mientras las manos
amanecen tempranas en el aire.
En el pecho la luna.
Con el sol en la mente.
Altiva. Negra. Sola.
Mujer o noche. Alta.
madre
La tierra endurecida
y densa se dilata,
frotando su ardorosa
ansiedad penetrante.
Mi cuerpo entre otros cuerpos
vuelve a estar no nacido,
Una futura madre,
que nos dará a otra vida,
brillando está en la noche
ante el viril planeta.
¿A qué gloria esperada
naceré de esta còpula?
¿Seré yo un elegido
o moriré en inútil
y vicioso deleite?
Entre los no nacidos,
en la sangre del mundo,
de mi sangre me olvido.
el mar
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar al espejo
sin porvenir de la muerte.
Allá van nuestros recuerdos
mostrándonos lo que fuimos
y para siempre seremos,
cristal en que nuestras almas
revivirán lo vivido
en las prisiones del tiempo.
Estar lejos de la muerte
es no verse, es estar ciego,
con la memoria perdida,
nublando el entendimiento,
sin voluntad caminando,
volubles, desconociéndonos.
quiero subir
Quiero subir a la playa
blanca, donde el oleaja
verde de un mar ignorado
salpica el manto de Dios;
a ese paisaje infinito,
altísimo, iluminado.
No estarme bajo este techo
agustioso de la vida,
de la muerte, del cansancio,
por no morir ni nacer
a las promesas alegres.
Quiero nacer de esta madre
que es la tierra, el mundo alto
donde los muertos nacieron.
ciego de amor
Todos me quieren. No puedo
fijarme en nadie. Desfilo
y se me pierden de vista
los semblantes preferidos.
Mi corazòn se revuelve
y se alborotan los ríos
que me unen con las almas
ausentes de mis amigos.
Es que la vida me empuja
por el medio de un camino
y una multitud amorosa
me dice adiòs. Así vivo
despidiéndome de aquellos
que me vieron sin ser vistos,
ciego de amor, navegando
sobre los ciegos cariños.
mujer SOLA
No querías dar a luz. Te ensombrecías.
Ni alimento ni sol dabas al cuerpo.
La rienda larga que te unía a tu ausente
se atirantaba a punto de quebrarse.
El fecundo reflejo que en tu carne
honda maternidad de ti imploraba,
otra rienda interior, firme tirante,
con igual fuerza íntima gemía.
Amante ausente. Hijo abandonado.
Entre los dos caminos de aire y sangre
tu soledad tristísima dudaba,
y para quedar libre de este sueño,
rompiendo los cordeles lastimosos,
madre no fuiste, mientras te borraban
tus padres de la vida, injustamente.
Sin oriente, sin Sur, sin Norte alguno,
sin amante, sin hijo, como huérfana,
sola en la blanca soledad desierta,
maldecida, maldices, calumniada.
maldad
El silencio eres tú.
Pleno como lo oscuro,
incalculable
como una gran llanura
desierta, desolada,
sin palmeras de música,
sin flores, sin palabras.
Para mi oído atento
eres noche profunda
sin auroras posibles.
No oiré la luz del día,
porque tu orgullo terco,
rubio y alto, lo impide.
El silencio eres tú:
cuerpo de piedra.
amenaza
Manos grandes, ojos grandes,
labios demasiado duros,
hostiles se me aproximan.
Un mundo de seres malos
ante mí se contorsiona
amenazador, oscuro.
Estallan las rencorosas
frentes. Sangran esquivos
los ojos. Espumosos odios brotan
contra mí; pero yo sigo
con mi soledad inocente
por un cristal defendido.
Sòlo me hieren las luces,
los dolores enemigos.
el AMOR
Creí que no habría un árbol
de raíces tan profundas,
que en mí se alimentara.
Estaba tan hundido,
que, para que mi alma
se asomara a las verdes
cumbres de la alegría,
tenían que ser tus frondas
las que en el aire alzaran
mi júbilo en ruinas.
Ahora, en ti, me expansiono,
me entrego, té1 circulo,
y oscuramente herido
dejo que se levante
mi sueno por tus ramas.
mujer
A Jane Evrard
¡Isla en la música! Estábamos
mirándote sumergidos.
Encantadora de peces,
alta le dabas al viento
òrdenes con tus dos brazos.
Instrumentos y Delfines
parados te rodeaban,
La música transparente
te llegaba a la cintura.
Frondosa y viva flotabas,
isla de carne, en la música.
NOCHE HUMANA
Distancias y cercanías
apretadas te rodean.
Eres el centro del mundo,
y brotan de tu ceguera
ejes de luto y espanto
hasta el borde del planeta.
Angustiosos tactos surcan
oscuridades y estrellas.
Te ciñen los horizontes
y durísimos te aprietan.
Una geografía insensible
—montes, ríos y praderas—
se duerme sin la luz única
que dentro de ti se encuentra.
No te duelen las montañas
ni los mares te atormentan.
Tu corazòn da su sangre
a escaso trozo de tierra.
Tres
A Luis Cernuda
TIEMPO A VISTA DE PÁJARO
La eternidad es tuya,
profeta con memoria,
gozador del presente.
¿Qué extensiòn se dilatad
dentro de ti?
¿Qué mirada gozosa
por tu espíritu extiendes?
El pasado, el futuro,
lo presente, el hundido
tiempo total del hombre,
pensativo dominas.
La eternidad, que es sòlo
tiempo a vista de pájaro,
vive entre tus ideas,
bajo los cielos tuyos,
bajo las altas águilas
que vuelan en tu frente.
HERIDA
Los pequeños vacíos,
las secas y ya heladas
huellas de otros amores
lleno, triste, dejando
un angustioso hueco
dentro de mí.
¿Es la muerte este cielo
interior de_mi alma?
Plenitud negativa,
riqueza de lo dado,
memoria de tesoros
que aún más me pertenecen,
al ser de quienes quiero.
Estoy tan repartido
y a un tiempo tan intacto,
que olvidaron sus fuentes
todos los ríos del alma.
PARA NO MORIRME
Para no morirme
perseguí a mi alma,
que se iba conmigo
por una ciudad
soñada, invisible.
Yo la iba siguiendo
sin que tú supieras
que mi cuerpo andaba
tan sòlo por ella,
para no morirse.
Tú me ibas siguiendo,
tu alma quería
tirar de mi cuerpo.
Para no morirse
lo seguía tu alma.
De ti, solamente
me quería tu cuerpo.
MI CUARTO
Estoy solo y no sé quiénes'
están sintiendo mi ausencia.
El teléfono me dice
el nombre de quien me espera,
y dejo el cuarto vacío
igual que un cuerpo que sueña.
Cuando yo no esté, otras voces
circularán por las venas
de alambre, brotando dentro
de un corazòn sin respuestas.
¡Qué voces desfallecidas
encontraré cuando vuelva!
Tejerán un aire espeso,
enmudecerán sin fuerza.
Y no sabré quién llamò,
y no sabré quien me espera.
Sòlo estaré sin aquellos
que estén sintiendo mi ausencia;
FUERA DE MÍ
Mi cuerpo hoy me parece
un recuerdo de mí.
No es mi memoria
la que vive en mi frente,
sino mi cuerpo entero
el que está arrinconado
en ella, entre las nubes,
esperando la muerte del olvido.
Yo ya soy más que yo.
Formé mi ambiente,
me envolví con mi alma,
abandoné la vida de los hombres.
Quiero olvidar mi cuerpo,
dormirlo en mí quisiera.
Sus sueños exteriores
inundarán mi espíritu.
Poblaciones extrañas,
dioses nuevos,
elementos distintos,
lo rodeen.
Voy dictando palabras
al que yo fui en el mundo,
al que cree contenerme
debajo de sus ojos,
al que estoy dominando,
ensombreciendo,
al que escribe esta historia.
LA LENTA LIBERTAD
[1936]
A Concha
RECUERDO
La tierra te devuelve a mí.
Si tú no hubieras muerto,
ni las aguas sin venas,
ni las frutas con piel,
ni los volcanes,
en su frescor, sabor y fuego,
me darían tu presencia.
Me sería indiferente
este globo erizado.
que expulsa de su entraña
las vidas y los árboles,
para que lo rodeen
de color y ternura.
La tierra sabe bien
que el sol y las estrellas
son miradas de seres que no existen.
Sòlo creo en ti, planeta donde muero,
donde muriò quien siempre me acompaña.
MI HIJO MUERTO
Aquella intimidad,
aquel silencio,
cuando todo era amor
sin libertad posible,
cuando te confundías con su carne
en caricia total y prolongada,
existen en la muerte
ahora que te confundes con la tierra.
Este silencio íntimo
en otra nueva madre,
que no te dará al frío
ni a la luz de la vida,
será más prolongado,
no terminará nunca.
En este seno estéril
quisieras desnacerte,
reintegrarte a los ríos,
volver a ser mi sangre.
Te veo en fuga de ti,
huyendo disgregado
en todas direcciones.
Huyes de tu unidad.
Sòlo yo te concentro.
POLEN
Somos el polen de la tierra,
oscura flor del firmamento,
el viento de la muerte nos arrastra
por los grises jardines de un ensueño,
Nuestra ausencia es tan sòlo
errático vagar entre luceros.
¿Qué nueva flor, enfrente de qué mundo,
nuevo narciso de tu pensamiento,
resucitada gloria ha de ofrecerte
ante la clara prisa de un espejo?
¿Qué forma soñarás para tu alma?
¿Còmo reconocerte si te encuentro?
LUZ Y AMOR
ARRIBA
Las lágrimas y besos;
son burbujas
que ascienden desde el alma.
Es mi cariño
menos pesado que la sangre,
más leve que el espíritu,
el que se desvanece sin palabras.
Es lluvia efervescente
para regar los cielos,
hasta el aire más alto,
hasta lo azul del día.
Mi beso allá se abre,
arriba, con tus ojos.
Pero me llega el barro a la cintura
y siento los metales de las minas
en las hondas raíces de mi nombre.
El amor me engrandece,
hace pequeño el mundo,
hace que te conozca,
me hace saber quien soy.
despertar
En este amanecer
tú y yo, dormidos,
somos quienes guardamos
toda la oscuridad.
El mundo se ilumina
porque en tu corazòn,
porque en mi alma
las sombras se guarecen.
El mundo se desnuda
con sus mares y pechos
engañando a los hombres.
Sòlo tú y yo, mi amante,
nada vemos.
Un amor grande,
como las tinieblas
de la vida,
nos une.
Un amor grande.
Las auroras,
los astros,
las blancuras que nada tienen,
las apariencias falsas,
nos ignoran.
Mi despertar o muerte
será como un romperse tenebroso
de amores negros,
de enlutada sangre..
LA POESÍA
No hay ningún paso,
ni atraviesa nadie
los dinteles de luz y de colores,
cuando la rosa se abre,
porque invisibles son los paraísos
donde invisibles aves
los cantos melodiosos del silencio
a oscuras dan al aire,
más allá de la flor, adonde nunca
alma vestida puede presentarse,
donde se rinde el cuerpo a la belleza
en un vacío entrañable.
LA VOZ CRUEL
el solitario
En esta noche negra
con maldades de fòsforo,
cuando brillan los crímenes
como peces,
voy por la vida en una barca,
voy bajo la muerte que es mi cielo.
Me admiro de ser yo
quien solitario
grite a los hombres
la verdad del destino.
Grito a los hombres plenos
y a las mujeres huecas,
les grito que el amor que les confunde
no debiera romperse.
Las mujeres se abren para el vicio
y los hombres ignoran,
cuando rasgan un vientre,
que están presos.
Las carceleras débiles,
huecas mil veces, huecas, huecas,
se ensañan y seducen traicionando.
El amor impotente
contra el placer fugaz se rompe el alma.
Y yo me rompo el alma
contra los horizontes de la vida.
LA VOZ CRUEL
A Octavio Paz
Alzan la voz cruel
quienes no vieron el paisaje,
los que empujaron por el declive pedregoso
la carne ajena,
quienes debieron ser almas de todos
y se arrancaban de ellos mismos
cuerpos parásitos
para despeñarlos.
Mil muertos de sus vidas brotaban,
mil muertos solitarios
que miraban desde el suelo,
durante el último viaje,
la colosal estatua a la injusticia.
No eran muertos,
eran oprimidos,
seres aplastados,
ramas cortadas de un amante o de un padre,
seres conducidos por un deseo imposible,
topos del vicio
que no hallarán la luz
por sus turbias y blandas galerías.
Alzan la voz cruel
quienes no vieron este paisaje,
los que triunfaron
por la paz interior de sus mentiras.
¡Oh mundo desigual!
Mis ojos lloren
el dolor, la maldad:
la verdad humana.
ESTOY PERDIDO
Profeta de mis fines no dudaba
del mundo que pintò mi fantasía
en los grandes desiertos invisibles.
Reconcentrado y penetrante, solo,
mudo, predestinado, esclarecido,
mi aislamiento profundo, mi hondo centro,
mi sueño errante y soledad hundida,
se dilataban por lo inexistente,
hasta que vacilé cuando la duda
oscureciò por dentro mi ceguera.
Un tacto oscuro entre mi ser y el mundo,
entre las dos tinieblas, definía
una ignorada juventud ardiente.
Encuéntrame en la noche. Estoy perdido.
LA NUBE
Como el alma de un río,
como el sueño de un árbol,
la nube por el cielo
desdeñosa, avanzando,
desprecia las miradas
amorosas del campo.
Perderá su hermosura,
deshaciéndose en llanto,
cuando su amor conceda
a la sed de unos labios.
No te entregues, blanquísima
virgen de los espacios,
que tu amante es el polvo
y tu amor será barro.
MI VIDA
¡Roca maternal, te olvido
buscando el mar de la muerte,
dibujando un largo río
de recuerdos transparentes.
Agua primera de vida,
voy con un blanco torrente
detrás, que me empuja y brama
vida de nubes y nieves.
Mi vida riega los campos,
mi vida vuela celeste,
mi vida se queda blanca
sobre las cumbres, perenne.
Quienes se vieron en mí
me llegan por tal corriente,
asaltan mi corazòn
como legiones de peces
y forman espumas blancas
que se agolpan en mis sienes.
La vejez irá delante,
hacia el mar, sin detenerse.
Mi vida está enamorada,
su prometida es la muerte.
¿TE ACUERDAS?
Como mi sombra contra el muro
cuando me acerco a la luz baja,
mi alma se agrandò
cuando luché contigo,
luz pequeña, lumbre chica, enemiga.
Me debatí en el viento
sobre una gran ciudad de dominados,
golpeando el vacío como un loco,
abarcando otros aires,
dueño solo y rebelde
de un ámbito vencido.
Yo soy éste que veo
brotar de mí, sobrepasarme,
el que fuera de sí ya no se encuentra,
el que agrando sus brazos por buscarse.
Una sombra, no un sol, conquistadora,
que una elevada soledad hundida
y una anchurosa majestad despliega.
Bajo mi pie, contigo, está mi cuerpo.
Un gigante de espíritu lo aplasta,
un amor grande, triunfador, me eleva.
No es la muerte, es la vida;
la sombra dueña, no la luz esclava;
la posesiòn secreta, no la entrega
limitada, visible, delatora.
No son amantes en lascivo juego,
sino mi casta soledad erguida.
Labios de humo sin besar, ardientes;
miradas interiores, lejanísimas.
Los ríos y las aves, las palmeras,
todo puede surcarlo el alma mía.
Hasta el cariño que te tengo vuela.
Castillos en el aire, fantasías,
un vendaval, el mar, los trigos,
tu desnudo tendido en las arenas.
Azul y rojo, blanco, verde, frío,
jazmines, roces, músicas, ¿te acuerdas?
Nuevos poemas de
LAS ISLAS INVITADAS
[1936]
A UN OLMO
Qué lenta libertad vas conquistando
con un silencio lleno de verdores!
Apenas si se nota en ti la vida
y nada hay muerto en ti, olmo gigantea
Tus hojas tan pequeñas me enternecen,
te aniñan, te disculpan
de los brutales troncos de tus ramas.
Las hojas que resbalan por tu rostro
parecen el espejo de mi llanto,
parecen las palabras cariñosas
que me sabrías decir si fueras hombre.
¡Quién como tú pudiera ser tan libre,
con esa libertad lenta y tranquila
con la que así te vas formando!
Tú permaneces, pero te renuevas,
estás bien arraigado, pero creces,
y conquistas el cielo sin derrota,
dueño de tu comienzo y de tus fines.
Si yo tuviera comunicaciones
con las duras raíces ancestrales;
si mis antepasados retorcidos
me retuvieran firmes desde el suelo;
si mis hijos, mis versos y las aves
brotaran de mis brazos extendidos,
como un hermano tuyo me sintiera.
Olmo, dios vegetal, bajo tu sombra,
bajo el rico verdor de tus ideas,
amo tu libertad, que lentamente
sobrepasa los duros horizontes,
y me quejo de mi, tan engañado,
andando suelto para golpearme
contra muros de cárcel y misterio.
Las tinieblas son duras para el hombre.
A VECES LAS MÁS TRISTES
A veces las más tristes realidades
no llegan por mis ojos a mi alma,
ni desvastan con llantos y tormentas
las tierras interiores de mi sueño.
No me dejo apresar por lo aparente,
lo transitorio de esta vida;
sòlo una brisa breve me propaga.
No soy cruel, amigos. Conocedme.
Lo inhumano de mí es que no muero.
SÓLO SÉ QUE ESTOY EN MÍ
Sòlo sé que estoy en mí
y nunca sabré quien soy,
tampoco sé adonde voy
ni hasta cuándo estaré aquí.
Vestido con vida o muerte
o desnudo sin morir,
en los muros de este fuerte
castillo de mi vivir,
o libre por los confines
sepulcrales de los cielos,
desgarrando grises velos,
ignorante de mis fines,
no sé qué cárcel espera
ni la libertad que ansío,
ni a qué sueño dará el río
de mi